Editorial de septiembre: tiempo de resetear sueños

Soledad Simond
Soledad Simond LA NACION
Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Unsplash
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1 de septiembre de 2018  • 00:19

Estoy justo ahora armando el próximo Project planner 2019, es de esas cosas que me guardo para hacer el fin de semana, no de workaholic, sino para poder saborearlas. Me flashea pensar que esta agenda, que estará disponible en noviembre, te puede acompañar todo un año, ser aliada en los desafíos diarios. Por eso, el tema de los "sueños", de los "proyectos", me gira en la cabeza, Será por eso que el otro día, hablando con mi amiga Silvi, ella me dijo: "¿Te diste cuenta de que a veces nuestros sueños cambian, pero seguimos creyendo que son los mismos porque los repetimos durante años esperando que se cumplan?". Estábamos almorzando y me quedé pensando: ¿cuáles son mis sueños hoy?, ¿de qué están hechos los sueños?, ¿los sueño yo o son sueños de otros?

A veces, cuando deconstruyo un proyecto que estaba afincado en mi cabeza, cuando me animo a cuestionar la idea de tener un hijo, de formar mi propia familia, me aterro. "¡¿Me estará escuchando el Universo?!", me paranoiqueo con la pavada esa, a ver si por dudar, ¡los cancelo!, a ver si estoy dando el mensaje incorrecto, como si solo dependiera de mí. Sin embargo, quiero darme el espacio de pensarme de nuevo.

La mayoría de mis sueños se cumplieron. No me puedo quejar, es mucho más de lo que imaginé en la vida. Tanto más. Podría decirte que me esforcé mucho, pero no es tan así: cada vez más tengo la sensación de que estoy siendo llevada. ¿Les pasa? Por ejemplo, haber llegado a dirigir OHLALÁ!, ¿fue mérito mío o fueron miles de variables que se combinaron? Yo puedo ser buena en lo que hago, pero si no estaba el espacio, si no coincidían los planetas, ni idea... Mi capacidad de sobreadaptación se cocinó en mi crianza (con un costo alto), pero me hizo muy fuerte hoy. Hubo piedras en el camino, pero ¿de quién es el mérito de mi resiliencia? ¿Mío? ¿Yo elegí seguir cuando una jefa a mis comienzos me dijo que escribía mal?, ¿o hubo una fuerza más grande que me puso otra vez de pie? ¿Quién creyó en mí?, ¿yo, que tenía solo 25 años?

Son lindas preguntas para hacernos: ¿quién cree en vos?, ¿en quién/qué creés vos? Porque podríamos afirmar la trillada "creás lo que creés". Y entonces pienso en el poder de la intención: una puede soñar, puede delimitar esa imagen, ponerse en acción en pos de su objetivo, pero nadie escapa a su misión. Eso que nos acontece es parte de un plan que va más allá de nosotras. Hay un diálogo con el misterio, ¿lo sentís? Casi nada sabemos: ¿por qué hay injusticias?, ¿por qué mueren los que queremos?, ¿por qué sufren los buenos?, ¿por qué no tenemos hijos?, ¿por qué sí los tenemos?, ¿por qué alguien de pronto nos ama?, ¿por qué amamos?, ¿por qué nos viene de pronto el miedo?, ¿por qué estamos felices sin motivo? Esto me fascina. Me lleva a una meditación con los ojos abiertos.

La vida es un riesgo; si todo fuera como poner una dirección en el Waze y seguir el camino, se trataría de otro mundo. Este, al menos, nos invita a poner a dónde vamos, pero disfrutar si llegamos a otro lado, ¡bah!, o pasarla mal: cada una elige. ¿Quién nos dijo lo que era la felicidad? Lo único que sé es que sentirme plena no va a depender de algo que me tenga que pasar, yo me arremango para que cada día sea lo suficientemente jugoso, chispeante, amoroso, crujiente. Tengo hambre de verdad, y eso trasciende cualquier zanahoria que nos hayamos puesto allá a lo lejos.

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