Una casa de 1850 en San Antonio de Areco, hogar de una diseñadora de vanguardia

24 de agosto de 2018  

Arquitecta, escenógrafa, diseñadora consagrada y madre de tres, Natalia Géci es tan versátil como sus creaciones. Nómade confesa, recorre con idéntico fervor los pasillos de la Feria del Mueble en Milán y los caminos de tierra que llevan a su casa de Areco.

No es casualidad que algunos de los muebles que creó sean plegables y transportables. Nómades, como dice ella. Natalia estudió Arquitectura en Buenos Aires, donde trabajó como interiorista y escenógrafa; se mudó a París en el 2000 para estudiar Diseño de Producto en la Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas y, desde entonces, no para de viajar. Vivió dos años en la capital francesa, ocho en Londres –donde conoció a su marido– y los últimos nueve en San Antonio de Areco. "Cuando mi hija –hoy la más grande de tres hermanos– tenía 3 años, me dieron ganas de volver a la Argentina. Mi marido accedió, pero sólo si nos íbamos a vivir al campo: para vivir en una ciudad, prefería Londres, me dijo".

Así fue que la pareja compró un campo al que se accede por un camino de tierra que se inunda cuando llueve. Tienen gallinas, caballos y ovejas y cultivan cereales. "A la casa, de 1850, la pusimos casi a nuevo: armamos la instalación eléctrica y replanteamos la distribución completa". Y nunca dejaron de moverse: entre compromisos laborales y visitas a las familias, las mudanzas y estadías en casas temporales se volvieron parte de la rutina.

En el living, sofá negro (Ikea) con almohadones estampados y corderitos, sillones celestes que Natalia le compró a una amiga que se mudaba y mesa de centro de ratán realizada por un mimbrero de Areco. Crédito: Magalí Saberian

"¿Viste cuando cortás un bizcochuelo para ponerle dulce de leche? Bueno, así tuvimos que rellenar nuestra casa, que tenía humedad de cimientos. La obra duró dos años, vivimos 6 meses en un container y después en la casa de huéspedes", cuenta Natalia.

La puerta que daba entrada a la galería se conservó, pero apoyada contra un paño de vidrio fijo, para que el living no se volviera un mero lugar de paso. Por su parte, el flamante piso damero en blanco y negro imprime una cuota de distinción sin desprenderse de la onda campera.

Tanto la mesa con base de cobre y tapa de mármol, como la taza gigantesca que se usa como florero fueron compradas en Europa. Crédito: Magalí Saberian
A la izq., debajo de las macetas, un banco de iglesia que tiene un centenar de años. Estaba en la capilla del pueblo inglés donde vivían los suegros de la diseñadora. Crédito: Magalí Saberian

Mi vida siempre tuvo contradicciones, pero es parte del encanto. Una casa puede tener personalidad pampeana y un interiorismo con acento europeo sin entrar en conflicto
Natalia Géci

"Traje muchos muebles de Inglaterra, de una casa de mis suegros que se incendió. Ellos tenían una colección hermosa de libros antiguos, así que los bomberos no usaron mangueras para no arruinarlos: dejaron que la casa ardiera y salvaron lo que había adentro".

Las puertas originales que estaban en buen estado se conservaron, para lucirse luego en otra ubicación, pintadas de blanco.

En el pasillo que comunica el living con la cocina, perchero del ‘Sistema Lynko’, obra de Natalia, mesa de hierro con tapa de mármol y silla BKF sobre un flamante piso de calcáreos. Crédito: Magalí Saberian
La cocina en forma de ‘L’ se completó con una isla central con canastos de mimbre bajo la mesada. Crédito: Magalí Saberian

El techo con vigas de madera estaba en buen estado: una mínima puesta a punto bastó para que se luzca al descubierto. En un rincón del comedor diario, variante cromada del ‘Sistema Lynko’ creado por la Natalia con marcos de metal y bisagras de madera. La idea fue hacer un producto fácil de transportar y apto para distintos usos: acá, un encantador jardín de interiores.

"Hicimos el mueble de cocina con pino tea que rescatamos de un entrepiso en el galpón. Nos lo armó un carpintero que en una época de la obra vivía directamente en casa".

A la izq., un armario con fondo espejado donde la vajilla inglesa se refleja. Crédito: Magalí Saberian

En el comedor, mesa traída de Londres y sillas y lámparas galponeras compradas en anticuarios locales. En el sector de descanso, sofá blanco con almohadones, sillón de cuero de estilo clásico inglés que mandaron a hacer a pedido de su marido y ‘Mesa baja de encaje’, un diseño de Natalia con base de roble y tapa cortada con láser y laqueada en blanco.

La bowindow de hierro y vidrio también es diseño de Natalia: el borde en amarillo le suma un cálido filtro a la luz natural. A un lado de ésta hay una salamandra.

En el dormitorio principal, la cama baja se coronó con un panel de espejos biselados que duplican el espacio. El perchero pertenece a la serie "Lynko". Crédito: Magalí Saberian
Pintados de gris topo, los postigos atraen sin avasallar. Crédito: Magalí Saberian

Las mesas de luz ‘Stool & boxes’ llevan la firma de Natalia: sobre una base de madera con ranuras que sirve también como banco, se pueden apilar cajas talladas con láser y laqueadas en diferentes colores. Junto a la ventana se aprovechó un nicho para ubicar una biblioteca. Al otro lado, perchero ‘Lynko’ y baúl de viaje que pertenecía a sus suegros.

El piso de pino tea original de los cuartos se completó con tablones rescatados de otros ambientes o de demolición.

“La idea de los muebles nómades la tuve siempre en la cabeza, pero la bajé a tierra hace un par de años, cuando estaba viviendo en un departamento de paso en Londres donde no tenía ni un solo ropero”. Crédito: Magalí Saberian
El acceso desde el jardín es por un lateral de la galería, a través de una puerta de hierro y un corredor flanqueado por papiros. Crédito: Magalí Saberian

"La decisión del macetero con plantas ‘tipo muro’ generó polémica porque tapaba la vista. Pero quería que la pileta tuviera privacidad y estuviera reparada del viento y el polvo. Es un descanso tropical entre tanta pampa".

“La galería techada da la vuelta a toda la casa. Los chicos la adoran: es la pista para las carreras en bici o en patines. Los tres aman la vida de campo, se acostumbraron a la inmensidad para jugar”. Crédito: Magalí Saberian
A la sombra de un árbol, una mesa de hierro calada con centro elevado y sillas a tono: un hallazgo que hizo Natalia recorriendo los locales de antigüedades de San Antonio de Areco. Crédito: Magalí Saberian

El taller de Natalia

Un galpón a 300 metros de la casa se reacondicionó para transformarse en el taller donde Natalia se despliega a sus anchas. Crédito: Magalí Saberian
A los techos altos que dan espacio para almacenar grandes planchones de material, se le sumaron amplios ventanales de vidrio que le permiten trabajar con luz natural hasta altas horas de la tarde y apreciar la vista. Crédito: Magalí Saberian