Recesión: no solo habrá que pasar el invierno

28 de agosto de 2018  • 02:07

Los alegres pronósticos económicos que lanzaba el gobierno de Mauricio Macri hasta hace menos de un mes ya forman parte del pasado. Han sido sepultados por las últimas estadísticas oficiales, que dieron cuenta de una caída de la actividad del 6,7% en junio -la peor en nueve años- y de una inflación del 3,1% en julio.

Hasta los primeros días de agosto, al cabo de varias semanas de tranquilidad en el mercado cambiario, en la Casa Rosada se apostaba a que la inflación anual de 2018 no iba a superar el 30% y que en el último trimestre de este año la Argentina volvería a crecer. Las últimas dos semanas demostraron que el mercado cambiario está lejos de ser domado por el Banco Central y que la recesión puede prolongarse más de lo esperado.

Hoy las principales consultoras económicas descuentan una caída de la actividad económica del 1 al 1,5% este año y las más optimistas auguran, con no pocas dudas, que la economía no tendrá números positivos antes del segundo trimestre de 2019.

Ya no se trata de pasar solo el invierno, como en junio de 1959 proclamó el ingeniero Alvaro Alsogaray, por entonces ministro de Economía de Arturo Frondizi. Ahora, por lo menos, habrá que pasar el invierno, la primavera y el verano para ver signos de reactivación.

La inquietud que se ha adueñado de los mercados y de los dirigentes del oficialismo es cuándo dejaremos atrás la recesión y se reanudará la etapa de recuperación económica. Pero otras dos preocupaciones suman algunos economistas.

Una de ellas es que, si bien las proyecciones de baja del déficit fiscal para 2018 se vienen cumpliendo, el peso de los intereses de la deuda pública está aumentando fuertemente: un 60% en los primeros siete meses del año.

El segundo dolor de cabeza es que el nivel de consumo y la tasa de actividad económica podrían seguir deteriorándose si no se consigue financiamiento para los programas de participación público-privada (PPP) para las obras públicas. Esta dificultad se ha profundizado desde que un buen número de empresas concesionarias del Estado quedaron involucradas en los cuadernos de las coimas . El Gobierno espera paliar ese problema con el fideicomiso anunciado ayer, que administrará el Estado y será el vehículo intermediario para recibir fondos de entidades bancarias privadas y públicas, y canalizarlos hacia las empresas que realizarán las obras.

La crítica que se escucha es que, a diferencia de lo que se sugiere desde esferas oficiales, no es el escándalo desatado a partir de los cuadernos de la corrupción la principal causa del desfinanciamiento para las obras públicas. La real causa de las dificultades para el financiamiento no sería otra que la propia macroeconomía, con una inflación proyectada del 35% anual, un riesgo país que supera los 700 puntos y un dólar que hasta ayer experimentó un alza del 80% desde principios de diciembre pasado.

Es difícil que pueda haber facilidades de financiamiento para cualquier negocio o actividad con los actuales niveles de inestabilidad cambiaria y de riesgo país.

La pregunta central que ya se hacen muchos dirigentes políticos y empresarios que miran el escenario electoral es cómo medirá la ciudadanía la gestión de Macri de aquí a un año, en vísperas de los comicios presidenciales. ¿La medirá en términos de la cantidad de funcionarios kirchneristas y empresarios detenidos por corrupción o lo hará en función de su bolsillo?

El líder opositor Sergio Massa , ni lerdo ni perezoso, salió a afirmar que "si Macri no cambia el rumbo de la economía, no habrá cuadernos que lo salven". Desde la coalición oficialista Cambiemos replican que si la oposición no se reinventa a sí misma, tampoco habrá crisis económica que pueda salvar a los dirigentes de la oposición.