Brillante e intenso itinerario de lo imaginado a lo padecido

Fuente: LA NACION
31 de agosto de 2018  

Lo salvaje. Dramaturgia: Mariana Silva Yrigoyen. Intérpretes: Martina Iglesias, Laila Duschatzky y Francisco Donovan. Escenografía e iluminación: Santiago Badillo. Vestuario: Gisela Mancuso. Música y diseño sonoro: Patricia Casares. Dirección: Nacho Ciatti. Sala: Espacio Callejón, Humahuaca 3759. Funciones: sábados, a las 22.30. Duración: 75 minutos. Nuestra opinión: muy buena

Más que nunca, la realidad estimula y abre una lectura con ojos nuevos, amplios, inclusivos. Un universo extendido a la empatía que ha incorporado la desigualdad entre los géneros como el tema central a la hora de hablar de derechos. En los últimos años, las artes escénicas -desde el off hasta el paseo La Plaza, incluido el stand up- cambiaron el aire con la palabra de las mujeres, en plural, sus discursos, sus puntos de vista, su otro lado de lo naturalizado por la costumbre impuesta. En este mapa de territorios a refundar, Lo salvaje es alta celebración teatral: por la inteligencia y sensibilidad de Nacho Ciatti en la puesta y dirección de actores, y por el texto y el foco que la dramaturga peruana Mariana Silva Yrigoyen eligió dar visibilidad. Nada menos que la madre del borrego de todas las diferencias de las parejas en la actualidad: la tensión entre la vida familiar y los proyectos individuales, una batalla de resistencia que los hijos miran y donde casi siempre, las mujeres pierden.

Cualquier similitud con la realidad no es pura coincidencia: Sofía es una periodista y documentalista exitosa, sin hijos y al borde de bajar la pendiente de la fertilidad; Daniel estudió cine pero no logra despegar todavía ni profesional ni económicamente; es padre de Clementina, de 9 años, que vive con él y los abuelos. El amor los encuentra y los une en un intento de familia, con rutinas y cansancios de agenda, cuyo mayor peso carga esta mujer que no se resigna a perder sus sueños aunque la mochila se multiplique y el viaje agote. Hasta que llega un cambio de ecuación y la triste confirmación de que la reciprocidad no funciona: cuando las condiciones ya no sean las mismas, Daniel buscará otra "unidad política" -como llaman al grupo familiar- donde refugiarse.

Desolación de una mujer que apostó y a los cuarenta se quedó con las manos vacías. Salvaje es la competencia del que no duda, salvaje es el ciclo vital de los óvulos, salvaje es la supervivencia en un medio hostil, salvaje es la selva que Sofía siente que la invade en su casa vacía. Salvajes son también los latidos que la guían, como tambores, a seguir el camino.

El itinerario del presente al pasado, de lo imaginado a lo padecido, se presenta en un escenario marcado por varias líneas de luces paralelas al espectador que se prenden y apagan o cambian de color, y por donde los personajes se mueven y crean espacios y distancias. Durante toda la obra, mientras padre e hija usan ropa de calle, Sofia permanece siempre con un pijama, como si el tiempo de encierro rumiando recuerdos no terminara nunca. La economía de recursos con lo que está contada no hace otra cosa más que poner en primer lugar el poder de la actuación para hechizar a un público entregado a la convención narrativa.

Presentada en junio en el tercer Festival Internacional de Dramaturgia, el director condensó las 120 páginas del texto original a 82 para que la duración no supere la hora y cuarto, un límite que no debería extenderse para no perder fuerza dramática. Si se pasan con el tiempo, es quizá porque los actores no quieren soltar esta obra que abrazan con pasión: Laila Duschatzky y Francisco Donovan interpretan con profunda intensidad a la pareja en el subibaja de deseos y satisfacciones cumplidas e incompletas mientras que la pequeña Martina Iglesias tiene una desenvoltura encantadora e, igual que a Sofía, dan ganas de cobijarlas ante tantos paraísos prometidos y robados. La obra comienza con los tres en el centro, abrazados, con un haz de luz que los recorta de la soledad. Son largos segundos de ternura en los que ya está inscripta la ruptura, una foto de la levedad, poesía de un ideal resquebrajado que nadie sabe cómo sanar.

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