Cambios en el consorcio: el joven que busca revolucionar la administración de edificios con un servicio premium

Marcos Villanueva
Marcos Villanueva
María Julieta Rumi
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28 de agosto de 2018  • 11:28

Llamar y que no te atiendan. Tenerte semanas o meses esperando la visita de un plomero, gasista o pintor. No rendir los gastos como corresponde. Esos, entre otros destratos, son conductas que critican los propietarios de los administradores de consorcio. Pero Marcos Villanueva , director y fundador del Grupo AM, busca remozar este trabajo venido a menos dando un servicio premium en torres de lujo residenciales y edificios de oficinas, aunque todavía sigue conservando algunas de las propiedades clase B con las que comenzó su negocio hace cinco años.

"No puede ser que los administradores de consorcio no te atiendan y no te den factura. Hay que derribar los tabúes y complejos de la actividad para llevarla a otro nivel: lo que nosotros llamamos Gerenciamiento 2.0. Encontramos un mercado amplio y que no hay una empresa consolidada. Hay una oportunidad de negocio y rentabilidad", afirma Villanueva, de 29 años, en diálogo con LA NACION.

El abogado de la UBA, con especialización en derecho inmobiliario y cursos de Facility Management, reivindica la especialización y dice que los profesionales cobran por sus servicios y no hacen arreglos por afuera con proveedores. En este sentido, dice que sus honorarios son caros, pero luego todo cuesta lo que realmente sale: "Si reparar el ascensor cuesta $5.000, sale $5.000, no $7.000. Hacemos licitaciones de precios y, si los proveedores no son eficientes, recomendamos cambiarlos".

Para todo eso se necesitan recursos. "Siempre decimos que somos administradores, no magos. Sin recursos es difícil el financiamiento. Por eso nos estamos volcando a las torres de lujo residenciales y edificios de oficinas por la posibilidad económica que tienen de pagar los servicios. En los clase A innovamos porque hay presupuesto y se valoran nuestros conocimientos", señala.

La fachada del edificio Tesla II Patricios
La fachada del edificio Tesla II Patricios

Actualmente tiene bajo administración 180.000 metros cuadrados, que equivalen a 24 torres clase A y clase B. Cuenta con 14 empleados y gestiona un presupuesto anual superior a los $200 millones equivalente a las expensas que juntan todos los meses.

Entre las innovaciones, señala muchas relacionadas con el ahorro de energía, como el uso de válvulas de frecuencia para ascensores para que estén siempre prendidos al mínimo y se ahorre el pico de consumo eléctrico cuando los motores pasan de estar parados a arrancar. También menciona la tecnología de pic shaving que están probando en uno de sus edificios, el Tesla Patricios II, para cortar el suministro y pasar al grupo electrógeno cuando se detecta un pico. De esta forma se pagan $1500 por hora por el grupo electrógeno, pero el usuario se ahorra pasarse de categoría ante el prestador del servicio, lo que equivale a meses de facturas de $80.000 o más, según sostiene.

En el Tesla Patricios II también formaron una comunidad llamada Aldea mediante la cual organizan actividades como los Happy Mondays en la que músicos tocan instrumentos en el lobby o ponen barras con jugos détox. También dan clases de entrenamiento funcional, yoga y de chino mandarín una vez al mes.

Por último, un servicio en el que están desembarcando es el de commissioning, que tiene que ver con la puesta en marcha de edificios. "Entre que el desarrollador termina la obra y llegan los clientes, hay alguien que se tiene que hacer cargo de prender todo, de comprar los muebles, de elegir el aromatizador y contratar al personal. Nosotros eso lo vendemos, pero si nos contratan para el gerenciamiento lo damos gratis. La idea es hacer todo a medida y encargarnos de todo lo técnico y estilístico. Es un servicio para desarrolladores que afuera existe, pero aquí no", concluye.

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