Así fue el inesperado final de la serie de Amy Adams, Sharp Objects

Camille y una de sus muchas visitas al bar de Wind Gap
Camille y una de sus muchas visitas al bar de Wind Gap
Martín Fernández Cruz
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27 de agosto de 2018  • 09:38

Luego de ocho episodios, la historia de Camille ( Amy Adams ) llegó a su final. El viaje de la periodista a Wind Gap para cubrir el asesinato de dos adolescentes tuvo consecuencias inesperadas, que incluso le permitieron desentrañar un rompecabezas que la persiguió desde su infancia. En ese camino, la protagonista pudo finalmente descubrir qué clase de persona fue su madre y en quién se convertirá su media hermana. Atención, ¡esta nota tiene spoilers!

Curar para matar

Camille junto al detective Willis, su compañero y amante.
Camille junto al detective Willis, su compañero y amante.

En el final de "Falling", el séptimo episodio de Sharp Objects , Camille dedujo cómo murió su hermana Marian y la responsabilidad que su madre Adora (Patricia Clarkson) tuvo en esa situación. Preocupada por el destino de su medio hermana Amma (Eliza Scanlen), la protagonista pone en peligro su vida y queda encerrada en la trampa de su madre. Mientras tanto, el agente Richard Willis (Chris Messina) desconfía cada vez más de John Keene (Taylor John Smith) por el asesinato de las jóvenes, pero no puede hacer entrar en razones al jefe de policías Bill Vickery (Matt Craven).

Adora siente que tiene la situación bajo control y suministrándoles un remedio casero que lejos de sanar, mata, la mujer tiene a sus hijas bajo su yugo. Pero lo que desconoce, es que Camille ya descubrió la verdad. La periodista pudo deducir que su propia madre fue la responsable en la muerte de su hermana y que el mismo modus operandi busca repetir con ella y con Amma. En tanto, para el agente Willis algo está fuera de lugar y la repentina ausencia de Camille se lo corrobora. Preocupado, el hombre va a la casa familiar solo para que le cierren la puerta en la cara. Pero cuando la situación parece irreversible, el jefe de la protagonista irrumpe acompañado de la policía y allí los agentes no solo confirman que Adora estaba matando a sus hijas con un medicamento casero sino que incluso también había sido la responsable del asesinato de Ann y Natalie.

Con el crimen resuelto, Camille decide llevarse a Amma a vivir a la ciudad, alejándola para siempre de Wind Gap. La joven se despide de sus amigas del pueblo y rápidamente encuentra en el departamento de su hermana otra atmósfera. Adora, por su parte, está en prisión por el asesinato de las dos jóvenes y por la tentativa de homicidio de sus dos hijas. Mientras tanto, poco a poco, Amma empieza a vivir una rutina mucho más saludable. En su nuevo hogar conoce a distintas personas, se hace amiga de Mae, una vecina del mismo edificio, y puede hablar con su hermana con total transparencia. Pero todo termina intempestivamente cuando Camille descubre accidentalmente una brutal verdad: Amma fue la asesina de Anne y Natalie y no su madre.

Una última vuelta de tuerca

El trailer de la serie de Amy Adams "Sharp Objects" - Fuente: Youtube

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Al agente Willis lo obsesionaba un detalle en el homicidio de las jóvenes y era por qué le habían arrancado los dientes a las víctimas. Eso le quitaba el sueño y es ese mismo detalle el que le permite a Camille descubrir, una vez más, que una mujer de su familia había cometido un asesinato (o más de uno). En la última escena, la protagonista observa un diente camuflado en la casa de muñecas con la que tanto jugaba su hermana y así encuentra que una de las habitaciones del juguete, escondía en su interior los dientes de las chicas muertas en Wind Gap. Camille comprende todo en un instante y en ese momento entra en la habitación su hermana, que no puede decir más que una sola frase: "No se lo digas a mamá".

El momento de esta revelación se presenta como una vuelta de tuerca que si bien es impredecible, sí había mostrado en el pasado algunos indicios. La actitud de Amma a lo largo de toda la historia siempre fue ambigua y su relación con los adultos e incluso con su propia hermana no era nunca transparente. Ella sentía una evidente fascinación por la violencia, por los lugares destruidos y por desafiar a cualquier tipo de autoridad. En la novela original de Gillian Flynn, se explicita que ante una madre que extendía su presencia por todo el pueblo y que irremediablemente contaminaba la vida de todas sus hijas, Amma encontró refugio en el asesinato como vía de escape, como una acción que le daba autonomía en un contexto donde era siempre controlada. Además, sus asesinatos no se circunscribieron a Wind Gap sino que repercutieron en su nueva amistad con Mae, su joven vecina y tercera víctima.

Cuando el episodio termina y comienzan los títulos, hay un breve montaje post créditos en el cual se muestra por primera vez a Amma asesinando a Natalie y Ann, con la complicidad de sus dos amigas del pueblo. El clip presenta una serie de imágenes que se suceden a un ritmo vertiginoso, buscando en el espectador un efecto abrumador como el que sufrió Camille al comprender quién era su media hermana. En esa acumulación de flashes violentos, se muestra también cómo Amma mató a Mae, en un brevísimo plano en el que se ve la mano de la joven afroamericana con sus uñas pintadas, mientras es estrangulada por su nueva vecina.

Mamá por siempre

Las tres generaciones: Adora, Amma y Camille.
Las tres generaciones: Adora, Amma y Camille.

Cuando Adora se declara inocente al comienzo de su juicio, el espectador no puede más que entender esa expresión con cinismo. Ella fue presa por matar a su hija mayor e intentar lo mismo con sus otra dos, pero a ojos de la justicia, la mujer también mató a las adolescentes. Adora cargó de esa manera con tres muertes, cuando solo era responsable de una y ahí se encuentra la justificación del porqué aún estando presa, Amma fue a visitarla y lloró junto a ella. Esa escena se interpreta primero como la sumisión de una hija que nunca pudo ver a su madre como quien realmente era (conflicto que Camille sí logra resolver en el transcurso de la historia), pero conociendo luego la responsabilidad de Amma en la muerte de las otras víctimas, cobra un nuevo significado y se revela como un momento de culpa para la joven, que ve cómo su madre cumple condena por un doble homicidio que no cometió.

En 1941, Alfred Hitchcock estrenó Suspicion, un film sobre un carismático caballero interpretado por Cary Grant, que se casa con una mujer a la que pareciera querer matar a pesar de cuidarla. En una escena, el hombre le sube a su enferma esposa un vaso de leche que podría contener veneno, un momento que remite directamente al espíritu de Adora y esa idea de matar curando. En el último capítulo de Sharp Objects se hace evidente que el corazón de la trama tiene que ver no solo con la dinámica entre Camille y su madre, sino también con cómo la periodista lucha por evitar que Amma sufra lo que sufrió ella. Pero el fracaso de la protagonista es descubrir, recién en el final de la historia, que llegó a Wind Gap cuando todo estaba perdido.

La verdadera Amma aparece en una escena durante los créditos del último episodio.
La verdadera Amma aparece en una escena durante los créditos del último episodio.

La madre interpretada por Clarkson crea en su casa un clima insoportable y sumerge en esa atmósfera de locura a todas las personas que la rodean y ni Camille ni Amma fueron la excepción. Adora es una mujer como la señora Lisbon de Las vírgenes suicidas, de Jeffrey Eugenides, otra oscura madre de la literatura contemporánea, que también condujo a sus hijas hacia un precipicio que en esa novela se tradujo también en muerte. Al igual que la señora Lisbon, Adora domina a sus hijas de forma absoluta. Aunque esté en su casa o en la calle, libre o en prisión, su sombra se proyectará en la vida de ellas y Camille lo sabe. Adora las sumergió en la locura y no podrán escapar.

De esa manera, el final de Sharp Objects se condice con el espíritu de la serie, que lejos de cerrar la historia de forma concreta o proyectando una luz de normalidad en la vida de Camille, indica que sucederá todo lo contrario, y que ella estará destinada a no gozar jamás de un final feliz.

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