Un accidente le cambió el destino laboral y hoy es el primer orfebre con 3D del país

Juan Manuel Romero estuvo en coma una semana. Y seis meses sin poder volver a su empleo. En ese tiempo pensó qué lo apasionaba, se decidió por hacer joyas y hace semanas abrió el primer taller 3D del país.
Juan Manuel Romero estuvo en coma una semana. Y seis meses sin poder volver a su empleo. En ese tiempo pensó qué lo apasionaba, se decidió por hacer joyas y hace semanas abrió el primer taller 3D del país. Crédito: Gentileza de Quimbaya
Gabriela Origlia
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30 de agosto de 2018  • 10:13

CORDOBA. Un accidente laboral que le provocó quemaduras importantes en la cara y en las manos cambió el destino de Juan Manuel Romero. Estuvo en coma una semana y seis meses sin poder volver a su empleo. En ese tiempo pensó qué lo apasionaba, qué podía llenar el "vacío" laboral que sentía. Se decidió por las joyas, por volcar su habilidad manual y creatividad a la orfebrería.

Hace unas semanas el taller de Romero en Córdoba se convirtió el primero en el país en imprimir en 3D sus piezas, lo que le permite reducir tiempo y costos, dándole una ventaja "súper competitiva". Marcela Acrich, la pareja del orfebre, se convirtió en el impulso definitivo para ganar escala manteniendo la "creación personalizada".

"Quimbaya" es el nombre del emprendimiento. Su significado reúne las dos pasiones de Romero, las joyas y los viajes. Es una civilización colombiana que se dedica al trabajo en oro y plata y fue el primer lugar al que fue después del accidente y de su recuperación.

Acrich es ingeniera industrial y siempre trabajó en esa área, pero en comercialización. "Cuando empezamos a salir yo veía que los diseños eran una 'bomba' pero que le faltaba la parte comercial; no me metía porque a él no le gustaba", sostuvo.

El orfebre cordobés no reniega de la tecnología: recibe pedidos y manda fotos de los productos por whatsapp
El orfebre cordobés no reniega de la tecnología: recibe pedidos y manda fotos de los productos por whatsapp Crédito: Gentileza de Quimbaya

La oportunidad de "meterse" llegó a dos días de emprender un viaje juntos a Europa. A Acrich la despidieron de su trabajo y, en paralelo, supo que estaba embarazada. Aprovecharon las horas en tren para diseñar un plan para el regreso.

Romero -quien se formó en una escuela de orfebrería de la Cámara de Joyerías de Córdoba- empezó a trabajar en alpaca pero, cuando les fue mejor, se dedicó a la plata 925 y al oro 18 quilates. Todas sus joyas son 100% artesanal.

"Nos empezó a ir muy bien; las ventas crecían y decidimos sacar el taller de casa y sumar a un orfebre más -cuenta Acrich-. Comercializamos a través de nuestra web, de Mercado Libre y personalmente". Ella es la encargada de la estrategia de marketing y comercial pero hizo un curso de orfebrería para poder costear las piezas conociendo el tiempo que demandan.

"La creatividad no es lo mío; a ellos les fluye, parece genética su habilidad manual", dice en referencia a su pareja y a su cuñado, Juan Ignacio, el otro orfebre. En "Quimbaya" venden alrededor de 1,5 kilos de plata por mes (una pieza, en promedio, pesa 10 gramos); los valores van entre los $800 y los $4000 y hace unos días lanzaron una línea económica, desde $350.

Tecnología a la orden

Con la decisión tomada de no hacer "joyas enlatadas" y de mantener la personalización y la originalidad del diseño, se anotaron en un evento organizado por la Universidad Blas Pascal en donde alumnos de la Escuela de Negocios diseñaban planes. Quedaron entre los siete elegidos de varias decenas de postulantes.

El plan sugirió incorporar la impresión 3D para reducir costos y así se convirtieron en el primer taller de orfebrería de Argentina en aplicar la técnica. La clave es que hacer un molde rinde económicamente a partir de las cien piezas y a este emprendimiento, por su perfil, no le rendía.

"Nunca fundimos por eso; ahora en la misma impresión podemos hacer la base para 60 anillos anillos diferentes". Un molde implica cerca del 8% del costo total de una pieza. Acrich admite que, en un principio, sólo cuantificaban el costo de los materiales. "No incluíamos el tiempo de los orfebres; nos alcanzaba con poder pagarnos un sueldo a cada uno. Con el plan de negocios aprendimos a afilar el lápiz".

Además de la impresora 3D (trabaja sobre resina) sumaron la licencia de un software que permite hacer un render de la pieza antes de hacerla. "Baja la ansiedad del cliente y acorta el tiempo; le mandamos el diseño y entonces, después, difícilmente no le va a gustar".

Disfrutan de tener pedidos de todo el país. "Este es un segmento no muy explotado; hay ventas online pero de joyas 'enlatadas' y seguro que hay orfebres mejores, pero sin contacto directo con el cliente. Con nosotros pueden elegir de la colección, hacer cambios sobre esas piezas o pedir lo que quieran. Al rato por whatsapp tienen el diseño y el presupuesto. Es todo muy dinámico", dijo.

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