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Mascotas

Estaba estresada y sufría ataques de pánico; una perra de la calle la ayudó a salir adelante

Jimena Barrionuevo
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27 de agosto de 2018  • 18:07

"Marian, ¿podés venir a darme una mano por favor? Un perrito lastimado se metió en el local y no sé cómo ayudarlo", le dijo su mamá esa calurosa mañana de diciembre. Siempre había tenido un particular interés por los animales y trataba de colaborar con los grupos y asociaciones de rescate para dar una mano desde su lugar. Y esa mañana Marian siguió su instinto y decidió involucrarse. "Hasta ese día, yo nunca había levantado un perro de la calle; me conmovía verlos e intentaba ayudar desde mi lugar pero nunca había tenido contacto con uno directamente. No sé bien porqué pero ese día, ante el llamado de mi mamá, decidí tomar una actitud diferente: le pedí a mi novio que me acompañara para ir a rescatar a ese animal".

Estaba atravesando un momento delicado en su vida. Aunque con 30 años ya había logrado armar su propia empresa de diseño gráfico, Marian se sentía muy presionada. Trabajaba día y noche, sin horarios ni momentos de descanso para poder cumplir con los plazos y fechas de entregas que le exigían sus clientes. Y ese esquema de trabajo no la estaba haciendo feliz. Por eso, esa mañana de diciembre decidió hacer algo diferente y salir al encuentro de ese perro lastimado.

Cuando llegó al lugar se encontró con una hembra que estaba muy lastimada, tenía todo el cuello y una parte de la cara con sarna. Estaba extremadamente flaca y se notaba que sufría por las altas temperaturas. "Mi mamá la tenía adentro del local con ella -en ese momento alquilaba un local comercial por la zona de Cabildo y Juramento, en el barrio de Belgrano- y no dejaba de repetirme que le había sorprendido la calma de la perra, que la había seguido hasta adentro del local y se había sentado en el fondo, sin molestar, como si supiese que me tenía que esperar a mí. La llevamos al veterinario, empezamos un tratamiento para la sarna y la dejamos descansar, comer y tomar agua. Creo que durante una semana solo dormía, comía y se metía abajo de mi cama", recuerda Marian.

La llamó Frida y nunca imaginó que esa serie de eventos que estaban uniendo su destino al de una perra iba a cambiar por completo su vida. El rescate se transformó en tránsito y el tránsito en un mar de lágrimas que brotaban con el solo hecho de pensar que Frida tendría que irse a otra casa en adopción. Finalmente Marian tomó la decisión: Frida iba a empezar a formar parte de su familia.

Cable a tierra

"La intensidad de la vida diaria, el estrés de vivir en una gran ciudad, o simplemente la vida, me presentaron algunos pequeños desafíos. Comencé a sufrir ataques de pánico y tuve un principio de agorafobia, ese temor obsesivo ante los espacios abiertos o descubiertos. Y aquella perra que esperó que yo fuera a buscarla, iba a tener un rol muy importante en el camino hacia mi bienestar porque fue quien me ayudó a superar el mal momento. Ella fue en todo momento mi cable a tierra y supo conectarme con situaciones que -directa o indirectamente- me sacaron adelante".

En primer lugar Frida ayudó a Marian a salir de su casa, a conectarse con otras personas y poder capitalizar la energía de tranquilidad que la perra naturalmente tenía. "Mi empresa funcionaba desde mi casa, entonces pasaba muchas horas sola frente a la computadora. Como no estaba en un ambiente de oficina, no tenía la posibilidad de vincularme en forma directa con compañeros o empleados, todo era virtual. Frida me calmaba cuando tenía crisis. Me dejaba acariciarla o acostarme a su lado. Incluso hoy, si estoy mal, ella se queda al lado mío calmada, solo estando. Y eso fue así desde el primer día: entre tanta locura, su paz me bajaba a tierra".

El pequeño y enorme vínculo que Marian empezó a construir con Frida la llevó a lugares impensados: trabajó en una escuela de educación canina; después de diez años dejó en pausa su carrera de diseñadora gráfica; viajó a Londres con amigos que generó gracias a Frida, conoció un sinfín de personas (muchos que son amigos) y se mantuvo abierta a un millón de oportunidades que nunca siquiera hubiera imaginado antes de rescatarla a la perra.

Actualmente Marian vive en Luxemburgo con su novio, Frida, Mecha (una gatita que también adoptaron en Argentina). Y asegura que todo el proceso que implicó ese viaje no hubiera sido posible de no haber sido por la compañía de la parte peluda de la familia. "Para mí nunca estuvo en duda, cuando a mi novio le surgió la oportunidad de trabajo acá era venirnos con ellas o no venir, la familia nunca se deja atrás. Y estando acá me doy cuenta de que somos una familia, una familia mixta humana y animal que -a su manera- se ama, se ayuda y se banca en todas. Viviendo acá, ellas nuevamente ayudaron en mi socialización, conocí vecinos con perros, colegas, veterinarios y gente que -aunque no hable el mismo idioma- entiende perfectamente el amor que compartimos por los animales. Y también, me acercaron muchísimo a la naturaleza, aprendimos que siempre es un buen momento para bajar un cambio de la vida diaria, y hacer una caminata en el bosque, o visitar algún arroyito".

Desde ese lugar Marian lleva adelante un perfil de instagram ( @fridaborderhusky) donde cuenta su día a día en diferentes ciudades pet friendly de Europa. "Creo que todos hemos escuchado muchas veces la frase es sólo un perro y a los que vivimos con un perro, puede no gustarnos. Sin embargo, para mí esa frase tiene otra connotación. Sí, es sólo un perro y mirá todo lo que pudo hacer por mí".

La voz del especialista

Marina Rovner es Licenciada en Psicología, Especialista en trastorno de pánico, fobias, crisis de ansiedad y fibromialgia, Magister en Comunicación y Cultura por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Profesora Titular de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). En este audio explica qué es un ataque de pánico, cuáles son los disparadores más frecuentes que lo desencadenan y qué síntomas se presentan cuando ocurre.

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