De tal palo, tal astilla: cuando padres e hijos conviven en el mundo de los negocios

Carolina y Máximo Gagliardi; Mariano Rodríguez Giesso; José Del Rio (LA NACION); Ana María Giesso; Christian y Daniel Otero
Carolina y Máximo Gagliardi; Mariano Rodríguez Giesso; José Del Rio (LA NACION); Ana María Giesso; Christian y Daniel Otero Crédito: Fabián Malavolta
La llegada de los herederos a la empresa suele marcar un antes y un después, y es un reto para los propios dueños; la receta para lograr una sana coexistencia
Lucila Lopardo
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29 de agosto de 2018  

Hasta hemos ido al psicoanalista", confesó Ana María Giesso, VP de la firma de indumentaria que lleva su apellido y que comenzó en 1884 como una fábrica de sombreros a la que acudían Domingo Faustino Sarmiento, Julio Argentino Roca y Bartolomé Mitre. Aunque el auditorio del Malba estalló en carcajadas, lo cierto es que, junto a su hijo, Mariano Rodríguez Giesso, presidente de la empresa, hicieron varias sesiones a las que él mismo consideró "terapia de pareja". "Cada tanto hacemos unas consultas. La terapia suma y ayuda a que cada uno diga todo lo que quiere decir", agregó la creadora de la línea femenina de la firma y cuarta generación de la familia. Mariano pertenece a la quinta generación y hoy trabaja junto a su madre, aunque confesó que el secreto del éxito está en no cruzarse tanto en el día a día. "Trabajamos en oficinas separadas, en lugares separados, nos ocupamos de cosas totalmente distintas, y eso ayuda", contó.

La llegada de los hijos a la empresa suele marcar un antes y un después, y un desafío para los propios dueños. Por eso, los Giesso recomiendan elegir bien a qué miembros de la familia se va a involucrar dentro del negocio, para que no se vea perjudicado. "El que queda afuera, mi otro hijo, hoy es un escribano importante, pero de golpe dice 'a mí no me dejaron entrar en Giesso'", relató ella. Rodríguez Giesso agregó que en el momento en el que su hermano planteó la inquietud de trabajar dentro de la firma familiar, la mejor decisión fue decirle que no: "Fue muy sano para él, no me parecía que tuviera que trabajar con mi hermano, sentía que tenía otro camino", explicó.

De bajo perfil, la familia Gagliardi es dueña de la Papelera San Andrés de Giles, una pyme industrial que compite con gigantes como Kimberly-Clark y Papelera Del Plata. Allí, Máximo Gagliardi, ingeniero químico y presidente de la firma, convive con Carolina, su hija y encargada de administración y finanzas. Ella posee una trayectoria corporativa previa a su llegada a la empresa familiar: es contadora pública y pasó por las oficinas de Coca-Cola y Falabella. A la hora de hablar de cómo es trabajar con su padre, coincidió con Giesso en que la distancia ayuda, ya que ella trabaja en el barrio de Núñez, mientras que su padre está en la sede de San Andrés de Giles. "Es difícil trabajar con tu padre como jefe, pero, al mismo tiempo, él te va llevando y de a poco vas aprendiendo a trabajar en familia", confesó.

"Todo depende de cómo está estructurada la compañía, más allá de que sea familiar o no. Tenemos colaboradores que nos ayudan y aportan ideas, además de las relaciones con proveedores, que uno va conociendo a través de los años. Es muy importante rodearse de un grupo fuerte, capaz, eso ayuda muchísimo", agregó el padre.

Para ambos, un punto que los ayuda a mantener el vínculo en la empresa es no llevar los conflictos laborales a la mesa familiar, sobre todo en reuniones en las que estén involucrados otros miembros de la familia. "Es conveniente que terceros no participen de las internas, estamos alineados en ese sentido", aseguró Máximo. Carolina no es la única hija que se desempeña dentro de la firma: su hermano está en el área comercial, y con él intenta evitar el trabajo del día a día el fin de semana: "A veces, en la semana, dejo pasar cosas porque sé que total lo veo el fin de semana y lo hablo, pero tratamos de cambiar eso, porque en las reuniones no estamos solo mi hermano y yo, está el resto de la familia política que no está incluida en la empresa y no tienen por qué estar en una cena hablando de trabajo. Pero es difícil", reconoció ella.

El caso de Lucciano's es distinto, dado que no fue el hijo quien llegó a la empresa, sino que ambos emprendieron juntos en un sector que desconocían por completo. "No somos una familia heladera, es un rubro que desconocíamos y al que vinimos con la idea de innovar, por eso ni mi papá ni yo tenemos la pura verdad", comentó Christian Otero, bajo la mirada orgullosa de su padre, Daniel, quien aseguró: "Lo lindo es que entre nosotros no existe desconfianza y ver que tu hijo tiene las capacidades para, el día que uno no esté, manejar el negocio". "Lógicamente, tenemos nuestras peleas, a mitad de la mañana si nos peleamos uno dispara para un lado y el otro para el otro. Durante el día se va reflexionando y al día siguiente encontramos un punto medio", reconoció el hijo.

En dos años, esta dupla oriunda de Mar del Plata pasó de tener 30 empleados a 350, cuenta con 25 locales en la Argentina y prevé alcanzar los 100 en 2021 con la vista puesta en salir del país. "Toda la vida hemos viajado mucho; hacía siete años que Christian ya me decía que no había un buen helado, que todo era muy parecido, y así empezamos", explica Otero padre, cuyo último negocio había sido una cadena de ropa deportiva con la que llegó a tener más de 15 locales.

"Es un placer compartir tanto tiempo con mi papá, él tiene la experiencia y fui aprendiendo a analizar un negocio de cero. Quizá yo tengo ideas y él me calma un poco. Las discusiones son más bien presupuestarias", reconoció Christian.

Carolina Gagliardi también admite que los frenos de su padre la ayudaron a madurar como profesional: "Cuando empecé era joven y no quería escucharlo, por eso me choqué varias veces la cabeza contra la pared. Entonces empezás a escuchar más y a aceptar esa transferencia de conocimiento", explicó.

Rodríguez Giesso entró como hijo y hoy le toca entender qué sucederá con los propios. "Tengo una hija que es profesional y no trabaja conmigo, pero no me duele, no quise que trabajara conmigo", confesó. No se mostró preocupado por la continuidad de la familia Giesso dentro de la organización, pero aclaró: "Que no trabaje hoy con nosotros no quiere decir que no lo haga en el futuro".

Actualmente, los hermanos de Ana María son accionistas minoritarios, a los que también responde Mariano: "Es fundamental el respeto para los accionistas y el respeto del accionista hacia tu trabajo. En Giesso hay una confianza total y eso lo hace sumamente fácil de llevar adelante", explicó. Por eso no descarta que, en un futuro, la empresa posea un management profesional en el que pueda haber algún miembro de la familia: "La empresa familiar no tienen que ser una fuente de trabajo, tiene que ser una fuente de capital que permita separarlo y que no haya roces", concluyó.

La mirada de los hijos

M. Rodríguez Giesso: "[Con Ana María, su madre] Trabajamos en oficinas separadas, en lugares separados, nos ocupamos de cosas totalmente distintas, y eso ayuda"

Christian Otero: "No somos una familia heladera, es un rubro que desconocíamos, por eso ni mi papá [Daniel] ni yo tenemos la pura verdad"

Carolina Gagliardi: "Cuando empecé, era joven y no quería escucharlo [a Máximo, su padre], por eso me choqué varias veces la cabeza contra la pared"

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