Suscriptor digital

Chocorísimo: crecer en un mercado competitivo es posible

Chocorisimo

04:35
Video
(0)
25 de septiembre de 2018  • 15:14

Esteban manejaba una distribuidora de medicamentos genéricos que un buen día vendió, y se quedó sin empresa. Un amigo le ofreció ser parte de su negocio: una fábrica de helados con tres locales. Se asociaron entonces. Y en menos de cuatro años la cadena que comandan alcanza ya los 25 locales y se encuentra en pleno proceso de expansión internacional, en tanto la vieja fábrica mutó en una nueva planta que en pleno parque industrial de Garín cuenta con tecnología solar y equipos de última generación.

Esteban es Esteban Wolf, miembro Vistage desde hace nueve años. Y su cadena de heladerías no es otra que la exitosa Chocorísimo, conocida por acercar al conurbano un producto bueno, riquísimo, en unos locales preciosos y a un precio levemente menor al que parte de la competencia pide para el segmento de mayor poder adquisitivo.

En cuanto a Vistage, hablamos de la organización mundial que impulsa a los números uno de empresas a asesorarse unos a otros en la toma de decisiones a través de reuniones mensuales. De esa forma, y coordinados por un chair que a su vez es un ex número uno de empresa, 12 empresarios líderes comparten sus problemáticas.

"Esteban ya estaba en el grupo cuando tenía la empresa de genéricos, que era enorme y facturaba un montón", recuerda su chair Jorge Campbell. "Y cuando trajo al grupo la idea de comprar una fábrica de helados nos pareció al principio una propuesta chiquita, sin demasiado sex appeal". Por eso el trabajo pasó por escucharlo e intentar desentrañar la potencia de lo que en el fondo constituía toda una visión. "Ya no estábamos hablando de una simple heladería -asegura Campbell-, sino de una cadena enorme y capaz de ofrecer una experiencia muy particular en barrios donde hasta entonces no existía".

Para decidir, para continuar

Cuando hace poco un inversor le ofreció abrir un local en España, Wolf llevó la inquietud al grupo, que terminó recomendándole que lo mejor era esperar. "Esteban -me dijeron- seguí desarrollándote a nivel nacional, y una vez que tengas el modelo bien probado abrí en Uruguay, Bolivia, Paraguay o Perú, antes que dar el salto directo a Europa".

De acuerdo con este emprendedor nato esa es, justamente, parte de la "magia" de Vistage: a veces a uno algo lo entusiasma, pero el grupo, que funciona como una suerte de directorio, sabe preguntar si es el momento profesional y personal y si realmente están dadas las condiciones.

"Mostrame los números, mostrame la inversión, mostrame el retorno', te piden tus compañeros, con lo cual al tomar decisiones te obligás a presentar el caso de una forma tremendamente profesional y detallando todos los ajustes de variables. Un dueño de una pyme, ¿cuándo haría una cosa así para sí mismo? Nunca", marca Esteban y recalca que el grupo lo ordenó, ayudándolo a descubrir la mejor forma de presentar sus casos críticos.

Pero la propia dinámica logra todavía más, porque permite a cada miembro escuchar los casos que presentan otros líderes empresarios, así como hacer aportes y nutrirse a la vez de las respuestas que el resto de los compañeros le brindan. "Cuando empezás a prestar atención a todo eso te das cuenta de que muchos de esos consejos te van directo a vos", relata Wolf, que concluye explicando que el compromiso con el grupo resulta crucial.

"Todos mis socios, mis empleados, parte de los clientes y hasta mi familia saben que los primeros martes de mes no existo. Ni siquiera atiendo el teléfono, y respondo cuando puedo. Por supuesto me da síndrome de abstinencia, pero es una cuestión de respeto mutuo. Es necesario estar y escuchar. Hasta planifico vacaciones según mis reuniones Vistage".

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?