Día del árbol: descubrí cuánto sabés sobre los nativos

El violeta de los jacarandás tiñe varias avenidas porteñas.
28 de agosto de 2018  • 17:57

Para festejar hoy el Día del árbol, elegimos cinco que llenan sus copas de flores y son absolutamente nuestros. ¡Y otros cinco para que pongas a prueba tus conocimientos!

Al plantar las especies que crecen en cada zona obtenemos múltiples beneficios: necesitan menos cuidados que sus pares exóticas porque sus requerimientos en cuanto a cultivo son acordes a la región. Esto implica ahorro de agua, fácil aclimatación, alta resistencia a las heladas o los intensos calores, adaptación al suelo existente, fortaleza frente a plagas y enfermedades y poder de atracción de aves y mariposas locales.

Todos los años se renueva la sorpresa cuando a fines de octubre la ciudad de Buenos Aires se pinta de violeta gracias a la gran cantidad de jacarandás distribuidos en distintos barrios. Sus flores no solo aportan belleza en el árbol, sino también cuando caen y tapizan las veredas.

Los lapachos comienzan tímidamente a mostrarse a principios de septiembre y se van llenando de color rosado a medida que transcurre el mes. En la porteña avenida Figueroa Alcorta hay un ejemplar majestuoso, y en el norte, en provincias como Salta y Jujuy, su floración se destaca en calles y cerros.

En pleno verano, durante el mes de enero, los palos borrachos iluminan la Avenida 9 de julio. Sus pintorescas formas y sus cortezas suman más atractivo.

El ceibo, flor nacional, con su copa extendida y sus múltiples ramas, se llena de esa flor tan particular de un rojo intenso que se intensifica entre las hojas.

Por último, pero no menos vistoso, es el ibirá pitá, quizás no tan conocido como los anteriores pero con flores amarillas impactantes.

Para saber más

Una breve descripción de cada una de estas especies nos ayudará a conocer sus necesidades y cómo cultivarlas para verlas florecidas todos los años:

Las flores violetas del jacarandá lucen no solo en la copa sino también cuando tapizan las veredas. Crédito: Archivo Jardín

Jacarandá ( Jacaranda mimosifolia)

Crece espontáneamente en el noroeste del país. Su evolución es rápida y alcanza un gran tamaño. Es ideal para jardines y parques grandes. Su copa es amplia y su follaje, plumoso. Lo pierde tardíamente para dar lugar a su imponente floración en primavera. A fines del verano tiene otra floración pero no resulta tan llamativa ya que el árbol está cubierto por hojas. Debe ser cubierto con tela anti helada durante los dos primeros años, por lo menos.

Los lapachos deslumbran con sus rosados y lucen sus flores sin hojas.

Lapacho ( Tabebuia impetiginosa)

Crece espontáneamente en las selvas de Jujuy, Salta, Tucumán y Catamarca, y también se encuentra en Paraguay y Bolivia.

Es un árbol que pasa inadvertido durante gran parte del año, pero cuando su amplia copa se llena de flores con forma de pequeñas trompetas rosadas deja sin aliento a más de uno. Llega a medir hasta 12 metros. Su crecimiento es lento y puede llegar a tardar varios años hasta florecer. Su follaje es caduco y cuando se produce la floración está sin hojas, lo que la hace más espectacular. Hay que ubicarlo a pleno sol y, como al resto de los árboles oriundos del norte del país, protegerlo de las heladas.

Además de sus llamativas flores, el palo borracho tiene un tronco en forma de botellón con aguijones.

Palo borracho ( Ceiba insignis)

Crece rápida y espontáneamente en las selvas del norte argentino. Llega a medir hasta 20 m. Su tronco tiene forma de botellón y aguijones, por lo que puede resultar inconveniente para lugares con chicos. Florece abundantemente de color rosa a fines del verano hasta el otoño. Sus frutos son grandes y permanecen en la planta durante varios meses. Hay que ubicarla a pleno sol y nos es conveniente cerca de construcciones por sus raíces.

Reconocida como flor nacional, el ceibo se recomienda como árbol de sombra.

Ceibo ( Erythrina crista-galli)

Crece espontáneamente a orillas de ríos, en la selva y en pajonales del norte de la provincia de Buenos Aires, Entre Ríos e incluso más al norte. Su copa es bien extendida por lo que se aconseja como árbol de sombra. Es de crecimiento rápido y de follaje caduco. Sus flores son de color rojo y permanecen en el árbol durante un largo período. Hay que ubicarlo a pleno sol y protegerlo de las heladas por lo menos los tres primeros años. Alcanza una altura de 6 metros y es un árbol longevo.

El ibirá pitá llega a medir más de 20 metros.

Ibirá pitá ( Peltophorum dubium)

Crece espontáneamente en las selvas del noreste de Argentina, y en Uruguay, Brasil y Paraguay. Su crecimiento es medio y toma un gran porte ya que llega a medir más de 20 metros. Tiene copa extendida y su follaje es persistente. Su floración es muy llamativa, de color amarillo fuerte, y atrae mariposas. Por su tamaño debe utilizarse en parques y jardines grandes, o en arbolado urbano en avenidas. Necesita pleno sol pero también crece a la media sombra.

Capacitaciones del INTA

En la semana del árbol, el INTA propone encuentros sobre restauración de bosques nativos en distintas zonas del país. En Bell Ville, Córdoba, por ejemplo, el 30 de agosto habrá actividades sobre cuidado de flora autóctona en el Vivero Municipal.

Trivia: ¿Cuánto sabés de árboles nativos?

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