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Así es la casa de quienes hacen las oficinas a las mayores startups californianas

Mariana Kratochwil
Inés Marini
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30 de agosto de 2018  

A 25 minutos de San Francisco, muy cerca de la Universidad de Berkeley, sumida en los bosques de Orinda: en esa calma de caminos sinuosos y pinos está la casa de Verda Alexander y Primo Orpilla, fundadores de Studio O+A. Desde hace años, se especializan en la creación de espacios de trabajo innovadores para clientes de las grandes ligas tecnológicas como, por ejemplo, Alibaba, Cisco Systems, Microsoft, Uber y Yelp.

Verda y Primo se conocieron en la secundaria y, desde entonces, son equipo. Californianos ambos, estudiaron en su Estado: él arquitectura; ella, arte y paisajismo. Se complementan, se nota. Él no disimula cuánto la admira. Por eso, seguramente, siempre haya parecido buena idea trabajar juntos. "Empezamos haciendo diseño de interiores y, enseguida, nos metimos de lleno en los espacios de trabajo: nos interesaba influir en el lugar donde la gente pasa el 80 por ciento de su tiempo", cuenta Verda, que está acariciando la idea de abandonar los suburbios ahora que su hijo, Apolo, tiene 15 años.

"Nos mudamos a las afueras de la ciudad cuando él nació, como tantos padres jóvenes, pero nos gustaría volver a aprovechar más la movida cultural de San Francisco ", dice Primo. Igual, les cuesta dejar la casa, una obra única de David Boone, arquitecto que tiene bastante en común con ellos: en los 70, fue él quien diseñó el hábitat de los titanes de la industria del momento (como IBM, que para muestra vale un botón). El paralelismo no deja de sorprender. Ellos dicen que lo que los conquistó fue el diseño. Es lógico creerlo: el azar resulta mucho más razonable que un plan maestro para caminar en las huellas de otro.

Primo Orpilla y Verda Alexander, creadores de Studio O+A, en su propio espacio, en todo de acuerdo con su convicción de que hábitat = fuente de estímulo e inspiración.
Primo Orpilla y Verda Alexander, creadores de Studio O+A, en su propio espacio, en todo de acuerdo con su convicción de que hábitat = fuente de estímulo e inspiración. Crédito: Daniel Karp

Sobre la mesa de comedor, artefacto de luz ‘Gala’ ( Rich, Brilliant & Willing), el mismo que usaron para las oficinas de Uber. Los fascinó su diseño orgánico, con formas de vidrio soplado inspiradas en frutos que cuelgan de un árbol.

No se alteró la estructura de la casa, que tiene el lujo de ventanales a medida. Verda sólo cambió el color de las paredes con varios tonos de gris.
No se alteró la estructura de la casa, que tiene el lujo de ventanales a medida. Verda sólo cambió el color de las paredes con varios tonos de gris. Crédito: Daniel Karp

Acompaña el sillón azul de Piero Lissoni el collage y acrílico LAX (1990) de Verda Alexander. "Me inspiré en el edificio central del aeropuerto internacional de Los Ángeles, de un estilo modernista y hasta alienígena", comenta divertida. Sobre la chimenea, herramientas para trabajar el cuero en una composición del artista Michael Ricardo Andreev.

Si su estilo de trabajo tiene un enfoque amplio que suma al diseño el aporte del artista y del escritor, en casa, las obras de arte de Verda agregan la cuota de narración creativa.

La forma trapezoidal de los ventanales sigue la inclinación del techo a un agua, que en la cocina y el comedor-diario lineales se abren con dos tragaluces.
La forma trapezoidal de los ventanales sigue la inclinación del techo a un agua, que en la cocina y el comedor-diario lineales se abren con dos tragaluces. Crédito: Daniel Karp

En el living-comedor integrado, conviven muebles italianos de última hora con creaciones de Philippe Starck y sillas con estructura tubular de ratán (McGuire). "Me parece fantástico que el resurgimiento de la estética años 50 haya hecho conocer el trabajo de Eames o Nelson… ¡Pero creo que ya está!", dice Orpilla, entusiasta del eclecticismo contemporáneo.

Los ambientes son pocos, pero transparentes, con mínimas divisiones y una altura que los agiganta.

No se cansan de decir que lo que les atrajo de la casa es su diseño impecable antes que la leyenda. Todo tiene tanta actualidad y buen corte que la cocina conserva sus muebles de fórmica originales.

Pasando junto a "Quesada Revisited" (otra obra de la dueña de casa que esta vez recrea las fachadas de una vereda), Primo Orpilla conversa con nuestra directora editorial, Mariana Kratochwil, en el corredor que vincula el área privada con la social.
Pasando junto a "Quesada Revisited" (otra obra de la dueña de casa que esta vez recrea las fachadas de una vereda), Primo Orpilla conversa con nuestra directora editorial, Mariana Kratochwil, en el corredor que vincula el área privada con la social. Crédito: Daniel Karp

En el hall de entrada, pieza de papel maché de Alexander inspirada en los mostradores de las farmacias alemanas del siglo XIX. En la planta baja también se ubica su taller de pintura.

Vida y obra

  • "Uno de los volúmenes se abre hacia adentro y otro hacia afuera, clara síntesis de lo que pensaba el arquitecto y primer dueño de casa, David Boone, acerca de la división entre vida diaria y trabajo en casa".
  • "La parte social no mira a la bahía lejana: mira a la montaña, mete a la naturaleza adentro. Toda una decisión arquitectónica y paisajística".
  • "En los diez años que vivimos acá, sólo pintamos el exterior dos veces en un color similar al que estaba documentado. Todas las fotos a las que tuve acceso mostraban la madera teñida. Si se deja al natural, el cedro y la secuoya, que es lo que más se usa en esta zona, se ponen grises".
  • "La ubicación, la disposición de los ambientes, te hace flotar. Hay algo de casa de árbol".
  • "El paisajismo que se hace acá es, necesariamente, un ‘paisajismo de sequía’. No hay agua para césped ni flores exóticas. Eso no quiere decir que no sea de gran belleza".

Como está inmersa en el bosque de Orinda (muy cerca de la Universidad de Berkeley), sólo desde el contrafrente empinado se distinguen bien los dos volúmenes unidos por un pasillo transparente de esta casa, que el arquitecto David Boone construyó para él y sus dos hijos en los años 70.
Como está inmersa en el bosque de Orinda (muy cerca de la Universidad de Berkeley), sólo desde el contrafrente empinado se distinguen bien los dos volúmenes unidos por un pasillo transparente de esta casa, que el arquitecto David Boone construyó para él y sus dos hijos en los años 70. Crédito: Daniel Karp

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