Temporada de ballenas: Madryn vive su gran fiesta del reencuentro

Comienza la mejor época del año para ver ballenas, pingüinos, lobos, elefantes marinos y orcas en el mar patagónico de Península Valdés Fuente: LA NACION
2 de septiembre de 2018  

Esa tarde, en el Aeropuerto de Trelew, hay una tensión extraña. Nada especial suele pasar en la pequeña y ventosa estación aérea, más allá del avión de Aerolíneas que llega y se va cada día, pero en ese vuelo viene un famoso, aunque nadie lo haya notado en las casi dos horas de viaje desde Buenos Aires.

Ya en la zona de escaneo de valijas, arranca la batucada, se ven pancartas y cae el misterio: el que llega es el boxeador Lucas Matthysse, crédito local del barrio humilde de las Mil Viviendas, que viene de perder el título mundial contra Manny Pacquiao y está a dos semanas de anunciar su retiro definitivo.

Para quienes llegaron a Trelew solo para alquilar un auto y partir a Puerto Madryn, estas cuestiones pugilístico-sentimentales de peso supermosca no tienen nada que ver con el plan de los próximos días. A saber: ballenas, pingüinos, lobos, elefantes marinos, orcas y todo lo que el atribulado mar patagónico tiene para ofrecer en esta época del año, que para los expertos es la mejor si se quiere ver a estos mamíferos (y aves) desperdigados en el mismo paisaje.

Si uno se fija en el calendario de criaturas oceánicas verá que la segunda mitad de septiembre es el momento en el que casi todos los animales marinos de mediano y gran porte -al menos los más tribuneros- coinciden en Península Valdés. Pero no es cuestión de lanzarse así nomás al fuera de borda. Lo mejor es hacer base en Puerto Madryn y, de paso, conocer un poco la ciudad, con su estampa de localidad setentosa con salida al mar.

Mar frío, costa ventosa y cierta melancolía en un paisaje único Fuente: LA NACION

Por salvar a Gepetto

Antes de llegar a Madryn, viajando en auto desde el aeropuerto de Trelew, aparecerá primero la réplica de un gigantesco dinosaurio, el Patagotitan Mayorum, el más grande descubierto hasta ahora (los huesos los encontró el baqueano Don Aurelio Hernández, que justo andaba por ahí). Luego, escoltados por los molinos de viento del parque eólico Loma Blanca, a la vera de la ruta 3 -es doble trocha en un 60%-, y pasando frente a una cárcel desolada con alambrados que parecen de juguete en la inmensidad, se cubren los 65 kilómetros hasta Madryn.

Como toda ciudad patagónica frente al mar, Madryn tiene su postal de mar azul y helado, con una costanera ventosa y bastante melancólica si no es verano. Hay paradores para pedir rabas y fritas sobre la arena -Yoaquina, Bistró de Mar, etc.- y un muelle larguísimo llamado Luis Piedrabuena, que entra 270 metros en el océano y se deja caminar para admirar las ballenas coleteando no tan lejos.

Y aquí un dato: mucha gente piensa que la temporada alta de ballenas es en septiembre, octubre y noviembre, pero lo cierto es que ellas andan por la zona desde mucho antes (julio y agosto son meses muy buenos para verlas cerquísima desde la costa). Lo que ocurre a partir de mediados de septiembre es que también llegan pingüinos y se multiplica la población de lobos y elefantes marinos, a los que se suman las orcas para declarar cartón lleno.

Uno de los imperdibles de Puerto Madryn es el Ecocentro, que mira la bahía desde lo alto, un museo marino de los que no se ven seguido y que resulta muy amigable para ir con chicos. Tiene un esqueleto de ballena franca austral sobre la entrada y salas de exhibición muy didácticas, que responden a preguntas del estilo ¿por qué saltan las ballenas? ¿por qué a veces una orca ayuda a un lobito a volver a la costa en vez de tragárselo sin piedad? ¿qué son las mareas?

En una de esas salas, el visitante se mete en un enjambre de sogas, las mismísimas barbas de la ballena, hasta llegar a una habitación donde se escuchan los sonidos que hacen estos mamíferos y todo parece temblar (así se habrá sentido Pinocho cuando quedó ahí dentro por el asunto de rescatar a Gepetto). La entrada cuesta 210 pesos para los mayores y 140 para los que tiene entre seis y doce años.

Siguiendo la temática ballenística, el lugar al que hay que ir sí o sí es la playa de El Doradillo, en las afueras de Madryn. Primero es necesario pasar por la Oficina de Turismo para informarse sobre la tabla de mareas, un cuadrito en el que se sabe a ciencia cierta si habrá suficiente crecida para que los cetáceos pasen pegados a la costa. El espectáculo desde la playa es increíble: verlas desfilar y hasta saltar, como si estuvieran bailando para una platea que se acercó hasta ahí con mates y reposeras. Cada aparición, cada coletazo, genera asombro ( ¿la viste? ¿la viste?) y la alegría casi infantil, o en todo caso muy primaria, de estar presenciando un espectáculo que convoca a viajeros de todo el planeta.

Camino a Pirámides

Ecocentro, un museo marino de los que no se ven seguido Fuente: LA NACION

Para salir de Madryn y hacer los 94 kilómetros de asfalto hasta Pirámides se pasa frente a la gigantesca planta de Aluar, la empresa de la familia Madanes que en agosto cumplió 44 años en esa locación. Como sucedió con gigantes como Techint, que moldearon pueblos enteros (el caso de Campana), Aluar fue la compañía que creció al ritmo de Madryn, aunque la relación ha sido tirante por las severas denuncias de contaminación a lo largo de esas cuatro décadas de matrimonio fabril.

Luego, un paisaje desolado durante más de una hora y el premio del mar de Pirámides, un pueblo con mil empadronados en el que viven unas 550 personas en forma estable (un crecimiento importante si se piensa que a principios de los 80 no eran más de 40). "Hace siete años si querías mandar un mail te tenías que ir a Madryn", se acuerda Luis Pettite, ballenero y documentalista de la zona, mientras toma café en un bolichito llamado El viento viene? el viento se va.

El asunto se complica durante el verano, cuando pasan 12.000 personas por día en la primera quincena del año y colapsan casi todos los servicios, como sucedió el año pasado, una vez más. "El agua y la electricidad se cortan, el camping invade la playa y las pocas construcciones que se autorizan, que tampoco son sustentables, son para los amigos de las autoridades", denuncia el empresario hotelero Marcelo Battilana, que ante la poca publicidad oficial que se da a Península Valdés logró un acuerdo con American Airlines para promocionar el destino en las pantallitas de todos los vuelos de la aerolínea.

En Pirámides la actividad principal es el avistaje (hace cinco años la National Geographic calificó este destino como el mejor para ver ballenas en todo el mundo), ofrecido por media docena de empresas en la calle que desemboca a la playa. El ticket por adulto ronda los 2000 pesos.

La excursión es así: le dan a uno un chaleco salvavidas y se camina hasta la arena, donde un enorme tractor pone la lancha en el agua. Si el mar está agitado, la experiencia puede ser movida y nada garantiza que las ballenas se quieran asomar si están en esos días. Pero si el oleaje está tranquilo y ellas se acercan al barco, la experiencia es inolvidable. No deja de ser inquietante contemplar ese lomo negro y brilloso, que convierte en miniaturas al bote y a sus ocupantes de chalequito naranja. Para los que vayan en estas semanas el premio es mayor, porque entre agosto y septiembre el número de ballenas llega a su tope máximo: avanzan con sus crías en grupos de cópula y los recién nacidos tontonean con sus madres.

"Cuando empezó en los 80, mi viejo sacaba unas veinte personas por año a ver ballenas y salía hecho; hoy pasan unas 110.000 por temporada", cuenta Romina, hija de Tito Bottazzi, uno de los primeros que incursionaron en el avistaje en el pueblo. El pionero en la materia, al que todos siguen recordando, fue Mariano van Gelderen, quien en 1973 llevó a un grupito de siete personas a ver ballenas en su pequeña lancha. A este pelotón de iniciadores se suman nombres como Peke Sosa, Ricardo Pinino Orri, Jorge Schmidt y el propio Bottazzi. Por último, la empresa Southern Spirit tiene su Yellow Submarine, la única embarcación del lugar que permite ver las ballenas desde una cabina submarina.

A una hora y media de ripio desde Pirámides está ubicada Punta Delgada, donde funciona un hotel y restaurante, con un antiguo faro y su colonia de elefantes marinos en la costa (si se almuerza ahí se puede bajar directamente a la playa). Desde fines de agosto llegan los primeros machos, que marcan territorio y forman los harenes. Hay un macho alfa -llega a pesar hasta cuatro toneladas- capaz de dominar más de 100 hembras y también es posible identificar al beta y gamma, segundones que fecundarán a las que quedaron vacantes cuando al líder supremo se le termine la pólvora.

Otro punto ideal para espiar a estos gigantes es la elefantería de Caleta Valdés, donde también se pueden ver pingüinos desde mediados de septiembre. Aunque la pingüinera continental más grande del mundo de pingüinos de Magallanes está ubicada en Punta Tombo (más de un millón de ejemplares), también hay reservas privadas en distintos puntos de la Península, como en Punta Norte, en las estancias San Lorenzo o La Ernestina.

Otra pingüinera para visitar, a 70 kilómetros desde Madryn, es la reserva privada de El Pedral, ubicada en Punta Ninfas, donde la excursión de día completo con almuerzo y caminata guiada entre los pingüinos ronda los 3000 pesos.

Así arranca la mejor época para conocer Península Valdés. Ya están todos allá (ballenas, pingüinos, lobos, elefantes y alguna que otra orca), esperando ser avistados, fotografiados y subidos a Instagram para concederles sus dos segundos y medio de fama.ß

Datos útiles

Cómo llegar

Por Aerolíneas Argentinas a Trelew desde 4370 pesos durante septiembre. Por Andes, a Puerto Madryn, desde 4700 durante septiembre.

Alquiler de auto: desde 15.000 pesos por una semana en modelo básico familiar. Dónde dormir e n Puerto Madryn: La Posada Hotel Boutique : Ubicado en la zona sur de la ciudad, a 3100 pesos la habitación en base doble con desayuno y cochera desde septiembre. Hotel Territorio: Hacia el final de la costanera de Madryn, camino al Ecocentro, con una tarifa que arranca en 266 dólares durante septiembre. Hotel Dazzler: A pocas cuadras del muelle Luis Piedrabuena, la habitación doble frente al mar cuesta desde 2800 pesos más IVA con desayuno. Dónde dormir en Pirámides: Océano Patagonia : Suites frente al mar, con balcones sobre la playa y desayuno incluido, desde US$200 la noche a partir del 15 de septiembre. Dónde comer en Puerto Madryn: Restaurante El Almendro: cocina de autor del chef Lisandro Aristarain, con especialidad en platos mediterráneos con productos locales, en Marcelo T. De Alvear 409. Cantina El Náutico: especialidad en mariscos y comida casera, en Julio Roca 790. Oliva Negra: pizzas, ensaladas, picadas y minutas, en Julio Roca 2076. Dónde comer en Pirámides: La Estación: mariscos, hamburguesas gigantes, pastas y pizzas caseras, en Av. de las Ballenas. La Covacha: pescados y mariscos; tragos y cerveza tirada.

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