Preguntas para chicos inquietos

Verónica Chiaravalli
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2 de septiembre de 2018  

La ocurrencia tiene un origen simple. Hernán Grecco es doctor en Física y padre de niños curiosos. Después de haber pasado una jornada entera respondiendo en su laboratorio las interminables preguntas de sus vástagos acerca de su trabajo, concibió la idea de escribir un libro para chicos tan inquietos como los suyos (y, como afirma la propia editorial Iamiqué, "para padres y maestros en aprietos"), sobre los rudimentos de su disciplina, aplicados a la vida cotidiana. El final es feliz: Física hasta en la sopa (con ilustraciones de Pablo Picyk) explica de manera sencilla los principios que hacen posibles innumerables fenómenos de la vida diaria, magnos o minúsculos pero tan incorporados a nuestra cotidianidad que ya no reparamos en ellos.

Fuente: LA NACION

A lo largo de un día de picnic en el parque compartido entre padre e hijos, desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, Grecco va soltando las preguntas (y las respuestas) que dan contenido a su libro: ¿por qué calienta el sol?, ¿cómo enfría la heladera?, ¿la sirena cambia de tono cuando se aleja?, ¿qué es un cortocircuito?, entre muchas más. A modo de cierre pero no de despedida, los editores proponen una breve guía de actividades y lecturas complementarias, para quienes quieran seguir investigando.

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Cuentos para pequeños de 8 años en adelante. De eso se trata ¿Tiene un libro de brujas? (Comunicarte), de Adriana Fernández y el ilustrador Leo Frino. Tres relatos integran esta breve pieza: el que le da título, "¿Dónde está Centeno?" (caray con ese nombre, aunque en este caso corresponde a un cachorro enamorado) y "Patito Rodríguez", la historia del pato más pulcro de la Bahía de Samborombón y su romance con la pata Brava.

Fuente: LA NACION

Son narraciones sobre la amistad a pesar de las diferencias y los prejuicios, y sobre las complejidades del amor, expuestas en un lenguaje que las vuelve comprensibles (y naturales) para el público infantil. Así, en "¿Dónde está Centeno?", los padres de Ramiro están a punto de separarse; pero algo cambia milagrosamente en esa relación y deciden seguir juntos. Y unas páginas más adelante, Rodríguez y Brava eligen compartir estanque, vida y totoral, pero cada uno en su propia casa.

Pero el cuento más redondo es el primero. "¿Tiene un libro de brujas?" es la pregunta con la que comienza su disparatado asunto, ya que el librero interpelado libros de brujas no tiene, pero lo que sí tiene es una bruja verdadera, chiquitita, que deambula por los estantes y que la clienta se llevará a su casa lo más oronda. Entonces, claro, empieza el embrollo.

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