El desafío de comprar ropa por Internet

Guillermo Tomoyose
Guillermo Tomoyose LA NACION
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2 de septiembre de 2018  

Hay diferentes formas de salir de compras. Está presente la modalidad de paseo, con un recorrido por calles y avenidas emblemáticas. También se pueden visitar las tiendas departamentales y los shoppings. El recorrido por el mundo real tiene opciones para todos los gustos.

Para los perezosos, los couch potatos del mundo virtual (¿la gran mayoría de los usuarios de Internet?), están las tiendas virtuales al alcance de un clic. El comercio electrónico es un mundo virtuoso que impulsó muchas áreas e industrias, que abarcan las tareas cotidianas y profesionales, y que por supuesto tuvo su impacto en el mundo creativo de la moda. Punto para el mundo online: ahora me resulta más emocionante un unboxing (de ropa, tecnología o lo que sea) que llevar bolsas de diferentes tiendas en un día de compras.

Al margen de todo esto, las grandes compañías tecnológicas no pierden tiempo para desarrollar propuestas que van más allá del conocido carrito virtual. Amazon tiene el servicio Prime Wardrobe, un sistema donde el comprador puede elegir varias prendas, calzados y accesorios, solicitar su envío a domicilio y devolver lo que no se ajusta a su talle o estilo dentro de un período de siete días. La compañía también ofrece Echo Look, una cámara inteligente que incluso ofrece combinaciones de prendas.

En cualquier momento llegan los espejos inteligentes, con información en tiempo real o cámaras adicionales. Otros son más simples, pero no por eso menos útiles: Japan Display, el mayor fabricante global de pantallas para smartphones, tiene un modelo que graba al usuario y le permite, con una pequeña demora, ver cómo luce la espalda con un vestido o traje.

Estos avances en algún momento llegarán por estos pagos. A la fecha, lo más concreto es el recurso casero de la compra vía WhatsApp. Nada de pagos a distancia o sistemas complicados de entender: en este caso, alguien desde una tienda física pueden enviarte sugerencias mediante fotos y videos. La confirmación va por texto o emoji, y el pago se resuelve en persona. Por supuesto, este método requiere de mucha paciencia del otro lado y no está exento de problemas: recuerden los ríos de tinta (y bits) que insumió el debate de alcance global para distinguir si en una foto se veía un vestido blanco y dorado, o una versión en azul y negro.

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