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4 talentos que tenés que ejercitar para ser líder en el trabajo

Cecilia Alemano
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10 de septiembre de 2018  • 01:38

Hoy, la innovación, sobre todo en el campo tecnológico, nos obliga a cambiar nuestro modo de pensar y de liderar. Las economías cambian muy rápidamente y todo -las transacciones monetarias, las comunicaciones y los intercambios de cualquier tipo- ocurre de modo instantáneo. La gestión del talento humano en las organizaciones atraviesa una etapa de cambios rápidos y el liderazgo se hace más desafiante que nunca, porque, más que de imponer, se trata de empoderar a las personas.

Cada vez más, lo que nos hace destacarnos no es el conocimiento, sino nuestras ideas, nuestros pensamientos, nuestra creatividad: todo eso que ningún algoritmo puede reemplazar. Pasamos de la era del conocimiento a la era de la imaginación. Y aquí entran las neurociencias, que en el siglo XXI están complementando la psicología para entender cómo funcionan el pensamiento y las emociones. Saber cómo optimizar el cerebro nos da una ventaja competitiva respecto de quienes no lo saben, pero además nos ayuda en un punto crucial: descubrir y entrenar nuestras propias cualidades como líderes.

El modelo de las 4 I

El modelo I4 -desarrollado desde el instituto About My Brain, en Australia- propone liderarnos a nosotras mismas. Si nos frustramos rápido, no vamos a poder impactar en otros. El camino, entonces, es: liderarse, liderar a otros, para finalmente liderar una organización.

Este modelo se compone de cuatro fases que tienen que ver con cuatro competencias organizacionales clave para cualquier empresa: rendimiento, colaboración, innovación y agilidad. En la fase 1 se explora cómo funcionan el cerebro y el cuerpo. En la fase 2 se hacen encuestas de diagnóstico y evaluaciones y se utilizan neuroherramientas, para aumentar la conciencia de las personas sobre cómo operan, actúan y sienten. En la fase 3 se establecen conversaciones de colaboración con diferentes grupos de personas y en la cuarta y última fase se incorporan los nuevos hábitos deseados.

Crédito: lustración de Eugenia Mello.

4 talentos de una neurolíder

I de imaginación: para hacerle frente a la volatilidad y lidiar con el cambio constante. Es importante saber que no estamos perdiendo el tiempo cuando tenemos la "cabeza en las nubes". Ella es tan importante como el conocimiento. Muchas veces creemos que nuestra imaginación quedó en la niñez. Se trata de detenernos y notar que todo el tiempo estamos imaginando.

I de inspiración: para hacerle frente a la incertidumbre, así podemos afrontar las experiencias impredecibles. Ya no estamos en una época en la que a la gente le gusta limitarse a obedecer órdenes. Incluir esta palabra para hablar de liderazgo hace toda la diferencia. Es necesario poder estar receptivas a las ideas que tienen otras personas, incluso de otros campos.

I de integración: frente a la complejidad, para descubrir las conexiones entre las distintas variables. Un cerebro balanceado que actúe en tándem con el corazón es clave. Cómo funcione tu sistema va a determinar tus capacidades de liderazgo.

I de intuición: para lidiar con la ambigüedad, así podemos resolver los sentidos no monolíticos de nuestro tiempo, en el que las secuencias lineales de causa-consecuencia ya no funcionan. "Intuición" fue una palabra tabú en el mundo de los negocios por mucho tiempo, pero..., si la usamos para la vida, ¿por qué no usarla en nuestros puestos de trabajo?

¿Cómo ejercitar tus 4 I?

Si el objetivo final es convertirte en una neurolíder, hay algunas conductas que podrían ayudarte.

Llevá un diario. No podemos cambiar a los demás, pero sí podemos intentar cambiarnos a nosotras mismas. Antes de irte a dormir, te ayuda a entender qué funciona para vos y qué no. Preguntate y respondete: "¿Hoy pasó algo que me molestó? ¿Cuál fue la situación? ¿Cómo reaccioné? ¿Qué pensé? ¿Cómo me sentí?".

Hacé una auditoría corporal. A veces, nuestro cuerpo comunica cosas sin que lo deseemos. El lenguaje corporal es muy revelador de nuestras emociones. Observalo. Algunas preguntas que te pueden guiar: "¿Cómo estoy respirando? ¿Estoy relajada? ¿Cómo es mi postura?".

Integrá mente y cuerpo. Es clave para tener un sistema saludable y mejorar el rendimiento de tu cerebro. Algunas estrategias para mejorar tu integración: descansar bien, alimentarte de forma balanceada, meditar y proponerte desafíos de habilidades manuales.

Animate a divagar. Para imaginar, hay que estar atentas, curiosas y menos racionales. Animate a divagar mentalmente; dejá que tu cabeza te lleve a hacer esas conexiones que no harías con la mente lógica (o sea, hemisferio izquierdo y lóbulos prefrontales). Nuestro cerebro "es imaginativo" porque tiene la capacidad de conectar conceptos de mundos diversos (ver columna "Tu momento ducha").

Escuchá a tu estómago. Como dicen en el mundo anglosajón: "Listen to your gut", que sería algo así como "Escuchá a tu tripa". La intuición te manda mensajes desde tu intestino, que hoy es considerado como el segundo cerebro. Aprendé a oírlo, a descifrar sus claves. Si podés, hacé un día detox de vez en cuando para limpiar tu sistema digestivo.

Dejate inspirar. Para desarrollar la capacidad de inspirar a otros, tenemos que aprender a inspirarnos y desplegar nuestra pasión. No te alejes de las cosas que te hacen bien y te reconectan. Animate a felicitar a otros. Hacer un voluntariado es siempre inspirador.

Expertos consultados:

Lic. Silvia Damiano, bióloga con un máster en Ciencias Sociales, fundadora y CEO de About My Brain Institute en Australia.

Dr. Kaushik Ram, especialista en neurociencias, fundador y director del Instituto para la Inteligencia Implícita en Australia.

Lic. Gonzalo Rossi, especialista en gestión del cambio y neuroliderazgo;. CEO de Whalecom Argentina.

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