El acuerdo con el FMI es por la falta de otras alternativas de liquidez

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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29 de agosto de 2018  • 01:03

Los secretarios de Finanzas y de Hacienda están muy preocupados por comprobar si se cumplen los compromisos encarados en el programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI), compromisos que son bastante exigentes. Para ellos este es el tema clave en este momento de la economía. El presidente del BCRA viajó a EE.UU. para una reunión con directivos de los Bancos Centrales y para poder hablar del tema argentino y el Ministro de Hacienda fue a Washington, al FMI, para tratar de obtener- por lo que se sabe- un adelanto de divisas. Es cierto que todos estos funcionarios no se fijan, mayormente, en ver si el gasto público consolidado es muy alto, si es sostenible y en los demás problemas que enfrenta el país, como por ejemplo, el incremento de la pobreza.

Pero veamos cómo llegamos a este acuerdo con el FMI y cuáles son sus antecedentes. En 2018 se notó un incremento de las tasas de interés internacionales, especialmente las que corresponden a la Reserva Federal. Dichas tasas han crecido en 0,7 puntos porcentuales y alcanzan a 2,85% anual y algunos analistas se preguntan por esta tendencia y por lo que ella implica en materia de costo financiero internacional y, sobre todo, por la posibilidad de obtener financiamiento de ese y otros mercados.

Durante los 80, la tasa pico de esos fondos fue de 15% anual y durante los 90 ese valor estaba en alrededor de 7% anual. Ambos valores son muy diferentes a los actuales. Ahora, aun cuando dichos valores han crecido algo, son mucho más bajos que antes de la crisis subprime.

¿Qué fue lo que pasó? Hace unos 40 años se tenía una expectativa de inflación muy diferente a la que hay actualmente en Estados Unidos: estaba en los años 80 en casi el 18%; luego de una década bajó al 7/8% y en los últimos 8 años se redujo hasta casi cero por ciento anual. Es cierto que en los últimos meses se ubicó en cifras que rondan el 3% anual, aproximadamente, lo que obliga a actualizar las tasas de interés. Además, la baja de impuestos a las corporaciones ha sido muy importante: se redujo a alrededor de 25%, lo que lleva a que más empresas estén interesadas en invertir en Estados Unidos. Esto resta disponibilidades de liquidez para el resto del mundo, especialmente para los países emergentes.

También se ha notado el impacto que ha tenido el incremento de las tasas de interés en los mercados de acciones, los que bajaron un 10% en dólares en pocos días. Se comenzó a hablar de la posibilidad de una burbuja, pero es muy difícil llegar a conclusiones válidas sobre este tipo de cuestiones.

También se tomó en consideración la relación precio-valor. Este ha crecido mucho y de hecho era y es muy alto, aunque no tan alto que no pueda tolerarse.

También hemos tenido que sufrir los ajustes de Turquía, que ha tenido que efectuar muchas variaciones de sus principales aspectos macroeconómicos, especialmente el gran incremento de la lira turca, sobre todo después de la pelea de Turquía con EE.UU. También Brasil ha sufrido mucho las consecuencias de la huelga de camiones y actualmente el tipo de cambio se ha disparado, lo que afectó nuestra relación cambiaria $/u$s en forma importante. Las elecciones brasileñas son en octubre de 2018 y aún no se conoce quien sería el candidato que podría ganarlas.

Al resultar muy difícil obtener dinero de los bancos y fondos, finalmente recurrimos al Fondo Monetario Internacional (FMI) y firmamos un acuerdo con ese organismo por u$s 50.000 millones, a distribuir en el tiempo, según el grado de cumplimiento de los objetivos acordados. Con el Banco Mundial y otros organismos similares agregamos unos u$s 6500 millones adicionales, a ejecutar próximamente.

En definitiva, ahora tenemos que resolver muchos problemas que se habían acumulado, como un tipo de cambio atrasado que lo hemos venido actualizando, una tasa de interés muy alta, una inflación elevada, un costo impositivo insufrible, un costo de las cargas sociales imposible de cumplir, y seguir con las dificultades de poner al día los precios de los servicios públicos y algunos otros problemas adicionales, como pueden ser las diferencias de impuestos a las subproductos de la soja en relación al impuesto al poroto de soja. También hemos comprobado la finalización de la distribución a las provincias del impuesto sojero, para citar sólo algunos ejemplos.

Con la concreción de estos ajustes, nos encontraremos en una situación política mejor para iniciar con éxito las elecciones presidenciales de 2019 en las que el gobierno de Cambiemos tiene posibilidades de ganar, siempre y cuando dicho ajuste de la macroeconomía se complete exitosamente.

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