Con los Juegos se abren chances más profundas

Francisco Schiavo
Francisco Schiavo LA NACION
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24 de agosto de 2018  • 17:44

Los Juegos Olímpicos de la Juventud encierran mil oportunidades dentro de una. La competencia despliega un abanico deportivo ideal para ratificar que no todo es fútbol, que hay otras disciplinas –serán 36– que también tienen ese magnetismo capaz de entretener y apasionar. Es el momento indicado para difundirlas, entenderlas y adoptarlas. Se acerca la gran fecha: 6 de octubre de 2018. Pero hay tiempo si hay entusiasmo.

La prueba pone en el foco a los jóvenes. La frase tan gastada cobra más sentido que nunca: en ellos está el futuro. Y ellos son los indicados para demostrarlo a la vista del mundo.¬¬¬ Importará ganar, por supuesto. Pero más valioso resultará superarse a sí mismos. Mucho más preciado será desenvolverse con altura y con respeto, y sin trampas ni bravuconadas. El rango irá entre los 14 y los 18 años, hijos y alumnos que esta vez podrán darles una lección a los adultos a través del deporte. Porque la madurez en el deporte, afortunadamente, nada tiene que ver con la edad biológica.

Los más chicos, de los que tanto se habló el domingo pasado, en el Día del niño, estarán en las canchas y en las pistas y medirán sus destrezas. Pero los de afuera también desarrollarán un papel protagónico: padres y entrenadores. A estas alturas, mágicamente, aparece una palabra clave: equilibrio. Las ansias y el instinto llevan al desborde cuando se trata de los seres queridos (¿quién no perdió la calma alguna vez?) y, a veces, los valores transmitidos a lo largo de tantas ocasiones quedan arrumbados en un rincón de la casa. No debe ser fácil alejarse de las presiones y, sobre todo, no contagiarlas. Sin duda, una medalla invisible se pondrá en juego para los acompañantes. La cuestión pasará por ser un poquito mejores. Y los mejores no son los que siempre ganan.

La misma sociedad argentina saldrá enriquecida de estos Juegos si demuestra que puede ser una buena anfitriona en un contexto social delicado. No goza de mucha simpatía en el exterior y ahora, cuando llegan las visitas, de ella dependerá acompañar una fiesta deportiva sin sobresaltos ni cuestiones extrañas; sin picardías ni desbordes. Habrá que resolver con altura los problemas, si es que estos se presentan. Será cuestión de entrelazar los deseos, las intenciones y las actitudes. Casi, casi tan fuerte como los anillos que simbolizan un encuentro único.

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