Biblioteca Borges: tarea cumplida

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2 de septiembre de 2018  

La memoria de los argentinos es frágil. Eso se refleja en un peligroso y triste descuido hacia nuestra historia y sus próceres, tanto como hacia nuestro patrimonio artístico y edilicio. De ese modo, bienes valiosos que componen el vasto ámbito de nuestra cultura, tales como piezas arqueológicas, tesoros en platería colonial o esculturas al aire libre son dilapidados o maltratados. Como en un juego de espejos, ese descuido nos devuelve una imagen distorsionada y devaluada del pasado. Por eso, todo esfuerzo por preservar o poner a salvo nuestro patrimonio cultural tiene su recompensa en una acabada comprensión de nuestro presente y una confiada anticipación del futuro.

No hace mucho, María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, deslizó algún comentario sobre la necesidad de rescatar y poner en valor la biblioteca personal y familiar que había pertenecido al reconocido escritor. Borges no fue solo un mayúsculo hombre de letras argentino, sino también un refinado ejemplo de cómo nuestra cultura argentina se supo insertar en la civilización universal. LA NACION no dudó en recoger la inquietud de muchos, para quienes las vivencias del pasado y las necesidades del porvenir no son ajenas, y conformó para ello un equipo al que sumó al Banco Ciudad y a su Fundación.

La biblioteca privada de Jorge Luis Borges se compone de unas 2300 obras. Incluye libros que pertenecieron a sus abuelos y a su madre, además de los que el propio Borges adquirió en distintas circunstancias y en sus numerosos viajes. La importancia de su biblioteca radica además en el valor de ediciones tales como la Biblia de Cambridge, el Corán, el Bhagavad-guita, The Tibetan Book, Divina Comedia de Dante y El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad, además de obras de poetas como William Blake y Robert Browning y escritores como Bernard Shaw y Robert Graves, entre infinidad de autores anglosajones.

Conscientes de la necesidad de contar con un acompañamiento técnico de nivel para esa delicada misión, se convocó a una destacada especialista, Viviana Gabriela Melloni de Mallol, magíster en Historia del arte argentino y latinoamericano. La delicada tarea técnica de recuperación de la biblioteca se efectuó en la sede de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges de nuestra ciudad.

La labor de ese grupo de trabajo consistió en la revisión de cada volumen, página por página, para establecer los criterios de intervención, mientras que, paralelamente, se generaban las condiciones de conservación y tratamiento necesarias para la preservación de los textos originales de la colección familiar. Extremos cuidados demandó la marginalia: las notas manuscritas e intervenciones del propio Borges sobre infinidad de textos, reveladoras de la profundidad de su análisis y del origen de muchas de sus inspiradas obsesiones.

La preservación de estos escritos, generalmente apuntados en el reverso de cada libro, demandó, por un lado, un foliado en papel libre de ácidos y, por el otro, su preservación a través de imágenes. El meticuloso trabajo manual del equipo de expertos sobre perímetros delimitados, con un tratamiento casi quirúrgico, permitió identificar y erradicar dañinas especies invasoras y adaptar la temperatura ambiental y los sistemas de aireación de toda la biblioteca, con novedosos sistemas de control y seguridad.

Es un acto de justicia destacar el fervor de María Kodama por proteger este patrimonio común de los argentinos. Claramente consciente del valor de esa fuente de consulta para estudiantes y docentes, recibe a expertos internacionales interesados en acceder a un material único e invalorable. María Kodama fue, por treinta años, inseparable discípula y compañera de vida para Borges. Como su única heredera, con responsabilidad y compromiso ha defendido y defiende el legado del universo borgiano.

El transcurso del tiempo seguramente impondrá nuevas demandas tecnológicas y funcionales para el mantenimiento de esta biblioteca y la difusión de su contenido. Hasta aquí, el desafío asumido oportunamente por el Banco Ciudad, su Fundación y LA NACION se ve cumplido. Celebramos que así sea por el bien de las generaciones futuras y la comprensión de la cultura que nos une.

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