Costaba $850, pero lo pagó más de $1000: la sorpresa de los argentinos que vivieron la corrida en el exterior

Almuerzos que salen un 20% más, planes que se cancelan y compras que se postergan: así viven sus vacaciones los que viajaron fuera del país en medio de la corrida cambiaria
Almuerzos que salen un 20% más, planes que se cancelan y compras que se postergan: así viven sus vacaciones los que viajaron fuera del país en medio de la corrida cambiaria Fuente: Lugares - Crédito: Carolina Reymúndez
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31 de agosto de 2018  • 14:10

Javier M. se sentó ayer en su restaurante preferido de South Beach, Miami , para comer un bife. Estaba de vacaciones. Eran cerca de las 12:30 y su plato salía 25 dólares , unos $850 al cambio de ese momento, cercano a los $34. Esa era la última cifra en su cabeza. Pagó, se fue del lugar, y cuando llegó al hotel vio lo que había pasado durante su almuerzo: la divisa había saltado a $41, por lo que su comida había salido, en pesos, más de $1000.

La sorpresa de Javier no fue un caso aislado. Los argentinos que todavía se animan a salir del país en medio de la última corrida cambiaria -y que seguramente habían planeado su viaje mucho antes de que el dólar levantara vuelo- viven con sus vacaciones con algo de angustia.

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Como quien no quiere la cosa, entre la tortura y la curiosidad, los turistas interrumpen sus recorridos para entrar a un lugar con WiFi y mirar a qué precio está la divisa en sus bancos, o esperan el mensaje de amigos o familiares que los alerte de saltos cambiarios.

Guido P. salió de Buenos Aires hace ocho días. Hace seis meses organizó un viaje para recorrer Europa con ahorros históricos. Unos días antes, armó su presupuesto con un dólar a $29. Ayer su mamá le avisó que estaba a $40. Estaba por subir a la torre Eiffel en París , uno de sus sueños de toda la vida, e iba a completarlo con una picada con cerveza en el restaurante ubicado en el último piso.

Comer una picada en la punta de la torre Eiffel, el sueño de Guido P. en París que quedó trunco
Comer una picada en la punta de la torre Eiffel, el sueño de Guido P. en París que quedó trunco Fuente: LA NACION

El mensaje de su madre lo desanimó. Para ajustar su presupuesto, desistió de la picada y piensa seguir sacrificando placeres gastronómicos para poder llegar al fin del viaje sin tener que usar demasiado la tarjeta de crédito, su principal miedo en estos días. "No pienso usarla, porque si esto sigue así, cuando llegue el cierre en septiembre va a ser una locura lo que tenga que pagar, totalmente fuera de mis posibilidades", dice.

Los métodos de pago más convenientes en época de volatilidad cambiaria son una de las grandes incógnitas de los viajeros. Manuela M. baraja entre las posibilidades de usar efectivo, tarjeta de crédito o débito y admite que no tiene la respuesta. Por ahora, prefiere la última, que activó para el exterior antes de su viaje familiar a Nueva York porque "congela" las compras al precio diario del dólar.

Manuela M. está en Nueva York y no sabe bien qué método de pago usar
Manuela M. está en Nueva York y no sabe bien qué método de pago usar Crédito: Shutterstock

"Llegué ayer a las 9 de la mañana a Nueva York y me explotó el teléfono con los mensajes en los grupos de amigas: comentaban que el dólar estaba a $40. Me hizo muy mal, porque cuando uno viaja no le gusta mucho pensar en el tipo de cambio, pero ahora era imposible de ignorar. Una cosa es multiplicar por $30 y otra por $40", relata.

Los sacrificios de Manuela están más relacionados con las compras de indumentaria que con la gastronomía, aunque reconoce que le "duele" pagar $40 una botella chica de gaseosa, ya más cara que en Buenos Aires. "Al momento de buscar ropa, antes quizás ni lo pensaba y me lo llevaba. Ahora selecciono, y solo me lo compro si lo pienso dos veces", resalta.

Lo mismo le sucede a Valentina A., de viaje en Barcelona . Suspendió el shopping porque le sale "más caro o igual" que en Buenos Aires, donde tiene más tiempo para probarse la ropa tranquila. Aunque ella tenía ahorros en moneda dura en la caja de ahorro y en sus vacaciones está usando los euros, cuenta que sus días de relax adquirieron otro tinte cuando se cruza con sus compatriotas.

"Es todo un tema de conversación cuando nos encontramos. Terminamos metiéndonos en nuestro home banking para ver qué pasaba y llamando a nuestras familias", narra, sobre la histeria colectiva que reina en los vacacionantes en el extranjero.

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