Una brújula para Algoritmolandia, ese planeta que habitamos

Gustavo Beliz
Gustavo Beliz PARA LA NACION
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26 de agosto de 2018  

Conscientes o no, somos habitantes de un nuevo planeta: Algoritmolandia. Un mundo en el que la inteligencia artificial (IA) sobre la base de sofisticados algoritmos es capaz de analizar trillones de datos de modo instantáneo y predecir múltiples aspectos de nuestra vida productiva y comunitaria. Un planeta donde máquinas inteligentes, con capacidad de autoaprendizaje, pueden ser el puente hacia nuestro bienestar o nuestra destrucción.

Al menos 21 países, plenamente conscientes de estos riesgos y oportunidades, han lanzado en los últimos 18 meses planes estratégicos de inteligencia artificial.

Naciones tan distantes y heterogéneas como Emiratos Árabes, Kenia o México; grandes potencias como Estados Unidos, Inglaterra y Francia. O España, que creó un consejo de expertos en IA con participación del sector público, el sector privado y la academia.

¿Cómo integrarán esos países la IA a sus economías locales?

Japón aplicará IA para afrontar con nuevas medidas el envejecimiento poblacional; China, para luchar contra la contaminación ambiental y mejorar su eficiencia energética; la India, para recuperar liderazgo en el sector de telecomunicaciones 5G.

Este tipo de enfoques tienen lugar en Canadá, Singapur y Corea del Sur, cada uno según sus necesidades, cubriendo con asfalto tecnológico su propia autopista al futuro.

¿Puede la IA contribuir a mejorar la vida de los argentinos y del resto de los latinoamericanos?

Para responder esta pregunta, convocamos a 40 expertos mundiales en "Algoritmolandia. Inteligencia artificial para una integración predictiva e inclusiva", el nuevo informe del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (Intal) del BID.

Allí se analiza una variedad de casos de estudio con enorme potencial de transformación. En negociaciones comerciales, se están impulsando experiencias piloto a nivel de Mercosur-Canadá para agilizar el análisis de las cláusulas de los convenios y predecir impactos de discusiones arancelarias. En cuanto al financiamiento político, surgen iniciativas en los Estados Unidos para la trazabilidad de los aportes. En el mercado de las commodities, se optimizan hasta en un 300% las capacidades predictivas.

En la Justicia, se resuelven en el foro local porteño expedientes simples en 20 segundos con una tasa de acierto del 96%. En educación, se puede mejorar en Brasil en un 30% el rendimiento escolar con estas herramientas. En medicina, los tratamientos orientados con IA tienen tasas de coincidencia de más del 90% con aquellos instruidos por juntas médicas.

Profesionales locales

En la Argentina, existen más de 100 profesionales altamente especializados en IA impulsando drones para la agricultura de precisión, experiencias de gobierno electrónico para una mejor atención de reclamos, análisis sofisticado de textos legales, administración alimentaria de ganado en tiempo real, control nutricional de viñedos, software para ciudades inteligentes y predicción de esquizofrenia, entre otros.

Asistimos al amanecer de un cambio disruptivo, en que el 80% de los datos globales de la nube no se encuentran aún estructurados, lo cual ofrece una idea de lo mucho que resta por avanzar en este terreno. Este diluvio de innovación es contemporáneo en nuestra región con las tasas más altas de desigualdad y con el 39% de los empleos latinoamericanos -según un índice propio desarrollado en nuestro informe- que presentan un riesgo de ser automatizados. Por eso, y con urgencia, tenemos que diagnosticar no solo los trabajos que corren el riesgo de sufrir profundas mutaciones debido a las máquinas inteligentes, sino también vislumbrar y acelerar la creación de los trabajos y las fábricas-algoritmo del futuro, que convergerán en fenómenos de co-botización crecientes y complejos.

Nada ocurrirá guiado por la magia de un piloto automático. Estamos frente a una revolución industrial 4.0, que requiere también Estados 4.0 para convertir la inteligencia artificial en un nuevo factor de producción inclusivo que tiene la capacidad de incrementar en un 25% el crecimiento de la región en el mediano plazo.

El futuro es ayer. De ahí la importancia de diseñar políticas sostenibles para acelerar este cambio, que contempla múltiples desafíos para diversificar la matriz productiva regional y generar una integración de calidad. Esos desafíos se dan en diferentes aspectos.

Diferentes disciplinas

En materia social y de negociaciones colectivas, la modernización de los sistemas de formación profesional. En la educación formal, el impulso de la especialización en IA como carrera de grado específica, para cubrir una demanda insatisfecha de servicios globales de conocimiento. En gobernanza ética, la necesaria supervisión para que los algoritmos no se conviertan en cajas negras que reproducen discriminaciones o prejuicios. En el plano del gobierno abierto, la aplicación de políticas públicas basadas en evidencia científica, articulando el esfuerzo de academia y empresas, y promoviendo el impulso de una alta gerencia pública experta en esta temática.

Los algoritmos, por más inteligentes que sean, carecen de conciencia. No son capaces de sentir pasión, empatía, solidaridad ni remordimiento, ni la mayoría de las cualidades que nos hacen humanos. Replican la escala de valores que les fue programada sin pensamiento crítico ni vocación de avanzar en una ética superadora. La IA puede ayudar a superar los obstáculos del desarrollo, pero somos los seres humanos quienes, en definitiva, debemos decidir el rumbo. Es el tiempo no solo de la inteligencia artificial como realidad aumentada, sino de la IA como medio para una humanidad aumentada, que mejore vidas.

Atendiendo a sus prioridades y construyendo sobre sus fortalezas, América Latina necesita consolidar una marca regional y una estrategia en inteligencia artificial.

El autor es director del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (Intal) Banco Interamericano de Desarrollo

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