Lisandro López, la bandera de Racing: "La mentalidad se trabaja como un control en una práctica"

Licha López, un emblema de Racing Fuente: LA NACION Crédito: Fernando Massobrio
2 de septiembre de 2018  • 23:59

A los dos días de que el sueño de la Copa Libertadores se rompiera en el Monumental, Lisandro López, el capitán de Racing, se sentó en la sala de conferencias de prensa del Cilindro y dijo: "Es un momento durísimo. Pero el domingo tenemos la oportunidad de agarrar la punta y no soltarla más". A los 4 minutos del segundo tiempo, Licha puso la suela para marcar el 1 a 0 ante Rosario Central. Hasta dentro de dos fines de semana, ya que el domingo que viene no habrá fecha por los amistosos de la selección, la Academia será el líder de la Superliga. Parece un buen consuelo después de la frustración copera. Pero que la historia del domingo haya sido Licha López no es casualidad.

Eduardo Coudet decidió cambiar a la mitad del equipo que se fue goleado de Núñez: ayer no estuvieron Alexis Soto, Neri Cardozo, Nery Domínguez, Ricardo Centurión y Gustavo Bou. Sí: Centurión y Bou, dos apellidos de peso en la mitad celeste y blanca de Avellaneda. Cuando el reloj todavía no marcaba las 11 de la mañana se escucharon algunos silbidos cuando la pantalla del estadio anunció a Centu, en el primer encuentro entre los hinchas y el mediocampista luego de que saliera de la cancha de River haciéndose el gesto de la franja amarilla de Boca sobre la camiseta de Racing. En cambio, la ovación fue total para Lisandro López, antes de que comience el partido y después de cada buena intervención del capitán. Licha fue referente en la semana y también en la cancha: fue el abanderado de la Academia.

Además del gol, el tercero en tres partidos jugados en este campeonato, López aportó el abanico de cualidades que viene entregando en estos últimos tiempos: concentración, entrega y buena lectura del juego. Por eso los hinchas llegaron al mediodía del domingo con las manos rojas de aplaudir al ídolo, ya sea por recuperar una pelota en posición de lateral derecho, por un cambio de frente o por generar una falta en la mitad de cancha. "Licha es de Racing de Racing de verdad", cantaron, en lo que se podría entender como un tiro por elevación a Centurión. O simplemente como un acto de amor a Lisandro. "Es un jugador importantísimo que nos maneja los tiempos. Tiene un gran compromiso con esta institución y con este club. Estoy convencido de que en diciembre no se va a ir a ningún lado", aseguró Coudet, en respuesta al posible retiro del delantero, que en conferencia de prensa había asegurado que lo iba a pensar a fin de año.

Durante la charla de media hora que dio el último viernes, López definió así su juego desde que volvió al club en enero de 2016: "Lo físico juega un papel importante. Yo trato de ponerme lo mejor posible para cada partido pero no sé si puedo llegar a hacer la diferencia en un partido como lo hacía antes o como lo hacen ahora ciertos compañeros míos. No estoy siendo el mejor pero tampoco estoy desentonando". Ayer, ante el Central que llegó como líder con puntaje ideal, fue la figura de la cancha. Iluminó el atajo que encontró la Academia para poder llegar a la cima del torneo.

Pero hay una bronca interna en López porque, a lo largo de estas tres temporadas, él y Racing acumulan frustraciones. A esta altura, la vuelta olímpica con el club que lo vio nacer es una obsesión para el capitán. Sufrió dos eliminaciones de Libertadores en octavos de final (2016 ante Atlético Mineiro y 2018 ante River), una en cuartos de Sudamericana (ante Libertad, 2017), algunos campeonatos sin ser protagonista y una final perdida ante Lanús en la Copa del Bicentenario. "Genera un cansancio mental en lo personal el competir y no ganar nada. Pero no queda otra que salir adelante. Es hora de que deportivamente lleguen los títulos. Tenemos la obligación de ser campeones. No se nos dan los resultados porque no nos alcanza mentalmente. Hay que convencerse de que acá tenemos las mismas obligaciones que en River y en Boca: hay que ganar títulos", había dicho el viernes en los micrófonos. Ayer lo volvió a decir en la cancha.

Coudet se había puesto la misma mochila que López: la de la obligación de ser campeón. Ayer, como había ocurrido en Paraná la fecha pasada, su equipo jugó al ritmo de lo que propusieron los pies de Pol Fernández y Marcelo Díaz. Los cambios de nombres también cambiaron el juego. Y la mentalidad de Licha, que repite casi como evangelizando: "Ahora hay que convencerse de que no podemos largar más la punta. La mentalidad se trabaja como un control en un entrenamiento. Hay que repetirse que podemos ser campeones".

No es la primera vez que Lisandro da la cara para cambiar el curso deportivo de lo que pueda suceder el fin de semana. En la previa del triunfo por 3 a 0 ante Independiente en noviembre de 2016 no usó metáforas para definir el juego de Racing como de "malo a mediocre". Luego la Academia jugó un partidazo con él como bandera, al punto que marcó dos goles. Algo de eso se volvió a ver ayer. Con sus declaraciones, el capitán corrió el foco de la polémica con Centurión y de la bronca por el mal partido en el Monumental. Cambió la energía de los hinchas, que llegaron al estadio a tomar aquella promesa de "agarrar la punta y no soltarla más". Con la primera parte Licha cumplió. Habrá que esperar hasta abril para saber qué ocurre con la segunda.