Suscriptor digital

Fuerte respaldo de los obispos argentinos a Francisco

Lamentaron el "ataque despiadado" que sufre el Papa y le expresaron su "fraterna y filial cercanía"
Lamentaron el "ataque despiadado" que sufre el Papa y le expresaron su "fraterna y filial cercanía" Fuente: AP - Crédito: Andrew Medichini
Elisabetta Piqué
(0)
31 de agosto de 2018  

ROMA.- En bloque y evidentemente conscientes del terremoto que desencadenó en la Iglesia de todo el mundo la carta de un exnuncio que pidió la renuncia del Papa por encubrir a un cardenal abusador, los obispos argentinos salieron ayer a defender a su líder máximo y compatriota, Jorge Bergoglio.

Como también hicieron en forma compacta obispos españoles y peruanos, en una carta de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), en la que no mencionaron la epístola del exnuncio Carlo Maria Viganò, los obispos argentinos lamentaron el "ataque despiadado" que sufre el Francisco. Y le expresaron su "fraterna y filial cercanía".

"Como Pueblo de Dios que peregrina en la Argentina, pastores y fieles queremos manifestarle nuestra fraterna y filial cercanía en este momento en que sufre un ataque despiadado en el que confluyen distintos y mezquinos intereses mundanos. Compartimos sus dolores y esperanzas", escribieron, en una carta firmada por Oscar Ojea, obispo de San Isidro y presidente de la CEA, y el obispo de Chascomús, Carlos Malfa, secretario general.

"Hoy, por la intercesión de Santa Rosa de Lima, patrona de América Latina, y unidos en confiada oración pedimos al Espíritu Santo que lo colme de sabiduría y fortaleza para que, como sucesor de Pedro, nos siga confirmando en la fe de la Iglesia", concluyeron.

Por primera vez también salió a reaccionar a la carta-bomba de Viganò el cardenal Pietro Parolin, número dos del Papa, que también fue acusado de complicidad en el encubrimiento del exarzobispo emérito de Washington Theodore McCarrick.

Incluso frente a cosas que crean tanta amargura, el Papa tiene la capacidad de acercarse con mucha serenidad
Pietro Parolin, secretario de Estado Vaticano

"No se puede sino expresar dolor frente a estas cosas, gran dolor", dijo a Vatican Insider Parolin, que destacó que, más allá del revuelo en el Vaticano, Francisco está tranquilo, tal como informó anteayer la nacion. "El Papa es una gran gracia. Incluso frente a estas cosas que como es obvio crean tanta amargura, y también inquietud, tiene la capacidad de acercarse con mucha serenidad".

Al igual que Francisco, Parolin prefirió no expedirse sobre la misiva del exnuncio. "Es mejor no entrar en detalles sobre esas cosas, repito lo que dijo el Papa: lean ustedes el escrito y háganse un juicio propio, el escrito habla por sí solo", indicó.

De hecho, siguen saliendo a la luz detalles que evidencian una epístola no solo llena de resentimiento, sino también incongruencias. En las once páginas del "testimonio", en efecto, Viganò acusó al Papa de levantarle las sanciones que Benedicto XVI le había impuesto al cardenal McCarrick en 2009 o 2010 por "haber corrompido a generaciones de seminaristas y curas".

Las sanciones -quizá secretas- implicaban que McCarrick dejara el seminario, no celebrara en público, no participara de reuniones públicas, ni diera conferencias, según Viganò.

Pero en un video de mayo de 2012 que sacó a la luz la agencia católica norteamericana Catholic News Service -cuando las sanciones de Benedicto XVI estaban en vigencia-, se lo ve a Viganò, que fue nuncio en Estados Unidos de fines de 2011 a principios de 2016, que en una cena de gala saluda con gran deferencia a "su eminencia el cardenal McCarrick, a quien todos queremos mucho".

¿Cómo se explica semejante actitud, tratándose de un conocido "predador" a quien, según su relato, había denunciado en 2006 y en 2008 en vano ante sus superiores, durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI?

En efecto Francisco, ni bien una investigación de la diócesis de Nueva York concluyó en junio pasado que el cardenal McCarrick era culpable de abusos, le sacó el birrete y el título cardenalicios, algo sin precedente.

El video dejó en claro que, si hubo sanciones, Viganò estuvo lejos de hacerlas respetar cuando fue nuncio en Estados Unidos. Confirma esto un minucioso artículo de la prestigiosa revista jesuita, America, que certificó que desde el período de las supuestas sanciones (2009 o 2010) y hasta al menos 2013, McCarrick mantuvo un perfil altísimo: siguió dando sermones en misas importantes, protagonizando conferencias y viajando por todo el mundo.

¿Por qué Viganò no lo impidió? ¿No decía la verdad en su J'accuse, un documento sin pruebas, que escribió a cuatro manos junto a un periodista italiano, Marco Tosatti, detractor del Papa y miembro del ala conservadora que los ataca sistemáticamente? Es una de las tantas preguntas sin respuesta que su epístola-bomba ha dejado en el aire.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?