Sor Liz Murphy: "La Iglesia católica está viviendo su noche más oscura"

Un poster de Francisco en Dublín
Un poster de Francisco en Dublín Fuente: Reuters
Elisabetta Piqué
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24 de agosto de 2018  • 18:13

ROMA.- Suena profundamente preocupada y escéptica la voz en el teléfono de Sor Liz Murphy, secretaria general de todas las órdenes religiosas y misioneras de Irlanda (Amri, por sus siglas en inglés), que estará entre los privilegiados que podrán reunirse mañana con el Papa en el castillo de Dublín, en un encuentro con autoridades, la sociedad civil y el mundo diplomático.

Debido al renovado escándalo de abusos sexuales en el clero, para esta monja de la Congregación de las Hermanas de la Misericordia, la Iglesia católica está viviendo su "noche más oscura", de la que no podrá salir en forma mágica. "Lo que ha pasado es como la crisis del ébola que golpeó a África", dijo Murphy, que es también licenciada en psicología, en una entrevista telefónica con LA NACIÓN.

-¿En qué estado se encuentra la Iglesia en Irlanda?

-Desde que Juan Pablo II vino al país, en 1979, hay una Iglesia muy distinta y un país muy distinto. Ha sido un tiempo muy oscuro y creo que, pensando en las recientes revelaciones desde Estados Unidos, ahora es más que oscuridad los que estamos viviendo: es como la crisis del ébola que sacudió África. Es como una enfermedad que ahora parece ser tan global que uno se pregunta cómo puede ser, una enfermedad que ya no es una herida. Creo que la herida del abuso institucional, la herida del abuso sexual, es ahora sólo una parte de una herida más profunda: es la de una institución que ha quedado muy lejos de sus ideales. Tiene que ver con la crisis de abusos sexuales, pero también tiene que ver con el poder, con el privilegio, con el ocultamiento. Rectificar y superar esto será posible sólo a través, por ejemplo, de las grandes reuniones de personas que vimos estos días en diversas reuniones en Dublín en el marco del Encuentro Mundial de Familias. Pero es estúpido esperar que el papa Francisco venga ahora con un plan estratégico que milagrosamente vaya a curar las heridas. No se trata de curar heridas, sino de curar a un cuerpo herido, algo que no es fácil, sino que necesita de mucho tiempo. Somo una Iglesia enferma y uno de los sacramentos es la unción de los enfermos y lo que salva a la gente es su fe.

-¿Qué le pareció la "Carta al Pueblo de Dios" que escribió el Papa el lunes pasado para volver a condenar los abusos, en la que aseguró que "nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado"?

-Un obispo me dijo que pensaba que Francisco no había escrito esa carta. Me pareció interesante, aunque demasiado formal y demasiado larga, no debería haber sido tan larga y con tantas referencias. Desconozco el origen de esa carta, pero creo que fue muy interesante lo que hizo con las víctimas chilenas, cuando las invitó a Roma, se sentó y habló con ellas. Eso fue muy fuerte, así como fue fuerte que él pudiera decir "me he equivocado". Para mí eso fue increíble.

-¿Qué espera la gente de la visita de Francisco?

-Pienso que hay que diferenciar. Los que fueron víctimas de abusos en el pasado no saben qué esperar porque todavía están muy heridos, y cuando uno está herido, reacciona, y uno reacciona porque no sabe bien en quién confiar. En este grupo de gente herida no importa lo que se espera porque nada va a satisfacer su expectativa. Y lo lamento, esto me apena mucho. Para las personas en general que van a misa todos los domingos, que rezan y que trabajan en las parroquias, esta visita va a ser una confirmación de que su fe no es en vano. Y este es otro grupo. Para los católicos que se encuentran desapegados de la Iglesia, incluso gente de mi familia no muy de acuerdo con la institución, ellos sólo quieren ver al hombre, quieren estar en su presencia. En suma, habrá que ver qué pasa en los diversos grupos. Y es muy, muy difícil todo esto para la gente que ha sido tan herida por personas que el Papa representa, por curas, obispos y cardenales, porque ya no hay confianza. Cuando se rompe la confianza en el alma y en profundidad, no sé si eso podrá alguna vez recuperarse.

-¿Hay mucha bronca en el país?

-Seguro, en el grupo que mencioné antes, que es el grupo que ha sido herido y que, por ello, pienso que se siente excluido. Hay mucha rabia. Pero no sé cuán grande es este grupo porque los medios tienden a focalizarse en él. Creo que es un grupo minoritario, pero cuando miro los números que fueron mencionados en el informe de Pensilvania, en Estados Unidos, obviamente pienso que va a ser más grande.

-El Papa se reunirá con víctimas de abusos ¿qué espera?

-Mi esperanza es que en estos encuentros con personas muy heridas, quizás pueda llorar, pueda abrazarlos, pueda rezar con ellos y pueda bendecirlos. No hacen falta cartas, hacen falta gestos.

-¿Cree que la visita quedará opacada por el escándalo de abusos?

-Primero de todo, como mujer irlandesa, diría que nunca perderemos el don de la bienvenida y de la hospitalidad, ya sea la Reina o el Papa. Sin duda alguna el Papa va a ser recibido cálidamente por la mayoría. A los irlandeses nos gustan las fiestas y seguro habrá en el Phoenix Park, donde mañana domingo celebrará una misa masiva.

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