srcset

La lenta muerte del teléfono fijo: ya casi no se usa para nada

Evangelina Himitian
(0)
30 de agosto de 2018  • 12:14

"Si suena en mi casa, no es para mí", garantiza Paula Pagani, diseñadora, 42 años y madre de Felipe, de ocho. Es su forma de sintetizar que en su hogar, el teléfono fijo, ese que llegó tardíamente a su familia a mediados de los 90, después de años de trámites y esperas, hoy lleva demasiado tiempo sin que nadie lo atienda.

"Nadie que me busque a mí va a llamar a casa. Me cansé de atender a bancos, políticos y secuestradores. En casa, si suena, el código es que nadie atiende", detalla. A pesar de no usarlo, no lo dio de baja "por las dudas", explica. Por si en algún lugar le piden un teléfono de línea, para algún trámite. O porque le recomendaron no darlo de baja porque después volver a pedirlo es una misión imposible.

Pero lo cierto es que, como Paula y su familia, cada vez son más los usuarios que lo conservan casi como un objeto decorativo, porque para la mayoría se transformó en un servicio que se paga pero casi no se usa.

Hace pocos días, Francia anunció la muerte oficial de la telefonía de línea. Para 2023, dicen, ya no quedarán terminales conectados a la red mediante cables de cobre. El teléfono hogareño no desaparecerá, pero será reemplazado por aparatos que se conectan por Internet.

"Me acuerdo de la emoción que teníamos el día que nos lo conectaron. Fue casi una fiesta en mi casa. Mi mamá amasó pizza para festejar. Tenía 16 años y esa noche llamé a todas mis amigas para contarles. Hasta ese día, para llamar o que nos llamaran, era ir a la casa de una tía que vivía a cinco cuadras o de una vecina, que nos avisaba si había una emergencia. Ahora todo esto parece la prehistoria y pasaron sólo 26 años", dice Paula.

Solo se reciben llamados de políticos y estafadores
Solo se reciben llamados de políticos y estafadores Fuente: LA NACION

Conectar personas y no lugares

"Asistimos a la muerte de una telefonía que comunicaba lugares y no personas. No es que la telefonía esté en desuso, al contrario. Lo que está cambiando es la forma. Este es el fin de la comunicación geográfica. Hoy, es económicamente inviable mantener una red de cobre, que tiene más de 100 años y ofrece un servicio que es obsoleto. Por eso, los usuarios mantienen la línea pero no la usan. En cambio, con la digitalización del servicio vamos hacia una red convergente, donde se ofrecen todos los servicios, desde telefonía, internet, contenidos", explica el consultor Enrique Carrier.

El fin del teléfono fijo, tal como se lo conoció significa todo un cambio de época. De hecho, hoy las empresas de telefonía casi no instalan líneas domiciliarias nuevas y el trámite, como en los años previos a la privatización del servicio, puede demandar muchos meses. Y, si no logran hacer desistir al cliente de la instalación, muchas compañías ofrecen un teléfono domiciliario, que no es exactamente una línea fija, sino que brinda el servicio por Internet. Aunque el número de teléfono no comience con un 15, los usuarios podrían conectar ese aparato en otras partes del mundo y recibir las llamadas como si estuvieran en su casa. Conectar a la red de cobre es costoso e ineficiente, es la explicación.

Otros proveedores, como es el caso de Telecentro, ofrecen todo el servicio por una única tarifa, que incluye televisión por cable, Internet y teléfono. Y también todo viaja por una red digital.

El cuento del tío

"A mi mamá le hicieron dos veces el cuento del tío. Entonces hice que diera de baja la línea. En mi casa no puedo hacerlo porque soy inquilina. Pago el servicio todos los meses, pero ni siquiera tengo conectado el aparato. El único que me llamaba era Rodríguez Larreta", apunta Gabriela Pando, 39 años y vecina de Belgrano.

Hoy en el país hay casi 8 millones y medio de hogares con acceso a telefonía fija, según los últimos datos del Ente Nacional de Comunicaciones. En 2014, eran casi 10 millones. Pero en los últimos cuatro años se dieron de baja 1,5 millón de líneas fijas. En 2016, las empresas Telecom y Telefónica perdían unos 25.500 usuarios por mes. Es decir, 855 clientes por día. Unos 35 por hora. Hoy, esos números se traducen en que hay un teléfono fijo en el 70% de los hogares, según datos oficiales. Aunque la tasa de uso es mucho menor. Son muchos los usuarios que no lo dan de baja porque todavía piensan que para vender el inmueble, la línea va a ser un plus. O porque hay una generación que asocia la existencia real de una persona o institución a la tenencia de una línea fija.

Darse de baja

Las líneas comerciales fijas, por las que se pagan tarifas hasta cuatro veces más caras, fueron las que más se dieron de baja: El 40% de las líneas comerciales se dieron de baja en los últimos cinco años. Las empresas y las instituciones son las que con menor frecuencia dan de baja al teléfono.

Claro que la historia de cómo llegaron a haber teléfonos en la mayoría de los hogares es la historia misma de la Argentina. En 1949, en el país había unos 647.240 aparatos telefónicos en los hogares. Y quienes tenían teléfono en esa época eran poco menos que afortunados. Claro que tampoco estaba instalada la necesidad de comunicarse por ese medio, porque eran muy pocos los habitantes que tenían el teléfono de pie, con tubo y parlante separados. Pero en 1955, antes de la caída de Perón, ya se habían duplicado los teléfonos: unos 1.547.850. Claro que no eran líneas, sino aparatos, porque en medio de esa comunicación existían las cinematográficas centrales telefónicas.

Los teléfonos públicos y sus rituales

Una imagen de otra época
Una imagen de otra época Fuente: LA NACION

Recién en la década del 70 llegaron a Buenos Aires los teléfonos públicos, para satisfacer la necesidad de comunicarse de una sociedad desconectada. Más de 47.000 cabinas se instalaron en todo el país en aquellos años. Para llamar había que usar cospeles y hacer largas filas, que tenían reglas propias que no convenía desafiar, a riesgo de recibir el reto de los demás usuarios, por conversaciones demasiado largas.

En 1984, había 2,5 millones de líneas telefónicas en los hogares, aunque el 10 por ciento de ellas nunca entraron en funcionamientos. Para 1989, las líneas eran unos 3 millones, que daban cobertura a menos del 30% de los hogares. Fueron los años de Entel y del plan Megatel, que se había propuesto extender la presencia de telefonía en los hogares argentinos. Pero, entre otras cosas, esto hizo colapsar las comunicaciones de larga distancia, que suponían la participación de una operadora. Para llamar de Capital a Rosario, había que esperar entre cuatro y seis horas. Y para hablar a Mendoza o Salta, entre 8 y 12 horas.

La vecina que prestaba el teléfono

En los 90, antes de la privatización del servicio, sólo uno de cada 10 habitantes tenía teléfono fijo. Y por supuesto, se convertía en el número de referencia para sus amigos y vecinos. "Nosotros éramos de los pocos del edificio que teníamos línea. Entonces, mis vecinos siempre venían a hacer llamados. Lo peor era cuando tenían que esperar un llamado, porque te veías obligado a espera con él hasta que sonara el teléfono. Y muchas veces, la gente llamaba más tarde de lo que había dicho, para no perder la llamada. A veces, mi mamá, cansada de la situación de que nuestra casa fuera un locutorio, sacaba la mesita con el teléfono al pasillo y que llamara el que quisiera. El cable del teléfono tenía como ocho metros", cuenta María Freire, 43, contadora.

En 1999, post privatización del servicio, uno de cada cinco habitantes pasó a tener teléfono fijo. Pero la llegada de los celulares y de la red convergente, que centraliza internet, televisión y telefonía, cambió las reglas de juego.

Febrero de 2008 fue una fecha clave para la tecnología en Argentina. Ese mes, el país llegó a tener una penetración del 100% de telefonía celular. Significa que llegamos a tener un teléfono por habitante. Mejor dicho, tantos teléfonos como habitantes. El consumo, lejos de estancarse allí, siguió creciendo. Los últimos números indican que, al menos en las estadísticas, hoy cada argentino tiene casi un celular y medio (1,4 celulares por habitante).

Una llamada de 37.901 años

Y este dato confirma que la telefonía de voz está lejos de morir. Según datos del Enacom, cada trimestre, los argentinos hablamos unos 19.920.766.000 minutos por celular. ¿Cuánto? Para dimensionar: si hiciéramos fila como se hacía en los teléfonos públicos de antes, y hablara una persona por vez, la comunicación duraría 37.901 años. ¿Eso es más o es menos que antes? Es un 25% más que hace cuatro años.

¿Cómo es posible que los argentinos tengamos un celular y medio por persona? "La telefonía fija tradicional va perdiendo protagonismo, aunque no significa que ya no sea un negocio que se compra y se vende. Pero la evolución tecnológica nos lleva al fin de la telefonía tradicional", explica Fernando del Río, director comercial de Claro. "Lo que va a desaparecer es la telefonía física histórica, que se transportaba por cobre. En cambio, se espera que siga creciendo la telefonía móvil", agrega.

La prospectiva dice que vamos hacia un mercado en el que cada argentino tenga entre tres y cuatro líneas celulares, se explica. "Internet de las cosas hace que un usuario tenga varias líneas, aunque no sea consciente. Si tiene un auto geolocalizado, si tiene alarma en su casa o una heladera inteligente, o una tablet con chip, puede tener cinco líneas", detalla Del Río.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.