La obra maestra de Luis Brandoni

Mariana Arias
Mariana Arias PARA LA NACION

Trailer de Mi obra maestra - Fuente: YouTube

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25 de agosto de 2018  • 00:41

Testarudo, gruñón, enfurecido con el lugar que la vida le reservó a sus casi 80 años, Renzo Nervi, un artista en decadencia, que había tenido su éxito en otro tiempo, es el personaje central del film Mi obra maestra (la nueva película de la dupla Duprat-Cohn). El entrañable pintor y el actor que le da vida -un excelso, brillante Luis Brandoni- tienen varios puntos de coincidencia: ambos son hombres combativos, con valores bien claros y con poca tolerancia a la estupidez.

Mi obra maestra es una historia de amistad entre dos hombres que Guillermo Francella -el marchand Arturo Silva- completa con airosa interpretación (la comedia es su ADN). Es un relato que mira con ironía el mundo del arte por quienes lo conocen desde adentro. Con un íntimo entendimiento del ámbito, Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes, hermano de Gastón Duprat, el realizador del filme, desnuda, sin recelo, el esnobismo y la fantasía que envuelve a este universo.

Luis Brandoni empezó a trabajar como actor en el teatro, dice que allí se establece un pacto de buena fe entre los intérpretes y los espectadores. "Es el verdadero templo de las artes escénicas en el que reina una gran complicidad intransferible a ningún otro espacio de ficción", asegura. Sin embargo, el Beto, con su personaje de Renzo Nervi en Mi obra maestra, logra una comunión estrecha también con el espectador de cine. Reír y llorar; angustiarse cuando hace absolutamente todo para quedarse solo; sorprenderse y comprender a ese hombre vulnerable, desprovisto de herramientas para sobrevivir en el tramo final de su vida. Un modo en el que los seres humanos muchas veces nos encontramos indefectiblemente.

"La actuación -según Brandoni-, es un oficio que en el cine necesita de la organización de un equipo para que se haga posible". Un equipo que en este caso logra conjugar con maestría todos los elementos (producción, escenografía, luz, fotografía, guion, actuaciones, maquillaje, montaje) para que ese hombre-actor-pintor sea quien atrapa la atención, quien lleva el hilo de la trama de manera sustancial. Los ensayos (imprescindibles en el teatro, menos habituales en el cine) y la observación fueron dos instancias que se hicieron extremas en esta película y que le permitieron a Luis Brandoni una composición de gran calibre que lo pone, una vez más, en el ojo de la excelencia.

El director de "Mi obra maestra" habló sobre los protagonistas de la película

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Constantin Stanislavsky en su libro Creación de un personaje habla de "el arte de vivir un papel"; se refiere a que la creatividad está en la vida misma y que el actor no es más que un ser humano conjugando sus sentimientos con su capacidad creativa. Sin exhibir, solo expresando, sintiendo. En el arte, el artista puede manifestarse con autonomía, tiene libertad para dibujar, experimentar con colores y pinceladas en el momento que se le ocurre hacerlo. A partir de la comedia, que es una manera subjetiva de pararse frente al material, con un tono y un tempo determinados, este gran actor argentino, que en un tiempo había elegido hacer sólo autores nacionales para ser fiel a lo conocido de su país, este hombre que desde la política, su otra gran pasión, defiende los valores republicanos sin dejarse amedrentar por críticas injustas, ha sabido vivir cada personaje (como pide Stanivslasky) con la ética de sus maestros (Néstor Nocera, Osvaldo Bonet) con ciertas dosis de inquietud, con matices, tocando diferentes notas.

En Mi obra maestra despliega esa carta de colores que el artista de la escena solo tiene si, además de talento, se concede la humildad y comprende que todavía no ha llegado a ningún lado. Es así como puede crear un trabajo magistral que todos los que se acerquen a la platea del cine van a poder apreciar. Un actor-artista definitivamente argentino.

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