Paisaje

Noelia Rivero
Noelia Rivero LA NACION
Crédito: DPA
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28 de agosto de 2018  

El cielo como en descenso, el terreno mullido de gramíneas crecidas impares, la superficie móvil y estriada del agua: todo el paisaje está ondulando. Aun así, en su irregularidad, tierra y nubes guardan cierta reciprocidad, parecen dos párpados a punto de cerrarse. Y antes de entrar en la llanura indistinguible de la noche, con la última luz del día, captan una silueta humana y, detrás de ella, un barco. Entre tanta forma inconstante, el navío, con sus líneas rectas, es el sueño rígido de la civilización, su carrera contra la impermanencia, su afán acopiador. ¿Qué podrá decir el solitario hombre en su defensa? Quizá los versos de T. S. Eliot desanden la soberbia: "¿Me peinaré hacia atrás? ¿Me atreveré a comer un durazno? ¿Llevaré pantalones blancos de franela y andaré por la playa? He oído a las sirenas cantarse unas a otras. No creo que cantasen para mí".

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