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Disminución relativa del número de atentados terroristas

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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30 de agosto de 2018  • 02:10

El flagelo del terrorismo contemporáneo nos ha cambiado la vida. A todos. Hoy es prácticamente imposible sentirse seguro en cualquier lugar del mundo y éste es el efecto perseguido por los atentados terroristas que esencialmente procuran infundir el miedo. Pero también nos ha cambiado la vida cotidiana, obligándonos a tener que atravesar, constantemente, mecanismos de seguridad con los que las sociedades apuntan a prevenir los atentados terroristas. Esos mecanismos nos llenan con frecuencia de mal humor. Pero son absolutamente necesarios y -más aún- parecieran estar dando resultados aceptables.

La naturaleza y forma de los atentados terroristas va cambiando y es cada vez más variada, y esto genera naturalmente las dificultades consiguientes en quienes, desde el Estado, tienen la responsabilidad de protegernos a todos.

La universidad norteamericana de Maryland publica una estadística que detalla el número de atentados terroristas que se producen, año a año. Ese número, el año pasado, esto es en el 2017, reflejó, por tercer año consecutivo, una disminución sensible en la cantidad de atentados terroristas a lo largo y ancho del mundo.

El número de atentados, respecto del año anterior, disminuyó un alentador 20%. Y el número de víctimas inocentes cayó un 24%.

Con todo, las cifras son aún muy impresionantes. El año pasado hubo 10.900 atentados terroristas en el mundo. Esto es unos 30 por día, incluyendo sábados, domingos y feriados. Esos atentados produjeron la muerte de 26.400 personas. Esto es, de 72 personas por día. Los números son de horror, pero en el 2014 los atentados terroristas generaron nada menos que 123 muertes por día, incluyendo aquellas que afectaron a los propios victimarios terroristas.

En el caso particular de Europa, el número de atentados terroristas en el 2017 aumentó levemente, pero el número de víctimas disminuyó el 65%.

Para tener una idea acerca de la efectividad de los mecanismos de control del terrorismo que están en marcha, en Gran Bretaña solamente, a estar a lo señalado por la Primer Ministro Theresa May, el gobierno pudo frustrar nada menos que 13 atentados terroristas que estaban siendo planeados por distintos grupos violentos islámicos.

La mayor parte de los atentados terroristas todavía ocurren en Medio Oriente y en África. Pero también allí los números del año pasado sugieren que el total de episodios cayó, en el 2017, un 38% y el número de víctimas, un 44%.

Lo sucedido se atribuye fundamentalmente a la pérdida de poder del ahora golpeado Estado Islámico, movimiento que hoy alimenta la mayor parte de los esfuerzos terroristas. Algo parecido sucedió también con el repugnante movimiento terrorista africano Boko Haram.

Los Estados Unidos, en particular, han podido sustraerse fundamentalmente del terrorismo. Por esto, desde el 2014 hasta hoy el terrorismo sólo produjo 27 asesinatos en los Estados Unidos. No obstante, las encuestas sugieren que la cuestión del terrorismo sigue siendo bien importante en las agendas electorales norteamericanas. Es ciertamente difícil olvidar el demencial horror que destruyera, en su momento, a las Torres Gemelas. El rechazo al terrorismo y las prevenciones sobre el mismo son creencias particularmente fuertes entre los votantes republicanos. Por esto sus líderes políticos baten constantemente este parche a lo largo de las campañas electorales en las que participan.

Con todo, la aparente derrota del Estado Islámico no puede leerse necesariamente como un alivio. O como el final de una larga pesadilla. Ocurre que muchos de sus curtidos militantes, al terminar los conflictos en los que participaban o al desbandarse, regresaron a sus países de origen, en donde no es imposible que de pronto se transformen en peligrosísimas células "dormidas", con una importante capacidad de daño.

Lo que nunca debe hacerse en este tema es bajar la guardia. Jamás. Las consecuencias pueden realmente ser terribles. Para nuestro país, que ha sido víctima de atentados enormes perpetrados por el terrorismo, la obligación de estar alerta es tan prioritaria como irrenunciable para todos sus gobiernos.

Pero es la sociedad toda la que tiene que enfrentar constantemente la irracionalidad y el fanatismo que alimenta a los terroristas que, en su locura, no titubean cuando de atentar contra civiles inocentes se trata. De alguna manera ello evidencia la pérdida de humanidad que los mueve a no vacilar en matar y dañar a personas inocentes, lo que siempre es naturalmente injustificable.

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