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La media maratón de Buenos Aires: el etíope Mosinet Geremew batió el récord de los 21K, en una carrera que tuvo más de 20 mil atletas

Crédito: Patricio Pidal / AFV
Ezequiel Brahim
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26 de agosto de 2018  • 09:54

El despertador rompe la madrugada, son las 4:45 del domingo en Pilar y Daiana Ocampo abre un ojo, por unos segundos le cuesta abrir el otro. Pero recuerda lo que estuvo soñando, el mismo sueño de todas las últimas noches, ahí se levanta de un salto: hoy es el día. Ya había dejado toda la ropa lista el día anterior, no solo la de competir, sino también la de Amparo, su hija de dos años. Se suben al auto con su esposo Damián y en 45 minutos ya están en Figueroa Alcorta y Monroe. No es la única, otros ya han llegado, y antes de las 7:30 serán más de veinte mil personas. Todos tienen dos cosas en común, van a largar el Medio Maratón de Buenos Aires y les apasiona correr.

La trigésima edición de la carrera que pone a la ciudad en el mapa mundial de running se presentaba con un clima impecable. Sol, fresco, sin humedad. Es el evento más convocante de Sur América y está dentro del top ten mundial con ciudades como Berlín, Nueva York y París. Allí se fusionan los mejores corredores africanos del momento, extranjeros que vienen a correr y pasear, la elite argentina que pelea por el Campeonato Nacional y los amateurs que corren con sus propias metas. Pero todos, todos, tienen una historia especial para contar. Y solas irán surgiendo a la largo de los 21.095 metros que recorren la ciudad mientras se despierta del domingo.

Vista relámpago

Raúl del Castillo es de Córdoba, tiene 55 años y trota para entrar en calor, falta poco para la largada a las 7:30. Será su doceava experiencia en esta carrera. Llegó con su esposa a Buenos Aires el sábado a las 6:30 y se vuelven el domingo a las 21:00hs. Un día y medio le alcanza para cumplir su cometido: "la adrenalina que generan 20.000 personas es única", asegura este cordobés que se inicio en los trotes a los 40 años, "de grande empecé, pero sé que nunca es tarde". Aunque en realidad sí se hace tarde, faltan dos minutos, el sol despunta por el lado del río y ya está todo listo. La mayor cantidad de corredores del subcontinente se larga por la avenida rumbo al centro de la ciudad.

Por el mundo en una silla

Alejandro Maldonado parte en punta, empuja y empuja con sus brazos como pistones los aros de su silla de ruedas. Tiene 41 años, estuvo seis retirado de la actividad, llegó a engordar 25 kilos, pero rodando a más de 20 km/h, eso no se le nota. "Un día me dije basta, no puedo seguir así. Si yo corro con la silla desde los 11 años. Así que vendí mi negocio y volví a la competencia". Alejandro nació con artrogrifosis y en esa misma silla llegó a competir en dos Juegos Paraolímpicos. "Ahora volví para estar en el tercero, quiero llegar a Tokio 2020, a mi edad quizás sea el último". Así allá va Maldonado. Aunque ahora sobre el asfalto porteño va hacia la victoria, ganó con contundencia en su especialidad.

Corriendo contra reloj

Otra que va en punta, al menos a la cabeza de las mujeres argentinas, es María Luz Tesuri. Y no es poca cosa, está en juego el Campeonato Nacional. Es una de las grandes candidatas, viene de vencer hace tres semanas en los 15K de New Balance, una carrera de gran nivel y antesala de este medio maratón. "No vengo a correr para ganar, el objetivo es bajar mi marca", declaraba en la previa. Pero por ahora, de paso, va ganando. Veremos, hay mucha carrera por delante aún.

Destino alemán

Florian Golgik tiene 29 años y corre mezclado en entre la multitud. Es de Berlín, ciudad de la maratón más rápida del planeta, la de los records mundiales, pero está disfrutando Buenos Aires a ritmo de carrera. Y está seguro que este domingo es su lugar en el mundo: "es el destino, tenía que estar hoy acá para vivir esto por primera vez", y su sonrisa demuestra que no será la última.

El regreso de una leyenda

María de los Ángeles Peralta tuvo una carrera atlética estupenda, dos Juegos Olímpicos en su historial, múltiples medallas, la tercera mejor marca del historial argentino. Logró todo lo que se podía lograr y luego de competir en Río 2016 se tomo un descanso, quizás para siempre, no lo sabía. Con 39 años podría haber pensado en un retiro con gloria. Pero ahí se la ve, por la mitad de la carrera, peleando como las mejores, en su primera competencia formal después de esa experiencia olímpica, después de ese casi retiro. "Malgor me dijo que estoy para 1h17m, vamos a descubrirlo", contaba en referencia a su entrenador histórico. Anticipamos que cruzó el arco de llegada en 1h17m04s. Cuatro segundos de margen de error. ¿En qué puesto? Eso lo sabremos en un par de kilómetros más.

El desenlace color ébano

Ahora los primeros en llegar son los hombres del este africano. El etíope Mosinet Geremew, ganó el Maratón de Dubai en enero. El keniata Bedan Karoki hizo lo mismo en el medio maratón de Ras al Khaimah. Sus marcas aún no fueron superadas este año por ningún mortal. Pero la llegada se acerca a ritmo de record de circuito y uno solo puede ganar.

Karoki, dueño de la cuarta mejor marca de medio maratón de la historia tira toda su chapa sobre el asfalto, no es poca cosa, solo tres hombres lograron alguna vez correr más rápido. Pero en Buenos Aires, por dos segundos, no le alcanzó.

Mosinet Geremew, el único etíope que accedería al podio se lleva la carrera, con un registro de otro planeta: 59m48. Nadie corrió nunca tan rápido en suelo americano. El resto fue todo para Kenia, Karoki segundo y Lawrence Cherono. Las tres keniatas fueron: Vivian Jerono, Mercy Jerotich y Esther Chesang. Un podio color ébano.

La batalla de los argentinos

Tres argentinos apelotonados a falta de tres kilómetros para tres lugares el podio. Mariano Mastromarino, 36 años, olímpico, medalla de bronce panamericana, mira para un costado, lo ve a Julián Molina, 25 años, para el otro, Eulalio Muñoz, 23 años. Más de una década de vida los separan y apenas unos centímetros en el asfalto. Falta dos kilómetros y medio para la llegada y Mastromarino no duda, "si no pego el cambio acá estos pibes me matan en el sprint", piensa y se marcha adelante.

Molina aguanta, Muñoz se queda a rezagado, pero un poco no tanto. Faltan un kilómetro, el trío se vuelve a agrupar. Muñoz mira para el costado y lo ve a Molina, piensa "este es pistero, si no cambio ahora no tengo chance", en los 500 metros finales cambia el ritmo y se va en punta.

Pero Molina aguanta, aguanta y piensa "no llega, no va a poder sostener hasta final". No se equivoca, fue el más paciente y a 150 metros de la llegada sólo pensó: "ahora sí". Y tira su última carta, acelera y se escapa para consagrarse Campeón Nacional con 1h04m18s. Cuatro segundos después Muñoz, dos más atrás Mariano Mastromarino completa el podio. Ahora Mariano, 36 años, repasa la carrera: "son muy jóvenes, me cagaron, pero deja tranquilo, a esta edad metí mi mejor marca en medio maratón y confío en correr bien los 42k en cuatro semanas". No solo confía, sino que pocas horas más tarde se tomaría un avión a Cachi para entrenar otras tres semanas más en la altura y sumarle kilómetros a esa confianza.

La lección final de las damas.

¿Recuerdan ese despertador que sonó a las 4:45? Fue Daiana Ocampo la que lo apagó. La misma que alcanzó a la puntera, María Luz Tesuri en el kilómetro 18. Esperó mil metros más a la par y luego se fue sola a la victoria. "Solo pensé en dejar todo desde ahí hasta la llegada", recuerda Ocampo y celebra haber hecho madrugar a toda su familia. "Mañana Amparo, mi hija, cumple dos años, hoy le gané el regalo". Detrás Tesuri la escolta conforme "quería bajar mi marca, eso hice y es lo más importante". 1h14m04s para Ocampo, 43 segundos después Tesuri y Mariela Ortiz completando el podio con 1h17m03s. Demostrando Ortiz que si Mastromarino se ve ya grande, ella con 43 años aún tiene mucho para enseñarles.

Poco más de veintiún kilómetros. Poco más de veinte mil corredores. Mucho más de veinte mil historias, en un Medio Maratón de Buenos Aires que quedará plasmado en la memoria.

Falleció una atleta. La nota triste de la jornada fue el fallecimiento -por un paro cardíaco- de un corredor, poco después de la largada. Osvaldo Carrizo, santafesino de 55 años, se desvaneció a la altura del kilómetro 4.

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