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Hambre de futuro

Salud: Un lugar en el que la mínima dificultad puede transformarse en tragedia

Micaela Urdinez
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2 de septiembre de 2018  • 23:11

Entre la vida y la muerte. Así pasan sus días las familias que viven en los parajes del Salado Norte, en Santiago del Estero. En muchos ni siquiera hay salitas de primeros auxilios, y en otros, solo pueden atender lo urgente.

Todo lo demás es derivado a las ciudades más cercanas, que tampoco cuentan con un sistema de salud de calidad. En el caso de los partos, es muy probable que las mujeres los tengan solas en sus casas, de camino al hospital, y en el mejor de los casos, sólo asistidas por una enfermera.

Un año atrás, a Celia Palavecino le tocaron la puerta de su casa a la madrugada: era una mujer que estaba a punto de parir. Habían llovido más de 100 milímetros y no había posibilidades de que llegara la ambulancia. Repasó en su cabeza todo lo que había aprendido en la teoría y atendió su primer parto. "No sabía qué hacer. Preparé mi casa para asistirla y nació una bebé de 3,7 kilos. Por suerte salió todo bien", dice todavía con miedo porque no está habilitada para esa tarea. Ante la urgencia, todos se convierten en médicos.

Palavecino es agente sanitaria en la zona de Manga Bajada, en el monte santiagueño, hace 12 años. Tiene 125 casas asignadas, que va visitando todas las mañanas. A las 8 de la mañana se sube a su moto y arranca su recorrido. A cada lugar que llega, golpea las manos, porque la mayoría no tienen puertas. "Hay pocos casos de chicos con desnutrición en la zona. En este tiempo de invierno lo que más se ve es gripe, fiebre y un poquito de diarrea", explica.

En casos de urgencias, tienen una radiobase en la posta sanitaria con la que llaman al hospital de San José de Boquerón que queda a 15 kilómetros. Una de las preocupaciones de las familias, es la contaminación de arsénico en el agua. "El otro día un señor que tomaba agua de la surgente se puso todo negro y está en tratamiento en Santiago del Estero. Se le cambió de color la piel, la lengua, el paladar y creen que es por el arsénico", dice.

La gente la conoce, la recibe y la hace pasar. Entre mate y mate, los revisa, les toma la presión y les reparte los medicamentos necesarios, que nunca alcanzan. "Lo que más necesitamos es ibuprofeno, paracetamol para atender la fiebre y algunos antibióticos", pide Palavecino.

El aislamiento y la poca oferta de salud, aumenta de manera considerable las muertes, y también los casos de menores con discapacidad por complicaciones en los partos. "En el pueblo vemos muchos chicos con discapacidad. También estos últimos años hubo muchas muertes de nenitos por desnutrición, muchos de los cuáles tenían enfermedades patológicas. A uno lo tenían que operar del corazón y no podían porque tenía bajo peso y otro tenía parálisis cerebral y se terminó muriendo de neumonía", explica Carolina Schahovskoy, directora del uno de los centros de Haciendo Camino en Monte Quemado.

Según las Estadísticas Vitales de la Dirección de Estadística e Información de Salud de la Nación, el índice de mortalidad infantil era de 10,7, en 2016, para Santiago del Estero. En Tierra del Fuego, era de 6,7.

Hay pocos casos de chicos con desnutrición en la zona. En este tiempo de invierno lo que más se ve es gripe, fiebre y un poquito de diarrea

A Lucrecia Gil Villanueva, trabajadora de la Secretaria de Agricultura Familiar y coordinadora del Plan Nacional de Primera Infancia en San José de Boquerón, la salud la desvela. Y la angustia ver la cantidad de horas, de plata y de tiempo que las familias pierden tratando de encontrar una cura para lo que tienen. "El 20% de los niños necesitarían algún tipo de tratamiento complejo que no existe. Por eso pasa que un chico con una sordera leve se transforma en una pensión por discapacidad. Son todos casos prevenibles", dice.

Para Sebastián Quintana, de Haciendo Camino, en temas de salud lo más grave es el acceso. "En Los Tigres y Urutaú cuentan con postas sanitarias que no siempre tienen atención y eso hace que tengan que derivar los casos al hospital zonal de Monte Quemado que está prácticamente vacío. Para cualquier caso de emergencia se tienen que ir a Santiago que tardan cinco horas o a Sáenz Peña que demoran tres", explica.

En el hospital de Monte Quemado, por ejemplo, no hay pediatra, ni anestesista ni cirujano y muchas mujeres dan a luz con una enfermera. Es una atención primaria básica.

El hermano Rodrigo Castells también reconoce que hay muy pocos médicos en la zona y que eso hace que el sistema de salud sea muy frágil. "Hay algunas postas sanitarias pero que no llegan a todos los parajes de este monte en el que vivimos. Eso hace que el Chagas sea un problema importante porque su atención y su seguimiento no es bueno", concluye.

Se le quedó la placenta adentro durante el parto

Vilma Loto vive en Los Tigres, un paraje ubicado sobre la ruta nacional 16, en el que viven cerca de 50 familias.
Vilma Loto vive en Los Tigres, un paraje ubicado sobre la ruta nacional 16, en el que viven cerca de 50 familias.

Vilma Loto disfruta de cada mamadera que le da su hijo Fabrizio, de dos meses, de manera especial. Casi muerte en el parto y siente que cada momento compartido, es un regalo. Ella vive con su marido y su otra hija Ivette, en Los Tigres, un paraje ubicado sobre la ruta nacional 16, en el que viven cerca de 50 familias.

Cuando una noche de junio empezó con contracciones, llamó a la ambulancia y no pudo creer la respuesta que escuchaba: "No querían venir porque decían que les estaba mintiendo y finalmente tuve que llamar a un remis para que me lleve".

Fueron 35 los kilómetros que hicieron desde su casa hasta el Hospital de Monte Quemado. A la 1:40 de la madrugada pudo tener a su hijo en brazos. "Él ha nacido bien pero no me podían sacar la placenta. Esperaron a ver si salía sola y dos horas después me trasladaron a Santiago del Estero", cuenta Loto.

Lo que recuerda de ese largo camino de casi cinco horas era seguir sintiendo un profundo dolor de parto. Iba con suero y tenía a su hijo recién nacido con ella. "Eran como contracciones y estaba asustada porque en el parto anterior no había pasado nada", agrega.

Llegó a la capital de la provincia cerca de las 6 de la mañana y la llevaron a terapia. Después de un par de pujos, lograron sacar la placenta. Vilma quedó internada tres días más y le dieron la peor noticia: no podía tener más hijos.

"Pensaba ir a Santiago con mi mamá para hacerme la ligadura de trompas. Ahora estoy tomando pastillas que me dan en el hospital", explica.

Como quiere hacerle un control a Frabrizio y en la salita de Los Tigres la enfermera va "a veces", Vilma está esperando a que una conocida que trabaja en la Mesa de Entradas del Hospital de Monte Quemado, le avise cuando el médico vaya a atender.

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