Un dólar tan alto como la incertidumbre

Néstor O. Scibona
Néstor O. Scibona LA NACION
La crisis cambiaria refleja los errores del Gobierno, las dudas ante el próximo año electoral y los límites que impone el FMI para superarla
Fuente: LA NACION
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2 de septiembre de 2018  

Para recuperar credibilidad, el Gobierno debería comenzar por llamar a las cosas por su nombre en vez de recurrir a eufemismos. Una crisis cambiaria no es una tormenta pasajera, ya que tiene efectos sobre toda la economía. El acuerdo con el FMI no es una virtud, sino un salvavidas de necesidad y urgencia ante el corte del crédito en los mercados externos. El mundo financiero internacional se tornó más adverso para los países emergentes, pero la vulnerabilidad externa de la Argentina -agudizada por el infortunio de la sequía- y la desconfianza interna, se combinaron para que el dólar haya trepado 35% en agosto y 100% en lo que va del año. Si la economía no está ante un nuevo fracaso, como sostuvo Marcos Peña, habría que explicar claramente por qué se perdió la apuesta oficial a financiar el gradualismo fiscal con endeudamiento externo. No es conveniente devaluar las palabras tanto como el peso. Un billete de $1000 equivalía a US$53 a comienzos de año y a fin de agosto a sólo 26,30.

Tan preocupante como el nuevo round de la corrida cambiaria es la suba del riesgo país (a casi 800 puntos básicos) y de los seguros de crédito por default (CDS) de la deuda argentina. Nadie cree sensatamente en un incumplimiento de pagos en 2018, pese a que el desembolso inicial del FMI (por US$15.000 millones) no impidió que el riesgo país se mantuviera en alza. Aquí también se reflejan los errores no forzados del gobierno (como lo admitió el ministro Rogelio Frigerio) y que, a medida en que se aproxima el año electoral, la grieta política aumenta la incertidumbre sobre la gobernabilidad. No ayuda que los gobernadores peronistas estén divididos entre negociar y rechazar el ajuste fiscal de 2019, mientras el "club del helicóptero" kirchnerista se dedica a caldear el ambiente con una irresponsable proliferación de tuits desestabilizadores que pregonan una catástrofe como la de 2001.

Entre los errores no forzados de la Casa Rosada sobresale el breve y precipitado mensaje del jueves de Mauricio Macri, que le significó el costo político de alimentar la suba del dólar que buscaba contener. Con mercados tan sensibilizados (incluso reconoció "expresiones de falta de confianza"), resultó inexplicable que el Presidente anunciara, sin precisiones, el acuerdo con el FMI para adelantar los fondos destinados a los vencimientos de deuda de 2019, antes de que sus condiciones sean negociadas esta semana en Washington por el ministro Nicolás Dujovne. Hasta el propio titular de Hacienda admitió que se trató de un anuncio político que pudo haber generado incertidumbre. Sin embargo hubiera sido deseable que, al menos, difundiera la versión oficial del programa financiero para el año próximo, ya que las estimaciones privadas varían desde US$7000 a 20.000 millones, según se renueven totalmente o no los vencimientos de Letras del Tesoro (Letes).

Con la actual recesión, el Gobierno no podrá romper la "maldición de los años pares"; pero sí el récord de renegociar un crédito stand by del Fondo apenas dos meses después de haber sido aprobado por el organismo, cuando el dólar se ubicaba a 10 pesos menos que ahora. Aquí hay culpas concurrentes, como dirían los abogados. La trepada del tipo de cambio nominal y su correlato de mayor inflación (35/37%), obligará a modificar las proyecciones oficiales para este año. Pero también es cierto que el staff del FMI subestimó el atípico comportamiento del mercado cambiario argentino, donde los saltos del dólar impulsan paradójicamente una mayor demanda y hacen desaparecer la oferta a la espera de mayores subas.

De hecho, en las últimas jornadas el Banco Central fue el único oferente de divisas, a través de subastas prenunciadas y a costa del drenaje de reservas. Paralelamente, la suba de la tasa de referencia hasta el extravagante 60% anual y de los encajes bancarios hasta 26 puntos porcentuales para restar presión al mercado cambiario, tuvieron inicialmente el efecto efímero de un analgésico.

En todo caso, estas respuestas revelan los límites que el acuerdo con el Fondo le impone al BCRA para enfrentar una corrida cambiaria. Como establece una meta más alta de reservas (netas) que es monitoreada permanentemente, no puede vender un monto importante de divisas a determinado precio para lograr que se estabilice el mercado y reaparezca la oferta privada. Salvo en caso de "disrupciones" como la alta volatilidad del jueves, que le permitieron el viernes realizar tres subastas por un total de US$675 millones y bajar el dólar mayorista a $37 tras haber colocado US$250 millones.

No obstante, el actual mecanismo transmite la señal de que la cotización puede subir hasta el punto en que se encuentren una alta demanda y una baja oferta; al menos, mientras no se reviertan las expectativas económicas. Para el Fondo, un tipo de cambio alto permite a atenuar el rojo de las cuentas externas y el equilibrio cambiario debería lograrse a través de altas tasas de interés en pesos. Pero esta herramienta ya probó su ineficacia. Por más que se aumente el "premio" por mantenerse en pesos, resulta inocua frente a la tendencia del público por desprenderse de ellos para refugiarse en el dólar.

Por ahora, la perspectiva es de dólar alto y tasas altas, simultáneamente. Excepto que en la revisión del acuerdo con el Fondo se amplíe el margen de maniobra para la venta de reservas mediante la modificación de esta meta. Mientras tanto, el BCRA habría puesto en modo pausa su decisión de reducir en $100.000 millones por mes hasta diciembre el monto a ofrecer en cada licitación de Lebac para participantes no bancarios (fondos comunes de inversión, empresas, ahorristas individuales y no residentes).Dependerá de lo que ocurra hasta mediados de septiembre. En el mercado secundario, las tasas de Lebac superaron el 70% anual.

No es la única incógnita que rodea a la prematura renegociación del acuerdo en Washington y que el ministro Dujovne alimentó con el anuncio de que mañana anunciará medidas antes de viajar. Además, por primera vez el gobierno dejó trascender que dentro del abanico de ajuste fiscal en estudio para 2019 figura la suspensión del cronograma de rebaja de retenciones a la soja, como ya ocurrió con los aceites y harinas y con el fuerte recorte de reintegros a la exportación industrial, pese a su intención de bajar el déficit por el lado del gasto y no de los ingresos.

Varios indicios sugieren que, en medio de la corrida cambiaria, el debate interno en el oficialismo no se limitó a las diferencias entre reconocer o no la gravedad de la crisis u oxigenar al gobierno con cambios en el gabinete. Con el dólar arañando los $40, también reaparecieron las presiones para que el fisco capture una parte de la ganancia cambiaria.

De ahí que se haya comenzado a hablar de un impuesto fijo de emergencia sobre todas las exportaciones para repartir el peso del ajuste fiscal del año próximo. Quienes impulsan esta iniciativa no ignoran que constituye un virtual desdoblamiento del mercado cambiario y que los impuestos de emergencia tienen pésimos antecedentes en la Argentina porque terminan convirtiéndose en permanentes. Pero aseguran que no encontraría reparos en la oposición peronista y facilitaría la aprobación del proyecto de presupuesto para 2019, cuya meta de déficit primario de 1,3% del PBI pasó a ser un techo que debería bajar para recibir desembolsos anticipados del Fondo y reabrir el acceso a los mercados financieros externos.

Por lo pronto, en los mercados aplican la regla de tres y deducen que si los desembolsos del crédito stand by suman US$ 29.000 millones hasta mediados de 2021, para cuando se prevé un déficit cero (ya que los restantes US$21.000 millones serán girados en 2018), el desequilibrio fiscal deberá recortarse proporcionalmente según el monto anticipado que surja de la negociación. Claro que esto significaría reducir los fondos disponibles para 2020 y 2021. Todo un desafío con el "prontuario" argentino de incumplimientos y frente a un futuro político incierto.

nestorscibona@gmail.com

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