Guía para sobrevivir a la posverdad

Nora Bär
Nora Bär LA NACION
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24 de agosto de 2018  

De un discutido personaje que durante décadas estuvo ligado al fútbol argentino se cuenta que tenía un anillo con la inscripción "todo pasa", como una especie de recordatorio filosófico ante el torbellino cotidiano de acusaciones y polémicas. Hoy, tal vez ese "todo pasa" debería mutar en "todo cambia". Ocurre que en el tsunami de información que nos arrasa las 24 horas siete días por semana ya casi nada es como era.

La mayoría de nosotros recibe más de lo que puede asimilar y necesita no ya una brújula, sino un GPS de última generación para navegar entre datos contradictorios, verdades a medias y falsedades lisas y llanas.

La semilla de la confusión que germina en este mar de versiones encontradas es la llamada "posverdad", un estilo de comunicación en el que predomina la emoción. Y el GPS mental que puede ayudarnos a vadear el pantano es el pensamiento crítico, que (ya que en la mayoría de los casos no se enseña en los contenidos curriculares corrientes) a esta altura debería estar incluido como materia en el programa de todas las escuelas secundarias.

La carencia extendida de este instrumento crucial inspira el interesante ejercicio que emprende Guadalupe Nogués, bióloga molecular que actualmente se dedica a la educación y la comunicación de la ciencia: Pensar con otros. Evidencias, creencias y posturas, un libro de inminente publicación con sello de El Gato y la Caja.

Nogués acomete la tarea de diseccionar el actual imperio de la posverdad y el terreno fértil que la hace posible con habilidad de orfebre y obsesión de filatelista. Analiza cómo se genera adrede o involuntariamente. Expone cómo es posible identificar qué afirmaciones son consistentes en un bosque de argumentos confusos (es decir, cuáles verdades son "más verdad" que otras). Analiza los sesgos cognitivos y culturales con que nuestro propio cerebro nos tiende trampas. Y, no menos importante, propone estrategias para construir consensos sólidos que permitan avanzar.

El fenómeno no pasaría de ser una anécdota macabra si no fuera porque nuestras creencias sustentan la toma de decisiones en la esfera pública y privada. En este mundo hipercomunicado en el que habitamos, tanto el conocimiento genuino como las verdades amañadas circulan sin barreras. "La información es un bien como cualquier otro -escribe Nogués-, algo que tiene valor, que cambia el mundo y que se intercambia, se compra y se vende".

Guadalupe va planteando paso a paso el problema ayudándonos a entenderlo mediante ejemplos de cómo se tergiversan las evidencias. Uno, entre muchos que analiza, es el de la industria tabacalera, que planificó cómo desarmar los mensajes sobre los daños que causa el consumo de cigarrillos usando aspectos reales de la investigación científica (como que nunca se puede estar 100% seguro de algo) para distorsionar las conclusiones que iban obteniendo diversos estudios. "Es como decir que dado que no es 100% seguro morir si uno se tira de un edificio, entonces no podemos decir que tirarse de un edificio sea mortal -acota-. (...) No buscaban negar lo que se sabía, sino confundir para generar una supuesta controversia, una duda".

Y hace una declaración de principios para tener en cuenta: "Se defiende la verdad, cuando se la conoce, y siendo explícitos y honestos respecto de cuánto se la conoce; a priori, las personas merecen respeto y tienen derecho a expresar sus ideas. Pero con las ideas es distinto: con ellas parto de no respetarlas y tienen que ganarse ese respeto. Si una idea se refiere a temas fácticos para los que hay evidencias, pero los ignora, debe ser desafiada. Al criticar las ideas, separándolas de las personas que las sostienen, las ponemos a prueba y les permitimos pulirse y mejorar, corresponderse más con la realidad". Gran punto de partida.

Por: Nora Bär

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