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Historias que inspiran

Con 16 años impulsó un proyecto solidario formado por más de 30 adolescentes de distintos colegios

Teresa Zolezzi
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25 de agosto de 2018  • 10:12

Hacía tiempo que Joaquín Verdeja, de 16 años, tenía ganas de involucrarse en alguna actividad solidaria pero no sabía bien por dónde arrancar. Hasta que un día, mientras estaba meditando -lo hace diariamente-, visualizó exactamente el proyecto que emprendería.

Recreó en su cabeza cada detalle. Y cuando abrió los ojos, ya no había lugar para la duda: iba a ayudar a niños en situación de vulnerabilidad. Lo que no llegó a vislumbrar fueron a los 30 adolescentes, de entre 15 y 18 años de diferentes colegios, a quienes contagiaría con su entusiasmo y energía.

El primero en apoyarlo y convertirse en cofundador del emprendimiento solidario fue Augusto Vitores, su compañero de clase, de 4° año del Colegio Champagnat. "Le conté la idea a uno de mis mejores amigos para preguntarle si le interesaba y enseguida me respondió: 'hagámoslo' ", recuerda contento Joaquín.

Un adolescente creó un proyecto solidario con 30 chicos de distintos colegios

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Juntos planificaron las acciones del proyecto que bautizaron Undood Argentina, a través del cual realizan actividades sociales y culturales para chicos y recolectan donaciones. "La solidaridad hace que los jóvenes nos movamos. Todo surge más que nada de las ganas de hacer algo por los demás, de conocer otra realidad y de querer aportar para cambiarla", dice Joaquín mientras, en una sala que su colegio les prestó, clasifica juguetes donados que entregarán a los chicos del Hogar de Niños del Milagro, en Pilar. Junto a él hay otros jóvenes de distintas edades, pertenecientes a su misma escuela, que también son voluntarios.

Crédito: Rodrigo Nespolo

Además de los chicos del Champagnat, en pocos meses Joaquín y Augusto lograron sumar a jóvenes de otros colegios, entre algunos de ellos: el Manuel Belgrano, el Jesús María y el Oakhill. En total son 30 adolescentes que en su tiempo libre, fuera del ámbito escolar, colaboran con distintos hogares de niños y llevan donaciones a varias organizaciones sociales.

En el Hogar 26 de julio, ubicado en San Telmo, festejan los cumpleaños de los chicos, organizan talleres de juegos, brindan apoyo escolar una vez por semana y entretienen a los más pequeños con distintos shows de talento protagonizados por magos, payasos y músicos que llevan su arte y su alegría.

Crédito: Rodrigo Nespolo

Más allá de las diferentes edades o del colegio de cada voluntario, en Undood Argentina los une un mismo espíritu y unas ganas arrolladoras de dar lo mejor de sí. "En la secundaria no tenés el estrés de trabajar y disponés de muchísimo tiempo que está bueno aprovechar para darle a otros. En esta etapa, estás armando el camino al que apuntás en tu vida y es cuando podés adquirir la mayor cantidad de vivencias posibles para saber quién sos y quién te gustaría ser en un futuro. Por eso, pienso que es muy lindo a nuestra edad, acercarse a alguna actividad de este tipo", reflexiona Joaquín.

Los jóvenes voluntarios están organizados en distintas comisiones y cada uno tiene un rol asignado. Están los encargados de organizar las actividades infantiles, quienes se ocupan de la difusión en las redes sociales y los responsables de ordenar y clasificar las donaciones. También, existe el equipo de "buscadores" que pasan a buscar las donaciones por distintos lugares y casas, cuando la gente los llama para colaborar con ropa usada, alimentos y juguetes, entre otros.

Lo que Joaquín más disfruta de formar parte de este proyecto es comprobar cómo todos los voluntarios dejan de lado sus cosas para involucrarse y ayudar. También, siente una enorme gratificación al ser testigo de la cara de felicidad de los niños que asisten. "Cuando nosotros recibimos el amor que nos dan los chicos, que ni ben llegamos al hogar corren a abrazarnos, esas son las cosas que más me emocionan. Y, además, compartir este proyecto con amigos es lo mejor que me puede pasar", confiesa el fundador de Undood Argentina.

A su lado se encuentra Augusto que lo escucha atento y siente la misma emoción en poder compartir esta experiencia con su amigo del alma. Para él, este proyecto es una oportunidad para transformar la realidad. "En general existe la visión de que cuando uno es chico no puede hacer mucho, que tenés que esperar a ser grande o que solo los políticos pueden cambiar las problemáticas sociales. Pero en realidad también es nuestra responsabilidad como jóvenes", afirma.

Crédito: Soledad Aznares

Y, para concluir, reflexiona: "Lo más increíble es ver cómo nosotros, empezando de la nada, logramos aportar a la educación de otros chicos, generar una solución y darles el afecto que muchas veces no tienen".

¿Cómo podés colaborar con estos jóvenes solidarios?

Sumate donando útiles escolares, ropa de niños, juguetes o alimentos para los eventos solidarios que organizan.

Es simple, te ponés en contacto con ellos, les contás con qué podés colaborar y en el lugar que te quede cómodo, los jóvenes pasan a retirarlo.

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