¿Qué hago con mi pasado doloroso?

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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30 de agosto de 2018  • 01:08

Todos los seres humanos guardamos en nuestra historia personal cosas buenas y también recuerdos dolorosos y penosos. Muchos han atravesado una infancia difícil. ¿Qué podemos hacer con nuestro pasado? Básicamente hay tres caminos posibles:

1. Repetir la historia. Significa continuar copiando, por ejemplo, el carácter que tenían mis padres. Si mi papá era agresivo, yo sigo siendo agresivo; si en mi familia todos peleaban y discutían, yo continúo discutiendo con mi actual pareja; si me crié en una casa sin motivación y sin estímulos, hoy sigo caminando sin proyectos en la vida. Podemos repetir desde maneras de pensar y de sentir hasta formas de actuar.

2. Transformarlo en lo opuesto. Este es un mecanismo de defensa que en psicología se denomina "formación reactiva". Consiste en transformar una situación particular o una conducta en otra contraria. Por supuesto, esto se hace de modo inconsciente. Por ejemplo, si yo tuve un papá melancólico, me convierto en una persona maníaca. Si tuve una mamá avara, ahora soy un derrochador. Lo interesante en este tipo de conductas es que, a pesar de ser la antítesis de lo que padecí, continúo unido a eso. La razón es que el patrón sobre el que se construye lo opuesto es el temor a repetir lo mismo, logrando así un efecto paradójico porque se obtienen exactamente los mismos resultados. Si mi papá era melancólico y tenía pocos vínculos, poca capacidad de disfrute y de placer, al volverme yo maníaco, también tengo vínculos escasos y superficiales y no logro disfrutar de la intimidad. Si en mi casa había privación y mi mamá era avara, lo cual implicaba que no se podía disfrutar ni conectar afectivamente con el placer, al ser yo derrochador, sucede lo mismo: no disfruto de nada y termino vacío.

3. Construir mi propia historia. Es cierto que nuestra infancia es muy importante pero no es condicionante. Todos contamos con la libertad y la fortaleza interior para transformar y construir una nueva historia a través del poder de las decisiones, del amor, de la amistad, de los proyectos. Con nuestro propio crecimiento personal, podemos ir construyendo una historia diferente: la nuestra.

Cuando me dirijo a los adolescentes, me gusta compartir con ellos el siguiente gráfico:

En la primera opción, donde Bernardo está tachado y queda Stamateas, no he podido construir mi propia identidad porque he sido sobreprotegido y absorbido por mi herencia.

En la segunda opción queda Bernardo y Stamateas está tachado. Eso simboliza mi nombre, lo mío; mientras que Stamateas es mi herencia. El adolescente desea diferenciarse de sus padres y los enfrenta haciendo lo opuesto de lo que ellos le puedan plantear. Aquí uno quiere ser libre y armar su propia historia, pero renegando de su herencia.

En el tercer caso aparece Bernardo Stamateas porque pude unir mi propia construcción (Bernardo) con mi herencia (Stamateas). Colocar juntas ambas cosas quiere decir que he podido construir una nueva identidad, aceptando la herencia y la influencia que tuve pero, a la vez, teniendo mis propias decisiones e historia.

¿Cómo construir una nueva historia?

  • a. Haciendo activamente lo que sufrimos pasivamente. ¿Qué significa esto? A todos nos habría gustado que nuestros padres, tal vez, nos hubieran dado más cariño, más amor, más motivación, más abrazos, etc. Si yo tuve una carencia en ese aspecto, ahora puedo sembrarles esa "semilla" a mis hijos. Si me hubiera gustado recibir más motivación en mi familia, ahora puedo motivar a mis hijos. De esa forma, se transforma activamente lo que uno sufrió pasivamente. Y al hacerlo, algo del propio pasado se sana. Si me hubiera gustado recibir más cariño, ahora puedo brindarles cariño a quienes me rodean, pareja, hijos, amigos, etc., haciendo que aquello que me hubiera gustado recibir a mí lo reciban otros. Es decir, que nunca es tarde para disfrutar de una infancia feliz.
  • b. No confundiendo el ser con el hacer. Muchas veces, cuando nos critican o nos sucede algo negativo, confundimos el hacer con el ser porque se ve afectada nuestra estima y nuestra valía como seres humanos. Nosotros valemos por quienes somos. ¿Qué le sucede a la persona controladora? Controla sus emociones y controla a los demás porque le tiene miedo al desamparo y el otro es un "vestido" que lo abriga. ¿Por qué le cuesta cambiar sus ideas a la persona rígida? Porque la idea es un "ropaje" que lo abriga frente al miedo a quedarse desnudo, desamparado (la plataforma del control). En el fondo, existe el temor de perder el ser.

Cuando uno logra descubrir que es valioso simplemente por el hecho de ser persona, ser humano, por existir, sabe que es digno de amar y ser amado. Entonces ya no nos importa lo que sabemos, lo que tenemos y lo que hacemos, pues somos conscientes de que fuimos hechos a la imagen del Creador y esto nos permite encender esa chispa con la que somos capaces de elaborar una nueva historia en nuestra vida cada día, y también de ayudar a los demás a crear su propia historia mejorada.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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