Un aplauso para el ajustador

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
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1 de septiembre de 2018  

El gesto pasó inadvertido en medio de los escándalos por corrupción y la corrida financiera. El martes, mientras anunciaba una inversión en Vaca Muerta con Paolo Rocca, máximo ejecutivo de Techint, una de las empresas involucradas en la causa de los cuadernos, Mauricio Macri hizo un recorrido por la génesis de ese emprendimiento y mencionó a Juan José Aranguren, uno de los ministros que echó hace dos meses. Fue como una referencia al pasar, pero se detuvo al nombrarlo. "Les pido un aplauso, porque fue él el primero que puso el foco en Vaca Muerta", dijo, y el resto de los invitados obedeció. El homenaje, extraño tratándose de una renuncia pedida por el Presidente, puede tener múltiples interpretaciones y, por lo pronto, una historia detrás.

Aranguren fue el ministro menos gradualista de Macri. Si se lo mira en perspectiva y a la luz de la campaña de 2015, el funcionario ideológicamente más parecido a sí mismo que tuvo el jefe del Estado. Quedó claro en la explicación que recibió en su momento el propio despedido: dos días después de haberle comunicado que se tenía que ir, Macri le explicó a su exministro que había tomado la decisión por pedido de sus aliados políticos, pero le propuso que le dijera en qué otro cargo podía seguir. Aranguren no aceptó. Venía de un desencuentro público con Elisa Carrió por las tarifas y arrastraba una discusión más frontal y persistente con el líder de la UCR, Alfredo Cornejo, gobernador de la provincia de Mendoza, acerca de toda la política energética. Fueron los radicales quienes, con sus objeciones, habían iniciado en abril un reclamo que el PJ, el kirchnerismo y el Frente Renovador aprovecharon para presentar un proyecto que exigía frenar los aumentos y que, para infortunio del Gobierno, coincidió con el cambio de tasas en Estados Unidos y su consecuencia local: la corrida que le costó el puesto a Sturzenegger en el Banco Central. El 23 de abril, dos días antes del fatídico 25 en que comenzaron las penurias financieras, y mientras entregaba viviendas en San Martín, Mendoza, Cornejo advirtió que había que "mejorar la forma de comunicar el sinceramiento tarifario". Se venían los bimestres más crudos. "Hay que ser muy sensibles con los sectores medios, porque el invierno les va a llegar un aumento de tarifas de gas que va a ser muy fuerte", dijo, y anticipó que estaba trabajando en una propuesta que Aranguren finalmente aceptó: los usuarios que quisieran podrían financiar, a una tasa de 1,5% mensual, en tres cuotas bimestrales el 25% de las facturas que llegaran entre julio y octubre.

Aranguren se cobró la cuenta la semana pasada. Lo hizo de manera sutil, en el programa que Luis Novaresio conduce en América 24. No nombró al gobernador, pero sonrió al recordar que menos del 5% de los usuarios habían recurrido hasta ahora a esa financiación. "Por supuesto que hay gente que no puede pagar, pero el periodismo tiene que ser muy responsable cuando generaliza y dice 'la gente no puede pagar'", se quejó, y explicó cómo había interpretado su salida del Gobierno: "Tanto para el radicalismo como para la Coalición Cívica, en un año electoral había que cambiar algunos del gabinete".

Quienes conocen a Macri recuerdan que costó convencerlo de que los aumentos se aplicaran de modo gradual. Él quería liberar los valores al día siguiente de asumir. Es lo que su cabeza de ingeniero y su eslogan de gestión definen como hacer "lo que hay que hacer". Obedece también a una lógica empresarial. Se la reclamó, por ejemplo, un grupo de ejecutivos de fondos de inversión que lo contactaron en noviembre durante un viaje a Nueva York. Le objetaban la velocidad con que estaba aplicando algunas reformas, y el Presidente les contestó que coincidía conceptualmente con ellos, pero que había decidido aceptar de su entorno el consejo de no ir a mayor ritmo del que la sociedad argentina estuviera dispuesta a tolerar. Un mes después, durante la discusión por la reforma previsional, una lluvia de piedras que no terminó de milagro con muertos en la Plaza del Congreso parecía darle la razón. Tal vez se los vuelva a encontrar este mes, cuando viaje a la asamblea de la ONU.

Su paso por Vaca Muerta deja además otras lecturas. La más obvia fue explicada anteayer por Rogelio Frigerio en el Consejo de las Américas: ese yacimiento es, con el sector agropecuario y tal vez la minería, el único capaz de aportar los dólares que le faltan de manera crónica a la Argentina desde hace décadas. "Lo peor que encontramos, más allá de lo social, fue la política energética. En dos años vamos a duplicar las exportaciones de gas y petróleo", dijo Frigerio, y completó el párrafo con el eslogan: "A partir de hacer las cosas que había que hacer".

La necesidad de esas inversiones es tal que a Macri no le importó mostrarse con ejecutivos de Techint, la empresa que hizo la primera gran apuesta en el área y que figura, al mismo tiempo, entre las acusadas en los cuadernos de Oscar Centeno por haber pagado coimas durante el kirchnerismo. Si bien parece inevitable que ese escándalo ahonde la parálisis en la obra pública, le servirá al mismo tiempo al Gobierno como excusa y tema de conversación mientras aplica y discute el ajuste. Es probable además un efecto internacional no admitido en voz alta: funcionarios de la administración de Donald Trump no solo celebran desde hace varios días el avance de la investigación, sino que valoran la necesidad de dictar condenas en las causas de corrupción más viejas y que exceden la que tiene en sus manos Claudio Bonadio. Podrán ser opiniones basadas en un discurso institucional de transparencia, pero se dan en simultáneo con el apuro de mutinacionales que ven en esta implosión contratista un espacio vacío que podrían llegar a ocupar. Los primeros en enterarse de estos requerimientos fueron ejecutivos de auditoras y consultoras con clientes internacionales que se acercan últimamente con la misma pregunta: ¿podremos participar? Conspiración o coincidencia temporal, fue el primer argumento con que el PT se defendió en el Lava Jato: se trataba de una embestida norteamericana destinada a quebrar la cerrada industria de la construcción brasileña.

Si realmente está interesado en que proliferen los arrepentidos argentinos, lo lógico sería que el gobierno de Trump confiara más en que el proceso se desarrolle con la misma administración en que se desencadenó. Pero ese supuesto respaldo a Macri por sobre los proyectos del PJ parece, con la corrida, demasiado lejano en momentos en que se deben resolver, por ejemplo, el impacto de la recesión, la inflación y la baja del gasto en el conurbano. Siempre el mercado es bastante más cruel para ajustar que cualquier plan oficial. Es entendible que un ingeniero atrapado en el dogma del gradualismo sienta cierto desengaño si no ve resultados. Y que la prédica contraria de un colega le merezca al mismo tiempo el despido y el aplauso.

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