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Javier Madanes Quintanilla: "Estamos en un punto de inflexión moral más que económico"

El presidente del Grupo Fate-Aluar dijo que los jóvenes deben construir el futuro y olvidarse de los "cuatro o cinco delincuentes que ensuciaron a la sociedad argentina"
El presidente del Grupo Fate-Aluar dijo que los jóvenes deben construir el futuro y olvidarse de los "cuatro o cinco delincuentes que ensuciaron a la sociedad argentina" Crédito: Fabián Malavolta
Lucila Lopardo
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29 de agosto de 2018  

Javier Madanes Quintanilla es tercera generación de la familia y presidente del Grupo Fate-Aluar, organización que emplea a 6000 personas y factura US$1600 millones a nivel regional. Sin embargo, su envergadura no la dejó exenta de los conflictos familiares que llevaron a la división de su padre y su tío en los años 60, y la posterior llegada de su madre al manejo de la firma en la década del 90. En un mano a mano con José Del Rio, secretario general de Redacción de LA NACION, Madanes Quintanilla habló del recorrido de la firma como empresa familiar, la responsabilidad de los empresarios sobre la economía y llamó a los jóvenes a "olvidarse de los delincuentes que han ensuciado a la sociedad argentina".

-Empezaron con varios proyectos, Aluar, por un lado; Fate, por el otro. ¿Cómo fue el camino?

-La primera generación fue la de mi abuelo, quien aterrizó desde Polonia ni bien comenzaba el siglo XX. Para llegar a Aluar y a Fate hubo que correr un largo camino. Se pasó de vendedor ambulante a comerciante. Mi abuelo tenía cinco hijos que lo ayudaban mientras estudiaban; hacían pilotos. Entonces se usaba un pilotín de hule, o goma, y por los inconvenientes para generar la materia prima, empezaron a visualizar que se podía incorporar una actividad industrial. Ya que hacían el hule, ¿por qué no hacer algo más? En una transición hacia la segunda generación, comenzaron a fabricar neumáticos de manera muy rudimentaria. Después de la Segunda Guerra hubo un proceso de recambio de activos muy fuerte en los Estados Unidos, que habilitó a muchas empresas en la Argentina a comprar activos baratos. Así empiezan a tener una actividad industrial de mediana empresa.

-Su madre, Dolores Quintanilla de Madanes, también fue una figura clave. Estamos hablando de una época en la que eran pocas las mujeres dentro de grandes grupos. ¿Qué puede decirnos de ella?

-Tengo que ir un poco hacia atrás para poder explicar su papel. Hubo un conflicto en los años 60 entre los hermanos. Tuvo que ver con la incorporación de una persona que venía del mundo de la política y que se convertía en accionista de la empresa. Ahí se generó una desinteligencia muy grande entre mi padre y un tío mío. Fue una tormenta perfecta que generó el retiro de mi padre del manejo de la empresa y la incorporación de este hombre que posteriormente terminó siendo ministro de Economía del tercer gobierno de Perón. Mi padre falleció joven, con 63 años, en 1975. La actividad de mi madre, que se da por 1992, tuvo que ver con una suerte de reconocimiento y recompensa por toda esa lucha que había sostenido con mi padre y que ella misma reclamaba que no quedara perdida en el tiempo.

-¿Cómo se combina el futuro con ese pasado?

-Hay tres puntos que trato de transmitir a mis hijos y a la gente que me acompaña para terminar solucionando los problemas repetitivos, en el caso de empresas familiares. Primero, es tener claro el concepto de la finitud.

-¿Cuesta? Porque uno se cree inmortal, aunque pasan los años y vienen los hijos.

-Pero permanentemente uno tiene que estar replanteando y trabajando de la manera que cada uno pueda. Es un tema difícil, pero es importantísimo saber y reconocer que todo finalmente nos termina superando y que nosotros somos algo pasajero. El otro tema tremendamente importante es el concepto de no considerar la propiedad como un derecho ilimitado.

-¿A qué se refiere?

-Uno no puede aferrarse a las cosas como algo eterno. El derecho de propiedad va a ser algo que será muy discutido. Con esto no digo que tengamos que salir a hacer una redistribución total de la riqueza, pero sí a no fomentar la acumulación de capital de una manera infinita y entender que vivimos, esencialmente, en función de nuestra relación con la gente y no con los bienes.

-Luego del caso de los cuadernos, ¿cuál es su opinión sobre el rol del empresariado?

-Va a ser siempre el mismo el rol. Que de repente te toque que se te meta un zorro en el gallinero, no debería cambiarte el concepto de ser un buen granjero. "Empresario" es una palabra que no me gusta mucho.

-¿Por qué?

-Lo asocio con algo más especulativo. Yo prefiero hablar de industriales, o según la actividad que cada uno desarrolle, darle una terminología diferente. Uno tiene la responsabilidad de conducir una empresa que tiene que, en primer lugar, ocupar gente, dar empleo; tiene que ser sustentable, eficiente y productiva, y ahí es donde uno tiene que tener la capacidad de asegurar eso para tener permanencia en el tiempo.

-¿Y cuánto cuesta eso, en momentos de crisis económica?

-Yo creo que estamos en un punto de inflexión moral más que económico. Nosotros somos un país con enormes privilegios. Mi familia proviene, por el lado paterno, de Polonia, de la Europa de las persecuciones y del holocausto. Por el lado materno, mi madre vivió toda la Guerra Civil en España. Esos son problemas. Y son problemas que no tienen revancha. Nuestros problemas son importantes, porque nos cuesta solucionarlos y porque no hemos encontrado la manera de resolverlos, pero de ninguna manera son irresolubles. Por eso creo que los que estamos en el sector privado tenemos una enorme cuota de responsabilidad, porque tenemos que ver con el rol de formadores de precios, pero quienes dinamizan la economía de una manera más fuerte son las pequeñas y medianas empresas. Creo que, en conjunto, tenemos que tratar de darle una salida rápida a la caída.

-Cada vez quedan menos apellidos que sean sinónimo de empresa. En Brasil no pasa y en Chile se está generando una burguesía con una connotación positiva. ¿Qué nos pasa a nosotros?

-Tenemos una tendencia a la actitud especulativa. Sobre todo, en el caso de las empresas más grandes. Seguramente alguien que tiene que ir a un banco a pedir una línea de crédito al 50% o retirar cheques al 60%, lo que menos piensa es en especular. Pero todavía hay una gran parte del sector privado que tiene la capacidad de hacerlo. Hemos querido desde hace mucho tiempo generar renta a través de la ganancia de capital y nos hemos olvidado de hacer renta operacional. Yo escuché a varios de los participantes del encuentro que mencionaban con mucho orgullo, en muchos casos, cómo el tema no pasaba necesariamente por asignarle un valor económico a su empresa de manera inmediata, y eso es bárbaro, tremendamente elogiable.

-No se trata de ser altruista.

-No, no, no. Pero no estar permanentemente al acecho de valorizar eso en términos económicos, hacerse de la caja y dedicarse a invertir en Lebac y pescar truchas. En la medida en que recuperemos eso, nos vamos a asemejar más al modelo brasileño o chileno. Pero nos hemos olvidado.

-¿Cómo se construye el futuro?

-Se va a construir por la propia voluntad de los que vienen. Tenemos una sociedad inteligente, con un buen nivel académico, pese a la desinversión de muchos años. Veo a los jóvenes y me parecen fantásticos, son muy capaces. Por eso confío en las nuevas generaciones, para que pongan todo su potencial y no se queden en lo que hicieron los padres o abuelos. Que se olviden de los cuatro o cinco delincuentes que han ensuciado a toda la sociedad argentina.

Palabra de número uno

El rol del capital y del empresariado local

1600 Millones de dólares

Es lo que factura a ?nivel regional el Grupo Fate-Aluar, que cuenta con 6000 empleados

Caso de los cuadernos

"El rol del empresario va a ser siempre el mismo. Que de repente se te meta un zorro en el gallinero, no ?debería cambiarte ?el concepto de ser ?un buen granjero"

Finitud

"No se debe considerar la propiedad ?como un derecho ?ilimitado. No hay ?que fomentar la acumulación de capital ?de manera infinita"

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