Divino amore: un desbocado melodrama que, decididamente, no le teme al ridículo

El vestuario de Pablo Ramírez en la piel de este cuarteto
El vestuario de Pablo Ramírez en la piel de este cuarteto Crédito: Carlos Furman
Luego del éxito de Cinelandia, Alfredo Arias vuelve al Teatro de la Ribera con esta obra, que estrena hoy, en la que actúan Carlos Montes, María Merlino, Alejandra Radano y Carlos Casella
Alejandro Cruz
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1 de septiembre de 2018  

Los cuatro exquisitos artistas posan para la foto en el escenario del Teatro de la Ribera. Son Marcos Montes, María Merlino, Alejandra Radano y Carlos Casella. Desde hoy, son los protagonistas de Divino amore, melodrama religioso, musical y cómico, la última creación de Alfredo Arias, otro artista exquisito.

Salvo Merlino, los tres primeros ya son partes fundantes en las creaciones de este señor de fina estampa que se instaló en París a fines de los revoltosos sesenta, en donde armó un grupo, el TSE, que adquirió fama y valor de hito. Desde hace más de una década, según reconoce el creador, él vuelve a Buenos Aires por ellos. Merlino es la nueva. Que ella forme parte de esta atractiva paleta de actores, cantantes y bailarines tiene que ver tanto con su propia capacidad como intérprete como con su reciente tránsito artístico, en el cual Arias reconoce caminos, citas y referencias similares. En los primeros encuentros, María reconoce que la daba "cierta cosita". Ahora, luego de tantos encuentros, todos parecen divertirse en eso de sumarse a un juego de tan diversas capas en las que se cruzan referencias culturales, citas, imaginarios colectivos y vivencias del creador de este nuevo viaje escénico.

Los inicios de cada uno de estos viajes parecen tener un misma hoja de ruta, un mismo protocolo. Marcos Montes cuenta que Alfredo llega al primer ensayo con la idea total en su cabeza. "Viene con un concepto que tiene que ver con su amplia experiencia frente a cualquier tipo de montaje. Su rigor plástico es contundente, llega con un concepto acabado del material, con un pequeño movimiento a adaptar en el mismo proceso. Su modo de creación es muy distinto del modo local de ir viendo en el andar".

Arias y su vieja/nueva familia de artistas: Montes, Merlino, Radano y Casella
Arias y su vieja/nueva familia de artistas: Montes, Merlino, Radano y Casella Crédito: Santiago Filipuzzi

Cuando Carlos Casella se sumó a este clan, implicó dejar atrás esa energía desbocada que había definido su tiempo como parte fundante del grupo El Descueve para poner esa misma energía a disposición de un nuevo aparato teatral. Sabe de eso, es la quinta obra en la que trabaja que lleva su firma. "Siendo un hombre de teatro y de la escritura teatral, yo lo considero un gran coreógrafo. Su dramaturgia está muy ligada al espacio. Verlo marcar es mágico. Y cuando te presenta el libro ya sabe exactamente qué vas a hacer, cómo vas a mover las manos. Te da un esqueleto perfecto al cual luego vos le ponés lo que él ya sabe que le vas a poner", apunta.

Alejandra Radano repara en otro aspecto de su producción, que interpreta como una obra integral, un todo que va desplegando sus formas sea en Europa o en Buenos Aires. "Y obras como Cinelandia, la que presentamos el año pasado en esta misma sala, y Divino amore, tienen ya mucho pasado, mucho recorrido. Ambas se ya se hicieron en París y, cuando llegan a Buenos Aires, es como si Alfredo estuviera haciendo una relectura de la lectura. Pero hay que entender que antes de estas dos obras, por ejemplo, hizo Familia de artistas, que, de alguna manera, también se relaciona con estas. Es un material que está muy elaborado en su cabeza".

La trama de Divino amore la cuenta María Merlino. "En la década del setenta -narra- había una familia compuesta por una madre, un padre y una hija que en un sótano cerca del Vaticano hacían obras sacras, religiosas. Parece ser que eran espectáculos que no te podías perder, a los cuales iban desde los grandes artistas e intelectuales de la época, un Fellini o un Pasolini, hasta aquellos que iban motivados por cuestiones religiosas pasando por los que iban a burlarse, a reírse de esas obras. Pero también había un sector que, según mi personaje, eran unos 'depravados del tercer sexo', gente que en los baños de ese sótano encontraban su diversión".

Escena con Casella
Escena con Casella

Las funciones en aquel teatro del Borgo Sto. Spirito se anunciaban de este modo: "Salomé, drama bíblico en cuarenta y tres cuadros". Esos recuerdos del propio Arias evocados por el personaje de Marcos Montes dialogan con sus recuerdos de haber visto a la bailarina Lía Martinoli en un festejo patrio en la Facultad de Medicina haciendo una versión de El lago de los cisnes. Como es costumbre, su fascinación por aquello que parece mal hecho, por los géneros un tanto bastardeados y que desafían las "buenas formas" de lo teatral, atraviesan Divino amore. Carlos Casella "en varios momentos se carnifica y en otros momentos se espiritúa", ironiza Marcos Montes. Como sucede con los cuatro intérpretes, serán unos y serán otros. Carlos también hace de Lía Martinoli, que, en la obra, vuelve como una drag queen negra decidida a todo. Es la que canta casi al final "¡Aceptar las sombras es el verdadero Divino Amore!" y, tras cartón, con Alejandra Radano canta Stand by you. También interpreta temas de Amy Winehouse y canta "Soy lo que soy" y "New York, New York". Las referencias musicales son variadas. De hecho, también suena "Cuando calienta sol". ¿Cita a Luis Miguel? No. La canción fue escrita por un integrante de la familia Martinoli .

"Importa poco la exactitud de las cosas, lo que cuenta es la pasión que uno pone en la expresión", dice en algún momento uno de los personajes. De eso ellos cuatro, como piezas claves de esta otra familia, saben (y mucho).

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