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Teatro

Edimburgo: el caso de la ciudad que multiplica por siete su población gracias al teatro

Silvina Ajmat
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26 de agosto de 2018  • 20:27

EDIMBURGO.- Sucede todos los agostos: callejones, esquinas, parques, bares, escaleras, cabinas telefónicas color rojo, containers, columnas, motos, carpas, iglesias, el mismísimo Castillo de Edimburgo y toda locación por fuera de esta lista que sea plausible de transformarse en un escenario también es tomada por el teatro durante tres semanas. Agosto significa que el corazón cultural de Escocia está de fiesta porque tienen lugar cinco de los 11 festivales que hacen de Edimburgo la única ciudad del planeta que convoca la misma cantidad de gente que un Mundial de fútbol solo para disfrutar de sus eventos culturales.

Los números son contundentes: según el último informe elaborado para Edinburgh Festivals, la institución que actúa como "paragüas" para hacer dialogar a cada fiesta entre sí y potenciar su producción y realización, los festivales atrajeron 4.5 millones de visitantes en 2015, lo que equivale a nueve veces la población de Edimburgo, censada en 500 mil. De esos, tres millones y medio (siete veces la población de la ciudad) llegan en agosto para participar del Edinburgh Fringe (teatro independiente), del Edinburgh International (teatro, danza y música), y -en menor medida- del Royal Tattoo (desfile de bandas militares), del Festival del Libro o del Festival de Arte, o de todos ellos un poco. Se trata del mayor encuentro de arte del mundo y el impacto en cuanto a infraestructura, turismo y economía es sin dudas inmenso: 300 millones de libras anuales para el país, 5660 puestos de trabajo y un aluvión turístico -el 71% de los que eligen Edimburgo como destino lo hace durante los festivales-. La clave de su funcionamiento es el trabajo en colaboración: los festivales conviven y se retroalimentan. Todos trabajan para coronar a la ciudad con el título de capital cultural y líder en materia de festivales.

OCD Love se presentó en el EIF y recibió la ovación de la crítica. (Foto Regina Brock)
OCD Love se presentó en el EIF y recibió la ovación de la crítica. (Foto Regina Brock) Crédito: Edinburgh Festivals

Para el teatro es la vidriera más masiva y un maremoto de inspiración. Se respira creatividad en cada rincón. Por eso viajó hacia allí una delegación argentina integrada por representantes de todos los circuitos -comercial , independiente (Artei) y oficial- en el marco de dos programas de intercambio destinados a directores, productores, líderes y gestores culturales vinculados a la escena teatral porteña: Ciudad de Festivales, creado e impulsado por el British Council y Cancillería argentina, y Momentum, organizado por el British Council, Creative Scotland (una suerte de Fondo Nacional de las Artes escocés) y Festivales de Edimburgo. El objetivo fue presentar la maquinaria detrás de la organización de los festivales, su diálogo y gestión, principalmente del EIF (Edinburgh International) y Fringe, ambos nacidos en 1947, el primero como el evento oficial de teatro de la ciudad, con una curaduría detrás, y el segundo, como el alternativo, que logró erigirse como el más famoso, masivo y sin preselección.

Crédito: Edinburgh Festivals

Para los delegados argentinos fue además una posibilidad excepcional para medir cómo se vive y nutre el teatro en un destino de ultramar. Si bien es cierto que el circuito independiente porteño mantiene desde hace mucho tiempo una fuerte presencia en festivales como los de Avignon, Berlín, Melbourne, no ha buscado mostrarse con la misma constancia en el Fringe, rotulado como el más grande del mundo: este año batió el récord de 3548 shows en su programación, realizados en 335 locaciones (para poner en perspectiva estos números, Avignon Off, el circuito alternativo del Festival de Avignon, presenta mil espectáculos en cerca de 120 sedes). "Nuestra estructura se sostiene por la llegada masiva de espectáculos. Motivamos que todos vengan porque esa es la esencia del festival", explica a LA NACION Rachel Sanger, Head of Participants del Fringe. Lo cierto es que la única experiencia de una compañía argentina en el festival escocés tuvo un éxito sorprendente: en 2017, Un Poyo Rojo, el espectáculo de teatro físico dirigido por Hermes Gaidon que causó sensación en Buenos Aires durante ocho años, viajó con el apoyo del British Council y consiguió agotar entradas. "En este tipo de festivales se corre mucho la voz de las obras que están buenas. Funciona el boca en boca y para nosotros estuvo genial porque agotamos todas las funciones. El Fringe abre un abanico de posibilidades de trabajo. Es una experiencia que te marca como artista. Se generan puentes para intercambios, también con productores. Son espacios importantes y fundamentales que enriquecen a la cultura de un país", dice sobre su experiencia Luciano Rosso, quien junto a Alfonso Barón protagonizan la pieza que tras el impulso del Fringe sigue de gira: Chile, Uruguay, Perú por estos días, más adelante Francia, España, Finlandia.

Crédito: Edinburgh Festivals

"Desde el teatro comercial estamos acostumbrados a mirar lo que sucede en Broadway o el West End en relación al teatro que producimos o generamos y la verdad que cuando tuve la suerte de estar en 2015 en Edimburgo por primera vez descubrí un nuevo norte. Una zona que no era conocida para los argentinos. Es un gran mercado donde la gente se vende para generar giras internacionales y es un espacio de creación y experimentación. Cuando lo conocí pensé, cómo puede ser que, teniendo un teatro muy reconocido a nivel global, no nos sea fácil el ingreso al Reino Unido", comenta Jon Goransky, director del Teatro Metropolitan Sura. Es su cuarto viaje a los festivales escoceses y fue uno de los responsables detrás de la producción de Un Poyo Rojo en el Fringe. Pasar por Edimburgo en agosto es clave en la búsqueda de material e inspiración: "Ver lo que ocurre en esta ciudad nos inspira a trabajar en conjunto entre sectores o circuitos entendiendo que la mejor manera es poner como objetivo sólo aquellos objetivos que tengamos en común. Pretender tener todo en común para avanzar es negar que los diferentes circuitos teatrales tienen realidades, búsquedas y necesidades diferentes", explica.

El teatro oficial porteño también tiene puentes que trazar con Edimburgo. Jorge Telerman, director del Complejo Teatral Buenos Aires, va todos los años desde hace siete a abrevar en la oferta de los festivales escoceses. Este año, viajó junto al programa Ciudad de Festivales: "Es central seguir alimentando los diálogos y los puentes entre la actividad creativa interna y la internacional, para seguir siendo una potencia en la actividad cultural. Pero también es importante establecer una plataforma permanente para que las producciones del teatro público e independiente puedan tener allí un espacio de intercambio y visibilidad que le vendría muy bien a las posibilidades enormes que tiene la producción argentina, que ya sabemos que despierta interés en todo el mundo".

Desde el circuito comercial apuntan a los festivales como una forma de "abrir mercados": "Por un lado, vamos a ver contenidos globales dispuestos a girar para pensar en traerlos, pero por otro, buscamos llevar contenidos argentinos justamente con la idea de mostrarlos y lograr giras además de prestigio internacional de nuestras artes escénicas", señala Goransky. Coinciden con Telerman en prestar atención al modelo escocés de gestión. "En Escocia piensan en la ciudad, en los festivales, en los efectos secundarios, los efectos urbanísticos, comerciales, la proyección en el exterior, analizan y estudian todo. Es allí donde creo que nos falta. La política cultural ocupa un lugar muy central en las políticas públicas de Escocia. Ese es el punto en el que deberían mirarse nuestros festivales. Para ocupar un lugar más relevante en la ciudad, en términos estratégicos", analiza Telerman. La organización de los festivales hace un estudio exhaustivo de los resultados e impacto de cada uno de los eventos cada cinco años. En este sentido, Paloma Lipovetzky, gestora cultural que actualmente trabaja en el área de internacionalización del Instituto Nacional del Teatro, agrega que el modelo de gestión es lo más "innovador y trascendental" para mirar en los festivales de Edimburgo: "Mantener la rueda en movimiento, con tantos años en vigencia, la idea del hacer sostenido en un mundo tan complejo, con cosas que se interrumpen, por cambios políticos, guerras, y demás... Sostener algo con tanta afluencia de compañías, marca una senda importante respecto del hacer. Hay algo de cómo estudian, analizan, trabajan y piensan. Cómo la cultura crea valor simbólico pero también económico. Organizan los datos para convencer que hay un valor cultural, ponen energía para demostrarlo, y me parece muy importante eso para la escena mundial. La intención de derramar ese conocimiento, como en el programa Momentum, es una muestra de voluntad a contar las posibilidades que da el análisis: si estudiamos cómo nos fue podemos lograr que venga más gente, más plata."

En cuanto a los contenidos, el teatro argentino se para de igual a igual y mira la enorme oferta del Fringe y del EIF con ojo crítico. Producciones consagradas como las del Druid Theatre de Irlanda con una versión exquisita de Esperando a Godot, o el Théâtre des Bouffes du Nord, con Peter Brook en la batuta, que presentó hasta hoy The Prisoner, y Midsummer, producida por el National Theatre of Scotland, no defraudaron. Pero en el hormiguero de obras de todo y para todos, los argentinos saben cuestionarlas, discutirlas y reivindicar su excelencia en el arte performático. "El teatro argentino se caracteriza por ser arriesgado todo el tiempo y hacer con nada. Buenos Aires es un Fringe permanente. Sería injusto decir que no llegamos ahí porque no tenemos plata. Es cierto: estamos lejos, pero arriesgamos y nuestros modelos tienen en muchos aspectos más que enseñar que imitar", defiende Lipovetzky. "La producción local, sin hacer una exageración caprichosa, sigue siendo una producción que puede competir de igual a igual con las grandes capitales de las artes escénicas. En esta oportunidad lo volvimos a ver. Hay cosas geniales que se pueden traer para disfrute del público, espectáculos cuyos creadores puedan formar a los nuestros en sus disciplinas de excelencia. Pero es cierto que la proliferación de un nivel de producción sostenido del teatro independiente argentino podría equipararse a lo que sucede en Edimburgo durante un mes".

En números:

Todos los festivales de agosto:

5 festivales: Edinburgh Fringe, Edinburgh International, Book, Art y Royal Tattoo

3.500.000 espectadores de más de 70 países

313 millones de libras anuales de ganancia para Escocia

5660 nuevos puestos de trabajo

Fringe Festival:

3548 espectáculos

56796 performances

335 escenarios

2.500.000 espectadores

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