Temen en el Vaticano que salgan nuevos documentos venenosos

Preocupa que la carta bomba de Viganò sea el primero de varios ataques al Papa de los sectores ultraconservadores; la crisis crece y se vuelve más impredecible
Preocupa que la carta bomba de Viganò sea el primero de varios ataques al Papa de los sectores ultraconservadores; la crisis crece y se vuelve más impredecible Fuente: AP - Crédito: Andrew Medichini
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29 de agosto de 2018  

ROMA.- La "bomba nuclear" que tiró el exnuncio Carlo Maria Viganò sobre el Vaticano, al acusar a Francisco y a influyentes cardenales que trabajaron con sus predecesores de haber encubierto durante años a un cardenal, podría ser solo el primero de una ola de dardos venenosos.

"Sí, es muy probable que salga más basura", comentó ayer por lo bajo a LA NACION un monseñor del Vaticano, donde si bien ahora la consigna es el silencio absoluto -nadie se atreve a hablar on the record en plena guerra interna-, el gran temor es que salgan a la luz más documentos incendiarios.

En efecto, se afianza la idea de que las 11 páginas que escribió el exnuncio (que está "desaparecido") son parte de una nueva conspiración de los sectores eclesiásticos ultraconservadores italiano y norteamericano, que se han opuesto a Francisco desde su elección para el trono de Pedro por considerarlo demasiado progresista.

Fiel reflejo de esto, la agencia AP reveló ayer que fue un periodista italiano conocido por estar entre los detractores de Francisco, Marco Tosatti, el que no solo ayudó a Viganò a redactar su explosiva carta, sino que también lo convenció de hacerlo después de que saliera a la luz un demoledor informe judicial en Pensilvania.

Tosatti admitió que el 22 de agosto pasó tres horas junto a su amigo arzobispo en el living de su casa escribiendo, reescribiendo y editando su "testimonio". Un documento que catapultó al Vaticano, ya en aguas turbulentas por los ecos de las atrocidades del informe de Pensilvania, en una nueva crisis de consecuencias impredecibles.

Tosatti, que fue corresponsal del diario La Stampa, contó que Viganò se habría decidido a contar todo lo que había callado durante años después de ese shockeante informe, que reveló que unos 300 sacerdotes de seis diócesis de Pensilvania abusaron de más de 1000 menores en los últimos 70 años y que los sucesivos obispos encubrieron los hechos. La revelación empañó la difícil visita de 36 horas del fin de semana pasado del Papa a Irlanda, epicentro del espanto del escándalo en el siglo pasado.

"Había una cobertura sistemática que llegaba hasta el Vaticano", dijo ayer a la NBC el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro, que ante una pregunta prefirió no involucrar a Francisco, ya que los hechos denunciados sucedieron durante pontificados anteriores.

"Tenemos las pruebas de que el Vaticano sabía y cubrió los abusos . No puedo hablar específicamente del papa Francisco", dijo el fiscal.

Tosatti no fue el único implicado en lo que parece una nueva operación que utiliza la irresuelta cuestión de los abusos para atacar a Francisco, pero que termina golpeando a sus antecesores.

Según The New York Times, otra persona consultada por Viganò antes de largar su incendiario documento fue el abogado norteamericano Timothy Busch. Esto alimenta la hipótesis de que lo de Viganò es una conjura en parte pergeñada del otro lado del Atlántico, ya que Busch es miembro del consejo de administración de EWTN, una red católica conservadora que es dueña del National Catholic Register, medio adverso al Papa que publicó la declaración de Viganò, junto a otros tres.

Busch le dijo al diario norteamericano que los editores del National Catholic Register "le habían asegurado personalmente que Benedicto XVI había confirmado el contenido de la carta de Viganò". Pero ayer el arzobispo Georg Ganswein, secretario privado de Benedicto, salió a negar tajantemente esta versión.

En medio de la tormenta, al analizar las 11 páginas de Viganò -como les pidió Francisco a los periodistas durante la conferencia de prensa en el vuelo de regreso de Dublín-, comienzan a verse varias inconsistencias.

Por ejemplo, en una parte de su carta Viganò asegura que Benedicto, tras ser informado de los abusos cometidos por el cardenal Theodore McCarrick, le impuso sanciones como las de no viajar y no aparecer en público. Pero muchos vaticanistas recordaron no solo que McCarrick estuvo en la ceremonia de despedida que tuvo Benedicto ante cardenales, a principios de 2013, antes de hacer efectiva su renuncia, sino también que celebraron varias misas juntos, en Roma.

Para muchos observadores resulta difícil usar el escándalo de pedofilia en el clero para atacar a Francisco. Tanto los abusos reportados en Pensilvania como los cometidos por el cardenal McCarrick son anteriores a 2002. Entonces el papa era Juan Pablo II, ya muy enfermo, y su pontificado era manejado por la dupla formada por Angelo Sodano y Stanislaw Dziwisz, secretario privado del papa polaco. Se cree que probablemente por esto Francisco prefirió callar durante la conferencia de prensa en el avión y pedir a los periodistas que investiguen, en vez de defenderse y acusar a administraciones anteriores.

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