Fui a una clase en una escuela de sexo y esto es lo que pasó

Esta escuela de sexo existe en España y nuestra cronista fue a una clase ¡práctica! Acá nos cuenta todo lo que aprendió.
Esta escuela de sexo existe en España y nuestra cronista fue a una clase ¡práctica! Acá nos cuenta todo lo que aprendió. Crédito: Anahí Bangueses. Producción de Yamila Bortnik. Lettering de Caro Marando.
Denise Tempone
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8 de septiembre de 2018  • 00:00

"Nos encantaría ofrecerte otra cosa -me dijo durante nuestro primer encuentro Patt Oliver, la encargada de la Sex Academy de Madrid-, pero en verano, las clases se dictan en Barcelona y son prácticas: ahí la gente quiere ponerse en acción", me explicó. "¿Está bien 'práctico' para ti?", me preguntó con naturalidad. "Sí, claro", le dije toda resuelta. "¿Está bien práctico para mí?". Esta pregunta se me venía sola. Porque desde mi marco de referencia cultural, latinoamericano, repleto de tabúes y sexismo, la sola idea de una Sex Academy, a todas luces, me inspiraba desconfianza.

¿Qué se puede enseñar sobre sexo?

¿Qué necesidad hay de practicar en público? Pero, aunque no lograba desactivar la desconfianza, tampoco podía subestimar la intriga y lo "bien de papeles" que parecía estar todo el proyecto de la Sex Academy. Solo mirar el CV de Patt me hacía preguntarme por qué estaba ella ahí: Patt es licenciada en Desarrollo en el Tercer Mundo & Psicosociología por la East London University, especialista en cooperación internacional, género y desarrollo, y había decidido orientar su enfoque hacia la educación y la sexología. Su más firme convicción -dice su CV- es que la educación emocional puede cambiar el mundo. En el team de esta escuela de sexo hay alrededor de decena y media de profesionales como ella, psicólogos, sociólogos, antropólogos, algunos de ellos con tres o cuatro másters en cuestiones como educación y asesoramiento sexual. Y luego, claro, estaban los otros especialistas, los encargados de hacer palpable, literalmente, todo ese conocimiento académico: prostitutas educadoras, coaches sexuales y hasta personalidades del mundo de la pornografía. No me salía no tenerle fe a semejante cóctel. Así que Barcelona, allá voy.

Bienvenidos a clase

Son las 10 de la mañana de un domingo catalán y voy a mi lección de "Squirt: los secretos de la eyaculación femenina".

Toco timbre en un edificio antiguo. Atrás de mí, llega mi primer compañero, un hombre de 46 años. Me perturbo de solo pensar en compartir todo esto con él. En un rato vería al resto, pero antes, conocería a "la profe". Ya me habían adelantado que Anahí Canela era actriz porno; con ese background, esperaba encontrarme con una femme fatale. Y sin darme cuenta, mi primera lección fue expandir esas expectativas. Anahí no era una femme fatale, ni siquiera era una femme, sino una persona gender fluid , una mujer biológica que estaba haciendo su transición a hombre a través de hormonas. Pero, aunque esto me llenaba de preguntas, era su enfoque sobre las relaciones lo que me interesaba. "Soy un ser humano al que le gusta mucho tener sexo, pero tanto como tenerlo, me gusta pensarlo. Promuevo el pensamiento reflexivo y afectivo en torno a nuestro placer". Morbo y capacidad analítica son dos cosas que no se dan tan a menudo.

Hola, Compañeros

Lejos de las canchereadas, la mayoría de mis compañeros desnudó su vulnerablidad de entrada. El hombre que había conocido en la puerta confesó no estar seguro de sus capacidades como amante y su propósito de "empezar a educarse en serio", especialmente ahora que tenía una nueva pareja y estaba muy enamorado. Otra mujer, que había venido a la clase con dos de sus mejores amigas, contó su experiencia luego de 16 años de matrimonio con un hombre que había sido abusado de chico y cómo eso había limitado su propio comportamiento sexual. Sentado en una silla con su mujer a sus pies, un ingeniero se presentó como "un amo totalmente dominante". A nadie le sonó contradictorio que segundos después explicara que estaba ahí porque sentía que su pareja merecía "aún mucho más placer" del que él ya sabía darle. No todo era tan complejo. Había un grupo de amigas que, al igual que una danesa de 24 años que llegó sola, estaban ahí solamente "por intriga". Contra todas mis expectativas, no se avistaba en el salón ningún viejo verde, ninguna dupla exhibicionista, ni un voyeur. El interés parecía genuino, necesario y, en muchos casos, sanador.

Lección 1: compromiso y empatía

En la introducción de la clase, escuchamos a Anahí hablar de la necesidad de desgenitalizar el sexo, del compromiso ético y de la empatía. La profe subrayó mucho la vinculación de las emociones con nuestras manifestaciones sexuales y llegó a asegurar que "la gente sexualmente libre vive la vida que sueña", lo que introducía una dimensión espiritual a toda esta cuestión. Habló de por qué la gente llora después de un orgasmo, de por qué la gente se fuga después de un orgasmo, de por qué, en la era del ghosting, somos tan torpes, fríos y hasta crueles con nuestros amantes. El preámbulo de la práctica pedía un compromiso por parte de Anahí: "Soy una profesora de sexo, soy una actriz porno, pero ante todo, soy un ser humano -dijo-, todos los presentes acá somos seres humanos y merecemos respeto". Y por si faltara echarle agua, fue más explícita: "Por esto quiero pedirles que si alguien no quiere mirar ni ser visto en práctica hoy, no se quede durante la segunda parte", advirtió. "Teléfono para Denise", pensé. Yo seguía completamente incómoda con la idea de "practicar". El pedido de compromiso era concreto, como, según Anahí, debe ser en toda práctica sexual. Y tenía razón.

Un recreo sincero

En España, no hay nada que una tanto a la gente como la comida. Entre tapas, vino, quesos y aceitunas, el grupo se conoció mejor durante el break en un restaurante. Todo eran risas, confesiones y preguntas, pero yo me sentía especialmente tensionada. "Anahí, no sé si voy a poder quedarme para el segundo módulo", le solté de repente. Casi angustiada, decidí sincerarme. "No sé si me animo a tocarte ni a que me toques. Tampoco a tocarme delante de todos", le dije algo avergonzada pero consciente de que su reacción sería decisiva en mi percepción sobre toda esta aventura. ¿Iban a respetarme o me apurarían bajo los preceptos de algún tipo de "progresismo sexual"? Anahí me miró como con un escáner y, tras algunos segundos de silencio, me dijo: "Esta sinceridad es la que busco. Puedes comentarlo en clase y ver qué piensa el grupo". Accedí.

I touch myself

De vuelta en el aula, Anahí nos hizo practicar maneras de tocar, introducir dedos al cuerpo y ejercer presión, de una forma muy precisa. Luego puso un colchón en el piso y comenzó a desnudarse. En ese ínterin, hablé con mis compañeros. "En Argentina, hay quienes consideran obsceno ver a una mujer dándole el pecho a su hijo. Me considero una persona libre, pero creo que por todo esto me siento un poco inhibida en mi primera clase de sexo", les expliqué. Tenía la bombacha puesta, pero me sentía totalmente desnuda. Me escucharon sin juzgarme. Estaba OK que me quedara.

Anahí se sacó el pantalón, la bombacha, se acostó y se abrió de piernas frente a nosotros. Pronto, utilizando un guante de látex, uno a uno pasaron a tocarla. Anahí los guiaba en el camino al punto G. Una vez ahí, les indicaba si la presión y los movimientos eran técnicamente correctos. Luego, en otro colchón cubierto con toallas, se fueron recostando una a una las mujeres del grupo. Ellas no se abrieron de piernas de frente a la clase, sino de espaldas. Solo podíamos ver sus pubis. Primero fue Anahí quien las tocó. No era una masturbación, era más bien una clase de anatomía. Anahí era tan certera que era imposible no asombrarse ante las reacciones de mis compañeras al sentir su punto G por primera vez. Risas, gemiditos, expresiones de sorpresa. Luego, la profe retiraba su mano y las invitaba a ellas mismas a buscarlo para no "perderlo de vista". En el caso de las que estaban con pareja, luego practicaba el hombre. Algunas de mis compañeras liberaban el líquido que se considera "eyaculación femenina", aunque no como se ve en las pornos, porque la excitación, la ocasión y la mecánica no llegaban a ser las ideales. Para mostrar eso que buscaban, Anahí luego ofreció su performance porno junto con Nacho, un actor que lucía un tatuaje de una corona rodeado de una gotita que lo proclamaba "el rey del squirt". Como dos profesionales, juntos pusieron en escena ese ideal. Luego de unas maniobras de Nacho, Anahí "squirteó" en vivo. La clase aplaudió. Diez horas habían pasado desde el comienzo del curso. Y yo nunca vi gente tan feliz de irse a casa... con deberes.

¿Qué te pareció esta experiencia? Vos... ¿irías a una escuela de sexo? Mirá también: Sexo: 6 pasos para llevar a cabo una meditación orgásmica

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