Fútbol sin arcos: el contexto de la Superliga exige agudizar el ingenio y potenciar las sociedades

Christian Leblebidjian
Crédito: Fabián Marelli
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26 de agosto de 2018  • 23:59

Fútbol sin arcos, pocos goles. La Superliga parece no haber arrancado. La cifra llama la atención: 17 de los 36 partidos que se disputaron hasta ahora terminaron 0-0 (7 de ellos) o 1-0 (diez de ellos). Un solo equipo hizo tres goles en el mismo encuentro: Racing, ante Patronato, en Paraná. El único que logró ganar por tres tantos de diferencia.

¿Por qué tan pocos festejos? Hay una lectura positiva dentro de la estadística negativa y está relacionada a las buenas (algunas muy buenas) actuaciones de los arqueros. Los casos más notorios, los de César Rigamonti (Belgrano) ante River en el Monumental; Andrada (Boca) ante Talleres; el propio Herrera, con mucha personalidad, velocidad de piernas y reacción en la T; Jeremías Ledesma (Central), Roberto Ramírez (Godoy Cruz), Leonardo Burian (Colón) y Marcos Díaz (Huracán), también la imbatibilidad de Franco Armani, que suma 890 minutos sin ser vulnerado, el N° 1 en transmisión de sensación de seguridad hacia sus defensores. Algunos ejemplos. Hay más.

Pero también tiene que ver con un contexto argentino en donde los espacios son cada vez más difíciles de encontrar, donde los rivales presionan en bloque y dejando todo en cada pelota dividida. Cuando los entrenadores definen al torneo argentino como "competitivo", apuntan en esa dirección: ven que "cualquiera le puede ganar a cualquiera". La "paridad" muchas veces también está marcada por los malos campos de juego o las falencias técnicas, tácticas o estratégicas de los que más tienen para desnivelar, para entregar una idea de juego que no dependa tanto de la jerarquía de sus individualidades.

Boca, ante Huracán, dispuso de un 4-3-3. Y los cambios que hizo Guillermo Barros Schelotto fueron pensando en ganar. Pero el fútbol no es una ecuación simple y poner futbolistas de buen pie y ofensivos no garantizan el triunfo. Ante Huracán, el tridente estuvo compuesto por Villa, Zárate y Pavón, pero el xeneize nunca marcó diferencias desde la velocidad. ¿Por qué? Porque tenía velocidad en las piernas, pero no en la toma de decisiones; la transición en la zona de volantes fue tan lenta que nunca sorprendió a Huracán.

River frente a Belgrano terminó jugando con cuatro delanteros (3-3-4): De la Cruz, Pratto, Borré y Pity Martínez. Empujó y generó, trasformó en figura a Rigamonti pero también pagó la falta de eficacia. Remató ¡26! veces, pero solo 7 fueron en dirección al arco. Hay más equipos con estilos ofensivos, pero para hacer goles no alcanza solo con tener ganas de atacar. El fútbol exige agudizar el ingenio desde el entendimiento entre sus intérpretes (para generar más sociedades), potenciar las gambetas y aumentar los "factores sorpresa". Cada vez más.

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