Fracasar de nuevo, fracasar mejor

Pablo Gianera
Pablo Gianera LA NACION
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30 de agosto de 2018  

Cuando un verso es bueno, pierde su escuela, insistía Borges. Con la escuela, acaso perdía también al autor. ¿Qué otro destino puede pretender un auténtico poeta sino el anonimato? Con las frases pasa algo parecido. "Lo que no me mata me hace más fuerte". ¿Quiénes saben que ese aforismo es de Friedrich Nietzsche y que está incluido en su libro El crepúsculo de los ídolos? Podría suponerse que esta información es irrelevante; sin embargo, si se lo considera a luz de la filosofía de Nietzsche, el aforismo se carga de un sentido bastante alejado del voluntarismo de esa sociedad de socorros mutuos que es Facebook.

Algo bastante parecido pasa con una frase de Samuel Beckett, que se lee en Worstward Ho, uno de los testamentos narrativos (decir que es una "novela" sería faltarle el respeto) del autor (en castellano, la traducción tiene el triste título de Rumbo a peor). La frase no podría ser más citada: Try again. Fail again. Fail better, es decir: "Intenta de nuevo. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor". ¡Pero qué fácil de entender! Si hasta el tenista Stanislas Wawrinka se la tatuó en un brazo, y es incluso un lema, casi un mantra, en Silicon Valley. Es probable que ni Stan the Man ni los gurúes tecnológicos sepan que esas palabras son de Beckett (y eso, para darle la razón a Borges, no tendría la menor importancia), pero también es posible que no sepan exactamente qué es eso que se esconde detrás de esa fachada de optimismo voluntarista (una vez más) que algunos, muy pretenciosamente, llamaban "resiliencia", una de las palabras que peor suenan en castellano. No saben qué quiso dar a entender Beckett. Yo tampoco. Probablemente nadie lo sepa, y en eso reside el poderío de la frase.

¿Por qué recurrió Beckett a esa frase con apariencia de ocurrencia que, contra todo pronóstico, se revela inagotable? Beckett es siempre enigmático, y el enigma es la seña de identidad de todo arte.

Hace cinco (o seis) días Le Monde dedicó un artículo de página completa a discutir el sentido de esa frase. Pierre Zaoui, el autordel artículo, es un profesor de filosofía inteligente, y arriesga posibilidades. Por ejemplo: "Una redención del fracaso, una manera de concebir la derrota como la preparación de una victoria que vendrá". Es una dialéctica de la razón que parece venir de Hegel, a quien Beckett había leído muy bien (Beckett había leído todo mejor) que la mayoría de los profesores de filosofía y de ciertos filósofos presuntamente "hegelianos" como Slavoj Zizek.

También, por otro lado, podría querer decir que se debe aprender eternamente (el fracaso no tiene un límite temporal). No lo veo así. Por otra parte, la victoria (el éxito) no es nunca una victoria sobre los demás sino una victoria sobre nosotros mismos.

Tiendo a pensar que la resolución del fracaso beckettiano no pertenece a este mundo, como si en la tierra no pudiéramos sino fracasar y como si la única compensación para ese fracaso fuera justamente hacerlo mejor, perfeccionarnos en la idea de lo imperfecto. Hay una canción con estos versos: She knows there's no success like failure/ And that failure's no success at all (Ella sabe que no hay éxito como el fracaso/ y que el fracaso no es ningún éxito). Bastante cerca. En su Imitación de Cristo, Tomás de Kempis observa que "raramente conseguimos vencer aunque fuera un solo defecto y nos falta decisión para adelantar todos los días en el camino de la perfección, y por eso nos quedamos inmóviles y tibios". La conquista, eso lo supo bien Beckett sin que haga falta cristianizarlo, no es imposible; simplemente, no pertenece a este mundo.

Hay un relato de Ernest Hemingway que se llama "Winner Take Nothing " (1933), "El ganador se queda sin nada". Dos décadas después, Graham Greene le contestó, involuntariamente, con Loser Takes All (1955), "El perdedor se lleva todo" (la edición de Sur se llama, maravillosamente, El que pierde gana). ¿De quién estaba más cerca Beckett? La respuesta es la medida de cuánto lo entendió cada uno.

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