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Cuadernonomics: la corrupción en el laboratorio de eonomistas

En los 90, quienes buscaban estudiar los efectos de los actos ilícitos se toparon con una mina de oro: los Vladivideos de Perú; los escritos de Centeno podrían aportar a esas investigaciones
En los 90, quienes buscaban estudiar los efectos de los actos ilícitos se toparon con una mina de oro: los Vladivideos de Perú; los escritos de Centeno podrían aportar a esas investigaciones Fuente: LA NACION
Sebastián Campanario
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26 de agosto de 2018  

Los estudiosos de la "economía de la corrupción" solían toparse con un obstáculo insalvable a la hora de realizar investigaciones empíricas en los orígenes de esta subdisciplina: por su propia naturaleza de operaciones "en negro" e ilícitas, había muy pocos registros cuantificables para sacar conclusiones a partir de datos de la realidad. Por eso, desde mediados de los 70, con los trabajos pioneros de Gary Becker, el padre de la economía del crimen, y durante dos décadas, la mayor parte de la literatura se concentró en apreciaciones teóricas, de esquemas de incentivos de agentes que evaluaban los costos y los beneficios de delinquir.

Pero esta dinámica cambió en la década del 90 por varios motivos. El más resonante de ellos fue que los economistas se toparon con una "mina de oro" inédita de datos sistematizados sobre corrupción. Y este tesoro académico llegó desde América Latina.

Durante los gobiernos de Alberto Fujimori, Perú estuvo regido con mano de hierro por el jefe del Servicio de Inteligencia Vladimiro Montesinos. En lo formal, durante esos años Perú tenía mecanismos democráticos que incluían una Constitución, partidos políticos, elecciones, salvaguardas para el Poder Judicial y una prensa libre.

Con un plan sistemático de sobornos, Montesinos logró subvertir ese orden. Con una particularidad: el jefe de inteligencia peruano llevaba un registro muy meticuloso de todas las transacciones ilegales que realizaba. Hasta les pedía un recibo a las personas con las que trataba y filmaba sus conversaciones.

Esta evidencia les permitió a John McMillan y Pablo Zoido publicar un trabajo legendario y seminal en el Journal of Economic Perspectives, donde analizaron los recibos de sobornos que trazaron una radiografía de la corrupción fujimorista, que incluyó a los políticos, al poder judicial y a los medios de comunicación (fundamentalmente, a los dueños de canales de TV).

"Fue un estudio fascinante", dice a LA NACION Sebastián Galiani, exviceministro de Economía y actualmente profesor e investigador en la Universidad de Maryland. Al igual que con los Vladivideos, los cuadernos de Centeno revelados hace un mes por el periodista Diego Cabot y un equipo de investigación de LA NACION pueden generar decenas de investigaciones académicas en el campo de economía de la corrupción y también de "medianomics" (economía de la atención o de los medios).

"Hay una primera línea interesante que tiene que ver con los incentivos: los cuadernos pueden decir A o B, pero en sí mismos no son pruebas. Es la ley del arrepentido lo que dispara las confesiones. Una investigación interesante sería ver cuánto de nuevo hay en los cuadernos vis a vis todo lo que se dijo antes de la ley del arrepentido. Al final, esto muestra la importancia de la división de poderes y las buenas leyes", plantea Galiani. Y agrega: "Otro estudio interesante sería mirar el valor de las acciones de las empresas que aparecen en los cuadernos. ¿Subieron durante el período K? ¿Bajaron ahora o ya habían caído porque ya no hay corrupción?".

Si bien el estudio de Zoido y McMillan fue uno de los más impactantes sobre economía de la corrupción, lo cierto es que en las últimas dos décadas aparecieron infinidad de refinaciones metodológicas para medir el fenómeno, que no dependen de evidencias tan obvias como los Vladivideos o los cuadernos de Centeno. Consultados para este artículo, Verónica Rapoport, profesora de la London School of Economics (LSE) e Iván Werning, profesor del MIT, refirieron de entrada al estudio de Benjamin Olken y Rohini Pande, "Corrupción en países en desarrollo", que hace una revisión de distintas maneras de medir y caracterizar este fenómeno.

"Dada la variedad, magnitud, sistematización y documentación del robo del gobierno anterior se podrían usar casi todas las metodologías descriptas en el trabajo de Olken para estimar aquí el verdadero costo de la corrupción", explica Rapoport.

La documentación directa, como los Vladivideos o los cuadernos de Centeno son casos extremos y difíciles de encontrar. Olken y Barron lo trabajaron en 2009 con coimas registradas de policías en la ruta a camioneros, y Sequeira y Djankov, con sobornos a despachantes de aduana en 2010. Otra forma de medición -la que hoy usa el Banco Mundial, por caso- es comparar el precio de prestaciones de una firma contratada bajo un régimen corrupto versus uno no corrupto. En la Argentina, sigue la economista de la LSE, esto se puede medir con la baja del precio en dólares por kilómetro de ruta en vialidad o con las licitaciones del PAMI.

Hay una tercera avenida de investigaciones que van al punto que señalaba Galiani: ver la valuación financiera que hace el mercado de empresas "con acceso a favores políticos". Hay papers al respecto para el precio de firmas antes y después de la caída de Suharto en Indonesia, o de Collor de Mello en Brasil.

Caja de Pandora académica

El problema con todas estas metodologías, según coinciden los economistas consultados, es que seguramente subestiman el verdadero costo de la corrupción, que va más allá de los sobreprecios e incluye la generación de un entorno de no competencia, cartelización, distorsión en el acceso y acumulación del capital, falta de incentivos para innovar e invertir, etcétera. Este impacto en el desarrollo económico, la productividad y el crecimiento es más difícil de medir, aunque ya hay algunos trabajos incipientes que atacan este flanco con comparaciones entre distintos países.

"Creo que un próximo desafío en la Argentina es extender investigaciones más a nivel micro de la corrupción -policías, intendencias, etcétera", plantea Werning. Estos estudios abundan en el exterior, pero son muy escasos a nivel local.

El caso de los Vladivideos, apunta Galiani, involucró un costado interesante de "Medianomics": a Montesinos le resultó mucho más difícil (y caro) sobornar a los canales de TV que a legisladores y jueces. Por la información aportada por los precios, este trabajo académico, dice Galiani, "demostró empíricamente la importancia de la prensa independiente como mecanismo de control de los gobiernos: los medios de comunicación masiva son uno de los mecanismos de pesos y contrapesos más importantes en un sistema democrático".

En Estados Unidos abundan los estudios que correlacionan cobertura periodística de calidad con indicadores de sociedad civil. Sam Schulhofer-Wohl y Miguel Garrido, ambos de Princeton, descubrieron que tras el cierre del Cincinnati Post el 1º de enero de 2007 se verificó un deterioro estadísticamente significativo en indicadores de participación civil donde el Post tenía cobertura: bajó la cantidad de votantes en las elecciones comunales, hubo menos candidatos y más posibilidades de reelección.

La desaparición paulatina del modelo de "dos diarios" (matutino y vespertino) en el último siglo se convirtió en un "experimento natural" para medir qué pasa con variables de la sociedad civil. Jim Snyder, del MIT, y el economista David Stramberg, de la Universidad de Estocolmo, concluyeron, por ejemplo, que los legisladores que reciben mucha atención mediática asisten a más sesiones, se comprometen más con las comisiones parlamentarias y tienden a votar menos alineados con las órdenes de sus respectivos partidos.

Si el Gloriagate ya adquirió una dinámica propia con efectos imprevisibles en el terreno de la política y de los negocios, una caja de Pandora similar puede haberse abierto en el campo de la economía académica.

sebacampanario@gmail.com

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