En Irlanda, el Papa inicia otro viaje de riesgo marcado por los abusos

Fuente: Reuters - Crédito: Hannah McKay
Elisabetta Piqué
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25 de agosto de 2018  

ROMA.- Bajo la sombra de los escándalos de pedofilia, el papa Francisco empieza hoy un difícil viaje de 36 horas a Irlanda . Si bien el objetivo es participar en el Encuentro Mundial de Familias, el espanto de la pedofilia en el clero dominará la visita.

Un reciente informe que reveló que en Pensilvania, Estados Unidos , por lo menos 1000 chicos fueron víctimas de unos 300 sacerdotes en los últimos 70 años, volvió a poner bajo los reflectores de todo el mundo el terrible escándalo de abusos sexuales de menores por parte de religiosos. Es una atrocidad que golpeó especialmente en el siglo pasado a Irlanda, donde hoy reina un clima hostil hacia la Iglesia y se espera que el Papa, que se reunirá con víctimas en Dublín, vuelva a abordar esta cuestión, considerada un talón de Aquiles de su pontificado.

Francisco será el segundo pontífice en pisar "la isla esmeralda", que recibió triunfalmente a Juan Pablo II en 1979. Casi 40 años después, el exarzobispo de Buenos Aires -que estudió inglés en un colegio jesuita de Dublín en 1980- encontrará un panorama dramáticamente distinto en el país.

Debido a las atroces historias de abuso y encubrimiento salidas a la luz en las últimas décadas, muchos irlandeses dejaron la Iglesia y perdieron su fe. Al mismo tiempo, fuertes cambios sociales y económicos provocaron una dura secularización de este pequeño país de 5 millones de habitantes. El actual primer ministro, Leo Varadkar, de origen indio -que hoy recibirá al Papa en el castillo de Dublín-, es gay. Desde 2015 existe el matrimonio homosexual en el país y en mayo pasado un referéndum le dijo masivamente sí al aborto.

Para entender el por qué de este abrupto cambio en la antes muy católica Irlanda, hay que ir hacia atrás. Y recordar que desde que Juan Pablo II visitó al país -independiente del Reino Unido desde 1922 y dividido de su parte norte-, por lo menos cuatro grandes escándalos shockearon a su opinión pública.

En el primero, en 1992, la prensa irlandesa reveló que uno de los obispos más queridos del país, Eamon Casey, un activista social que le dio la bienvenida a Juan Pablo II, había tenido un hijo con una mujer estadounidense en 1974. Casey trató de que ella diera en adopción al chico -algo que la mujer no hizo-, nunca lo vio y quedó obligado a renunciar después de las revelaciones.

En la siguiente, a partir de la década del 90, salió a la luz el abuso sexual y el maltrato de miles de menores por parte de curas y religiosos, y su encubrimiento por parte de obispos y superiores. Esto fue revelado no solo por la prensa irlandesa, sino por investigaciones que hizo el gobierno: el "Ferns Report" sobre abusos en la diócesis homónima (2005); el "Ryan Report" (2009); el "Murphy Report", y el "Cloyne Report" (2011).

Luego, los "Magdalene Laundries", que también fue una famosa película. Esas casas parecidas a prisiones que manejaban monjas para "confinar" mujeres o chicas (un total de 30.000, algunas que habían estado embarazadas) también fueron objeto de investigaciones del gobierno desde 1993. El horror salió a la luz después del hallazgo de tumbas de 155 jóvenes al lado de uno de los lavaderos.

Más cerca en el tiempo se produjo el descubrimiento en 2014 de una fosa común de casi 800 chicos cerca de una casa para madres y bebés que manejaban monjas de Bon Secours, en la pequeña ciudad de Tuam. Los "Mother and baby homes" fueron establecidos en la católica Irlanda al principio del siglo XX para "cuidar" a las jóvenes solteras (la mayoría de familias pobres) que quedaban embarazadas. Se estima que más de 35.000 jóvenes pasaron por ahí, donde murieron 9000 chicos. En la cultura irlandesa de esa época era considerado un escándalo y una vergüenza para toda la familia que una chica quedara embarazada antes de casarse.

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Por este cóctel de escándalos, la imagen de la Iglesia católica quedó totalmente desacreditada. Y grupos de víctimas han organizado manifestaciones en contra de la visita de Francisco, a quien le reclaman más acciones y menos palabras.

En el Vaticano admiten que se trata de un viaje más que "complejo" para Francisco. Algunos lo comparan con el que hizo en enero pasado a Chile, con la diferencia de que en el país sudamericano -donde Francisco, luego de reconocer sus errores, envió al máximo experto en pedofilia del Vaticano-, recién ahora están rodando las cabezas.

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