La carta contra el Papa abrió un abismo en la Iglesia norteamericana

Conservadores y reformistas agudizaron sus diferencias y se enfrentan en una lucha de poder

29 de agosto de 2018  

NUEVA YORK.- La explosiva carta que exigió la renuncia de Francisco , por su presunta mano blanda hacia los curas pedófilos, profundizó la grieta en la Iglesia de Estados Unidos , la más poderosa del mundo, y reavivó la oposición al Papa de la rama más fervientemente conservadora y contraria a su reformismo.

La misiva del exnuncio en Washington Carlo Maria Viganò -que acusa a una serie de obispos y al Papa de encubrimiento de los abusos del cardenal Theodore McCarrick, arzobispo emérito de Washington y recientemente obligado a renunciar- desató dos problemas a la vez: cómo debe enfrentar la Iglesia el flagelo de la pedofilia y cómo se resolverá la lucha de poder que comienza a surgir entre las facciones progresista y conservadora.

Los dos bandos ya estaban divididos en su posición hacia Francisco, que según los tradicionalistas es poco menos que un "anticristo" por su tolerancia hacia la diversidad de género y otras cuestiones, como la defensa de los inmigrantes y la crítica al cambio climático.

Viganò "hizo un servicio a los católicos", dijo el abogado Timothy Busch, miembro del grupo al que responde el National Catholic Register, uno de los medios que difundió la carta durante el fin de semana pasado, cuando Francisco todavía se encontraba de gira en Irlanda.

"Creo que Viganò quiere limitar los días de este Papa o al menos neutralizar su voz o sembrar ambigüedad sobre él", dijo, en cambio, el obispo de Newark, Joseph Tobin, que está en el centro del terremoto.

Alimentados por una explosión de blogs de derecha donde reinan las polémicas sobre la homosexualidad en la Iglesia, los católicos conservadores, en línea con la presidencia de Donald Trump, están entre los más feroces opositores a la agenda de Jorge Bergoglio.

En este nuevo contexto conservador emergieron voces a las que desde la designación de Francisco no les prestaban oídos. Entre ellos, los obispos David Kordela, de Tulsa (Oklahoma), y Joseph Strickland, de Tyler (Texas). Ambos predican en el llamado Cinturón de la Biblia, una región donde, en cuestiones de reforma social y tolerancia de género, cierran filas el cristianismo evangélico con el catolicismo cerril.

Blase Cupich, uno de los cardenales acusados en la carta de estar "cegado por su ideología progay", se defendió de la carta rebatiendo la arraigada noción que asocia a los homosexuales con la pedofilia, un vínculo que el bando conservador de la Iglesia señala como una secuencia natural de causa y efecto.

"Es una tesis que no se sostiene, no hay pruebas de que los gays sean más pedófilos que los heterosexuales", dijo Cupich rebatiendo el prejuicio de base de sus colegas.

La figura más cuestionada es el cardenal Donald Wuerl, que según la denuncia conocía, pero miró para otro lado, las sanciones que Benedicto XVI le impuso a McCarrick por sus abusos a seminaristas. El puesto de Wuerl tambalea: el domingo, en una iglesia en Washington cercana a las jerarquías de la arquidiócesis, el párroco cerró la homilía pidiendo su renuncia por los abusos en Pensilvania. Los fieles aplaudieron.

Agencia ANSA y The New York Times