Condenan a cuatro años de prisión por trata al dueño de un prostíbulo de Recoleta

Puerta del local donde se ejercía la prostitución con protección policial y política
Puerta del local donde se ejercía la prostitución con protección policial y política Crédito: Archivo
Leonardo Scannone
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29 de agosto de 2018  • 14:33

"¿Qué preferís, ganar 5000 por un día o 5000 por mes?". La pregunta es una de las que aparece glosada, como prueba, en la causa judicial por la cual, el 10 de este mes, el Tribunal Oral Federal (TOF) N°3 porteño condenó a cuatro años de prisión a Gabriel Nicolás Athanassopoulos por el delito de trata. "El Griego" fue dueño de Stavros, boliche que funcionó desde 2006 a 2016 en Recoleta. El caso, además, reveló las conexiones que Athanassopoulos mantenía con un policía de la zona y con un inspector del gobierno porteño para mantener el bar abierto, a la vista de todos.

Una de las que acudió a responder aquella pregunta fue "X". La chica declaró en cámara Gesell en la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), a cargo del fiscal Marcelo Colombo. Atestiguó cómo "el Griego" la captó e introdujo en la prostitución. X dijo que había llegado a Stavros a fines de 2014 por una necesidad laboral. Se había divorciado hacía unos meses y tenía que mantener a su hijo. La oferta laboral, que también se había publicado en los clasificados del diario Clarín, requería una camarera bilingüe, condición que ella cumplía.

X tenía 25 años cuando ingresó por primera vez en el local situado en Vicente López 2229. "Cuando entré [Athanassopoulos] me miró como quien está a la caza", relató X en aquella declaración, a la que tuvo acceso LA NACIÓN. Era de noche y el bar estaba en pleno funcionamiento. Le llamó la atención cómo estaban vestidas las chicas, pero no le dio mayor importancia. Necesitaba el trabajo. "El Griego" tenía entonces 42 años. Se le acercó y se presentó. Le dijo que necesitaba chicas "atentas a los vasos de los clientes" y que lo ayudaran con el idioma. La oferta era de 150 pesos por día de trabajo.

Al principio comenzó como mesera. Pero el "El Griego" ya había puesto la mirada sobre ella. Parecía que le gustaba. X se sentía sola y tenía miedo de no poder mantener a su hijo. Athanassopoulos "leyó" esta situación y comenzó a tejer con ella un vínculo que superó el laboral. "El Griego" le entregaba más dinero y empezó a actuar como su protector. Ella se enamoró. "Mientras más tiempo pasaba con él, más trabaja para él. Era un Dios para mí", confesó la víctima.

Los días pasaban y él le ofreció crecer dentro de Stavros. Le comentó de la posibilidad de ser "copera": tenía que seducir a los hombres dentro del local para que consumieran tragos; ella se llevaba una comisión. Su relación con el Griego creció. X dijo que estaba cada vez más sumergida en la situación y que tenía miedo. Y que, después, la indujo a "hacer pases": así se denomina, en la jerga prostibularia, a tener relaciones sexuales con clientes. Mientras, Athanassopoulos controlaba todo; el dinero siempre pasaba por él.

Explicó que los turnos de trabajo cada vez fueron más extensos y que no había francos. Y que él le ofreció marihuana, primero, y cocaína, más adelante. X contó que comenzó a ser "parte de la familia" de Athanassopoulos, que estaba casado con Betiana Soledad Alles, encargada del boliche. Ellas controlaban el bar, lo abrían y lo cerraban, dijo. Para entonces no veía casi nunca a su hijo y prácticamente no dormía por el consumo de cocaína. Su familia real lo notó e intentó sacarla de allí.

El 3 de marzo de 2016, la madre de la víctima se acercó a la Protex y declaró todo lo que sabía que estaba pasando. Según consta en el fallo del TOC N°3, dijo que le había firmado al "Griego" 36 pagarés de "178.000 pesos cada uno 'a cambio de la libertad de su hija', como garantía para que el imputado la dejara salir, haciéndola figurar como sublocataria del bar". Según fuentes judiciales que investigaron el caso, puede ser clasificado como "un psicópata de alto rango".

Athanassopoulos no sólo manejaba su "edén" porteño bajo el poder de la billetera y de la verba. "El Griego", según se desprende de la declaración de X y de la investigación y procesamiento del juez federal Sebastián Casanello, tenía vínculos policiales y políticos.

Gabriel Roberto Trovato era empleado del gobierno de la Ciudad, hijo del jefe de Habilitaciones de la Ciudad, con fuerte llegada al sindicato de empleados municipales, Sutecba. Al declarar, Trovato negó conocer al "Griego", aunque la Justicia logró demostrar el vínculo entre ellos a partir de que el 7 de julio del 2014, dos días antes de que el seleccionado argentino jugara la semifinal contra Holanda en el mundial de Brasil, tomaron el vuelo AU-2276 con destino a Río de Janeiro.

En Facebook se encontraron fotos en las que se los veía festejar con una bandera que llevaba sus nombres.

Trovato, según la Justicia, le permitía al "Griego" que su boliche funcione aunque se lo hubiesen clausurado. La causa se subdividió: una, con la investigación del "Griego"; la otra, por las conexiones que mantuvieron para mantener activo el negocio. Liliana Muñoz, una inspectora de la Ciudad, declaró que había clausurado varias veces el local y que allí funcionaba un prostíbulo. Su última clausura había sido el 9 de noviembre de 2013. Además detalló que la comisaría de la zona "no prestaba la colaboración para hacer las inspecciones".

Adolfo Damián Vera, oficial inspector de la comisaría 19a., fue señalado por X -y, después, lo ratificó el juez Casanello al procesarlo-, como el "contacto policial" del "Griego". La mujer declaró que Athanassopoulos la obligaba a tener relaciones sexuales con Vera para "mantener" el boliche y para que le avisara cuándo iban a pasar los inspectores.

El 4 de junio pasado, la Sala I de la Cámara Federal confirmó el procesamiento de Trovato y de Vera "por considerarlos partícipes necesarios del delito de explotación sexual agravada". Están a la espera del juicio oral.

El juez Andrés Fabián Basso, que integra el TOC N°3, fundamentó que en este caso de trata "la captación efectuada por el imputado no parece haber sido facilitada particularmente por haber estado la víctima en una situación de especial debilidad frente a las circunstancias de su vida, sino que se limitó a valerse de la relación personal que había entre ambos y a tentar a la damnificada con una mejora en su situación económica".

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