En guerra con el Papa, Viganò volvió a cargar contra la cúpula vaticana

En una segunda carta, reabrió una polémica de 2015 que involucró a Francisco y una activista antigay
Elisabetta Piqué
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2 de septiembre de 2018  

ROMA.- A menos de una semana de su explosiva carta-denuncia, el exnuncio Carlo Maria Viganò volvió al ataque contra el Papa y sus máximos colaboradores en el Vaticano.

Después de haberlo acusado de encubrir los abusos del cardenal estadounidense Theodore McCarrick e incluso haber levantado las supuestas sanciones que le había impuesto, con otra epístola esta vez de tres páginas, Viganò, nuncio en Estados Unidos entre 2011 y 2016, decidió contar su verdad acerca de la polémica que estalló a fines de septiembre de 2015, cuando salió a la luz que Francisco se había reunido en la nunciatura de Washington con Kim Davis, una polémica activista antigay norteamericana.

Este episodio causó entonces gran revuelo, casi arruinó la triunfal gira a Estados Unidos de Francisco y siempre se consideró que había sido una virtual trampa que Viganò, cercano al ala ultraconservadora estadounidense, le había tendido al Papa.

En una segunda carta publicada por Lifesitenews el mismo sitio católico de derecha que había publicado la anterior, Viganò aseguró que no fue así, sino que él le había pedido permiso e informado al Papa; a su segundo, el cardenal Pietro Parolin; al exsustituto Angelo Becciu, y a su "canciller", el arzobispo Paul Gallagher, sobre este delicado encuentro con Davis. Se trataba de una funcionaria del estado de Kentucky que había sido puesta unos días en prisión por negarse a registrar un matrimonio homosexual.

Viganò decidió salir a contar su versión del caso Davis después de que, hace unos días, Juan Carlos Cruz, víctima del sacerdote chileno Fernando Karadima, que pasó varios días junto al Papa, en mayo pasado ocasión en la que Francisco le pidió perdón por sus errores en el caso Barros, contó detalles sobre el episodio a The New York Times. Según Cruz, Francisco le aseguró: "Yo no sabía quién era esa mujer", por Kim Davis, y dijo que Viganò fue quien se la presentó repentinamente para saludarla y que "hicieron una gran publicidad de eso". "Estaba horrorizado y lo despedí al nuncio", también le habría dicho el Papa a Cruz.

Para refutar esta versión, en esta segunda carta-ataque, Viganò aseguró que el Papa "sabía perfectamente" quién era Davis porque incluso le había entregado un memo, que adjuntó a su nuevo J ' accuse. En este, recordaba que la Corte Suprema de Estados Unidos había decidido que los matrimonios gay eran por ley un derecho en todo el país, "cambiando radicalmente el concepto de matrimonio". Y que Davis había sido "injustamente" arrestada por negarse a celebrar un matrimonio homosexual, convirtiéndose en el "primer caso en el que un ciudadano norteamericano es puesto en la cárcel por motivos de objeción de conciencia".

"Enfrentándome a las declaraciones que hizo el Papa, me veo obligado a contar cómo se dieron realmente los hechos", escribió Viganò. El exnuncio evocó que cuando le planteó a Francisco su propuesta de una reunión con Davis, el Papa le contestó que, como no estaba al tanto de la situación, consultara con Parolin, su número dos.

Como ya era tarde y Parolin no se alojaba en la nunciatura, sino en un hotel, Viganò decidió ir hasta allí. Visto que Parolin se encontraba descansando, Viganò les planteó el tema a los arzobispos Becciu y Gallagher (números tres de Francisco), que le dieron luz verde a la reunión. Así, en medio de gran reserva, días más tarde tuvo lugar en la nunciatura el encuentro entre el Papa y la activista, que Viganò aseguró a Francisco que iba a ser "estrictamente confidencial". Aunque, como él mismo detalla, Viganò solo le pidió a la activista que no hablara hasta que no terminara el viaje papal a Estados Unidos.

En las tres páginas, el exnuncio recordó cómo, en pleno revuelo al salir a la luz el episodio, la Sala de Prensa del Vaticano, sin consultarlo, en un comunicado aseguró que el Papa nunca había recibido en una audiencia privada a Davis, sino que solo la había saludado, en medio de otra gente.

Esta segunda carta, difundida a menos de una semana de la anterior, confirmó que Carlo Maria Viganò para muchos, un prelado ambicioso y desequilibrado, disparador del escándalo VatiLeaks (la filtración de cartas reservadas de Benedicto XVI) y despechado porque nunca logró el birrete cardenalicio está dispuesto a una verdadera "guerra abierta" no solo contra el Papa, sino también contra la estructura del Vaticano, a la que perteneció durante más de 25 años.

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