Un malpaso para una editorial de culto

Javier Navia
Javier Navia LA NACION
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26 de agosto de 2018  

En México señalan que la fortuna de Bernardo Domínguez Cereceres comenzó a levantarse sobre las ruinas del gran terremoto de 1985. Dueño de una de las mayores empresas constructoras del país, efectivamente su fortuna y poder se fraguaron junto al cemento que volvió a poner de pie el devastado Distrito Federal, aunque en pocos años su firma, DSC, se convirtió en un conglomerado de 87 empresas, ya no solo dedicadas a la construcción, sino también a rubros tan diversos como la hotelería o el cultivo de eucaliptos. Sin embargo, fue el creciente interés de Domínguez Cereceres por algunos medios y casas editoriales, que adquiría para luego desprenderse de ellas, lo que llamó la atención de la prensa. También esas extrañas operaciones despertaron la curiosidad de la Justicia, que lo encarceló en 1999 acusándolo de blanqueo de capitales, delito que no pudo probarle, por lo que terminó absolviéndolo. "Si alguien quiere lavar dinero, no contrata a 40 personas para montar una editorial", se defendió el empresario.

Sin embargo, los problemas han vuelto para él, esta vez por los manejos de otra editorial que creó, en Barcelona en 2013, y que se convirtió en poco tiempo en una de las más celebradas estrellas del mercado literario a ambos lados del Atlántico: Malpaso. Con lujosas y exquisitas ediciones, poco frecuentes en el mundo editorial actual, y potentes lanzamientos, a menudo arrebatados a las grandes multinacionales del libro a fuerza de divisas, Malpaso es reconocido como un sello de culto, especialmente para los amantes de la música: pagó, por ejemplo, 250.000 euros por los derechos en español de las memorias de Bob Dylan y posee un catálogo único en el género. Además, edita autores como Martin Amis y ha publicado desde la correspondencia de Nelson Mandela y entrevistas inéditas a Federico García Lorca hasta ensayos de Noam Chomsky y crónicas de Martín Caparrós.

Días atrás, un juez español interrogó y excarceló con cautelares a Domínguez Cereceres, ahora investigado por maniobras económicas para ocultar la fortuna del clan Pujol. Le fue retirado el pasaporte, tiene prohibido salir de España y debe presentarse ante la Justicia cada 15 días. Nuevamente pesa sobre él la sospecha del lavado y una editorial que pagaba hasta 10.000 euros de adelanto a autores inéditos pareciera incriminarlo.

La noticia asombró menos al mundo editorial que al financiero: de ser ciertas las acusaciones, lo convertirían probablemente en el lavador de activos más culto y con mejor gusto literario: se sabía que los hoteles y empresas de otro tipo servían idealmente al blanqueo, pero no que una editorial especializada en música podría serlo también. Una ironía, en especial para los argentinos, impactados estos días por las revelaciones de bolsos colmados de dinero negro y maniobras espurias con la obra pública. Al menos Malpaso, además de a los Pujol, le ha hecho un bien a la cultura. Algo imposible de encontrar entre nuestros vernáculos ocultantes de divisas.

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