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Porfolio fotográfico: carniceros de Buenos Aires, por Eduardo Torres

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28 de agosto de 2018  

En Argentina, la carne vacuna puede considerarse como una interesante clave de lectura de nuestra historia. El ingreso del vacuno ganado en el país, hace más de cinco siglos, transformó y estructuró las relaciones políticas, económicas, sociales y culturales. Es por ello que l a figura del carnicero de oficio se ha consolidado como un sujeto histórico fundamental en la construcción de nuestra cotidianidad.

Fuente: Brando - Crédito: Eduardo Torres

Desde finales del siglo pasado, ciertas modificaciones en la forma de comercializar la carne han golpeado de diversos modos las carnicerías de barrio. Hoy se asiste, además, a un cambio de generación: muchos viejos carniceros van abandonando el oficio y están dando paso a los nuevos. Con su alejamiento va desapareciendo una forma de hacer el trabajo. En este pasaje, algunos han logrado transmitir sus conocimientos a sus hijos, asegurándose así la continuidad del negocio familiar y conservando aquel espíritu, que ellos supieron imprimirle.

Fuente: Brando - Crédito: Eduardo Torres

Otro de los ejes de este trabajo es el encuentro, tan naturalizado como extraño, entre el carnicero y la media res. Se trata del desposte. Es la tarea acaso más minuciosa y en la que el profesional demuestra todo su saber. Solos, el uno con el otro. El hombre, respetuoso del animal que tiene enfrente, consciente de que se trata de su sustento, deberá ir siguiendo con el cuchillo las vetas de grasa y los distintos tejidos que separan los diferentes músculos. Solo así, a través de los cortes, la carne será carne para el consumidor.

Fuente: Brando - Crédito: Eduardo Torres

Este ensayo busca expresar el respeto por el oficio de carnicero, por el trabajo artesanal y por un animal: la vaca. Tres elementos que son inescindibles de los hábitos alimentarios de buena parte de los habitantes del territorio argentino.

Fuente: Brando - Crédito: Eduardo Torres

Eduardo Torres

Realizó sus estudios en Argentina y en el exterior, y se especializó en el área gastronómica. Trabajó como fotógrafo de las principales revistas especializadas como El Gourmet y Cuisine&Vins, entre otras.

Ha realizado muestras individuales y colectivas en Buenos Aires, Punta del Este, París y Milán.Eduardo Torres es el fotógrafo de los libros de chefs como Beatriz Chomnalez, Narda Lepes, Donato De Santis, Osvaldo Gross, Pablo Massey, Dolli Irigoyen y Mauro Colagreco, entre otros. También ha realizado varios libros gastronómicos institucionales para distintas empresas.

Además, lidera un estudio de fotografía publicitaria donde realiza campañas para Argentina y el exterior para diversas marcas.

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