Es campeona mundial y da clases gratuitas de Taekwondo a chicos de bajos recursos

Crédito: Ignacio Sánchez
Alejandro Gorenstein
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25 de agosto de 2018  • 20:44

En el currículum de Patricia Garelik (40) figura, entre otras cosas, que es quíntuple campeona mundial de Taekwondo y es reconocida como una de las mejores competidoras de la historia por la International Taekwondo Federation. Sin embargo, una de las cosas que más la llenan de orgullo es haber creado Taekwon-do Solidario, un emprendimiento que se propone acercar esta disciplina a chicos de bajos recursos en forma gratuita.

En diciembre de 2015 un profesor la invitó a conocer a unos niños y jóvenes que estaban aprendiendo ese arte marcial en un barrio carenciado en Laferrere, partido de La Matanza. "Cuando fui, me encontré con más de 40 alumnos con toda la garra, pero que practicaban sin dobok [ropa de práctica] en un piso de carpeta que les lijaba los pies y en un club que se venía abajo. Me conmovieron y pensé en la posibilidad de hacer algo. Suponía que esas pequeñas cosas les podían dar esperanzas para soñar con ser mejores", recuerda Garelik.

Justo venía el campeonato panamericano de Taekwondo 2016 en Buenos Aires y ella pensó que era una gran oportunidad para pedir ayuda a la comunidad. Entonces, armó un grupo de Facebook llamado Taekwon-do Solidario, juntó 120 dobok usados y una empresa donó 90 nuevos.

A partir de ese momento, Garelik empezó a buscar otros comedores para replicar el proyecto. Hoy hay clases en 10 sedes, repartidas entre el gran Buenos Aires y algunas provincias del interior, en las que participan más de 200 chicos.

Crédito: Ignacio Sánchez

Se desarrollan en comedores, clubes, sociedades de fomento o espacios al aire libre, una o dos veces por semana. Todos los profesores trabajan ad-honorem.

Uno de esos sitios es el comedor "Los Patoncitos" de Quilmes, que desde hace 10 años les da de cenar tres veces por semana a 85 niños. Ese sábado hace mucho frío, pero eso no les importa a los casi 30 chicos y chicas, de entre 5 y 14 años, que están formados en dos filas en la puerta del comedor, para caminar una cuadra hasta la Ribera de Quilmes para la clase. La mayoría son cinturón amarillo, otros blanco y algunos verde.

Se mueven hacia un costado y luego realizan patadas, movimientos que repiten 10 veces. Después, cambian de guardia (con la mano izquierda hacia delante y la derecha atrás, o al revés). Mientras, los padres miran y toman fotos.

Una de las más entusiastas es Camila Rodríguez (14) que hace seis meses que practica este arte marcial y, como es una de las más grandes de la clase, también colabora en la coordinación de los chiquitos. "Lo que más me gusta es el compañerismo y las lecciones orales que nos toman sobre qué significa el Taekwondo y sus principios. Yo pasé a punta amarilla porque antes fui a otros clubes, estoy decidida a recibirme de cinturón negro y poder dedicarme con profesionalismo a este deporte", dice Camila.

Crédito: Ignacio Sánchez

Según Samantha, una de sus profesoras, Ian Sabao (9) es el especialista en patadas del grupo. "Practico mucho, por eso me sale muy bien. Lo que más me gusta es el arte de las piñas y las patadas y poder participar en los torneos", expresa Ian, tímidamente.

En el Taekwondo, explica Garelik, se enseñan valores, se hace hincapié en una filosofía de ser buena persona, ayudar a los mayores y servir a la comunidad. Esto se transmite cada clase a través de los principios de este deporte: cortesía, integridad, perseverancia, autocontrol y espíritu indomable.

"Tengo muchas satisfacciones. Se vuelven más educados y empiezan a venir más prolijos. Hay cambios increíbles en pocos meses", cuenta Garelik, orgullosa. También señala que empiezan a sentirse más seguros y eso les sube su autoestima, "hecho que es fundamental para saber decir que no cuando les ofrecen drogas o para salir bien parados frente a situaciones de bullying, acoso y abusos".

Crédito: Ignacio Sánchez

Hace unos meses se realizó un torneo internacional en la Argentina llamado Migthyfist cup, en donde estuvieron presentes seis campeones del mundo de diferentes nacionalidades. "Nosotros fuimos invitados y con mucha emoción llevamos a siete chicos de tres comedores diferentes. Elegimos a los que ya habían logrado tener un nivel competitivo. El resultado fue increíble: ganaron 10 medallas. Fueron premiados en el podio por los campeones del mundo y lo mejor de todo es que ninguno se lastimó", recuerda Garelik.

Después de una hora de ejercicios, vuelven a formar, repasan los cinco principios de este deporte con algunos ejemplos y saludan de a uno a los profesores. "Todo lo que vieron hoy, hay que practicarlo en la semana para que salga mejor", culmina Garelik.

El proyecto se sustenta con donaciones. Quienes puedan colaborar pueden visitar la página de Facebook Taekwon-do Solidario. Necesitan: comida, ropa, doboks (ropa de práctica), guantes de boxeo, zapatillas comunes y piso de goma.

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